Tal parece que esa teoría ¿o complejo? reaccionario, que justifica y practica la desigualdad socio-económica, la explotación y las guerras porque los hombres y mujeres pertenecen a distintas “razas” o etnias indígenas; racismo que brota nuevamente en esas mentes que reducen la esencia social del ser humano en sus rasgos biológicos y raciales, en dividir arbitrariamente las razas en “superiores” e “inferiores”.
Según se observa, algunos grupos “blancos” sobresalientemente de los EU, desean que como en la Alemania FASCISTA, el racismo pase a ser teoría oficial para legitimar las guerras de agresión y para “fundamentar” las pretensiones de las transnacionales, de los monopolios capitalista-imperialistas para el logro del dominio mundial.
Ahora bien. Eso se explica en torno a la geopolítica aplicada por el imperio capitalista y globalizador —hoy por hoy, bajo el liderazgo de Trump—, lo que jamás debe aceptarse y mucho menos justificarse.
Pero que una persona como la señora Mariana Lambrini Kuribreña (¿será, extranjera?) sobrina de quien fuera candidato del PRI a la presidencia de los EUM, José Antonio Meade Kuribreña, actual diputada local en Coahuila, que ante los acontecimientos recientes con los USA, comentara lo siguiente: “AMLO es un viejo pendejo, corrupto, no me representa a mí, ni a nadie del PRI, sólo representa a los pendejos Y A LOS INDIOS DEL SUR DEL PAÍS”; resulta un total insulto no nada más para los ‘indios del sur’, sino para todos los mexicanos bien nacidos.
Dislate de la citada diputada local del PRI en Coahuila, de varios igual o más de “humanos” y racistas, nos impulsa a invitar a Eduardo Galeano, para que nos comparta algo de su “curso básico de racismo y de machismo”.
“El racismo se justifica, como el machismo, por la herencia genética: los pobres no están jodidos por culpa de la historia, sino por obra de la biología. En la sangre llevan su destino y, para peor, los cromosomas de la inferioridad suelen mezclarse con las malas semillas del crimen. Cuando se acerca un pobre de piel oscura, el peligrosímetro enciende la luz roja; y suena la alarma.
En las Américas, y también en Europa, la policía caza estereotipos, culpables del delito de portación de cara. Cada sospechoso que no es blanco confirma la regla escrita, con tinta invisible, en las profundidades de la conciencia colectiva: el crimen es negro, o marrón, o por lo menos amarillo.
Esta demonización ignora la experiencia histórica del mundo. Por no hablar más que de estos últimos cinco siglos, habría que reconocer que no han sido para nada escasos los crímenes de color blanco. Los blancos sumaban no más que la quinta parte de la población mundial en tiempos del Renacimiento, pero ya se decían portadores de la voluntad divina. En nombre de Dios, exterminaron a qué se yo cuántos millones de indios en las Américas y arrancaron a quién sabe cuántos millones de negros del África. Blancos fueron los reyes, los vampiros de indios y los traficantes negreros que fundaron la esclavitud hereditaria en América y en África, para que los hijos de los esclavos nacieran esclavos en las minas y en las plantaciones.
Blancos fueron los autores de los incontables actos de barbarie que la ‘civilización’ cometió, en los siglos siguientes, para imponer, a sangre y fuego, su blanco poder imperial
sobre los cuatro puntos cardinales del Globo […]; y blancos fueron los que planificaron y realizaron el holocausto de los judíos [éstos, hoy genocidas en Gaza], que también incluyó a rojos, gitanos y homosexuales, en los campos nazis de exterminio.
La certeza de que unos pueblos nacen para ser libres y otros para ser esclavos ha guiado los pasos de todos los imperios que en el mundo han sido. Pero fue a partir del Renacimiento, y dominio de América, que el RACISMO se articuló como un sistema de absolución moral al servicio de la glotonería europea.
Desde entonces, el racismo impera en el mundo: en el mundo colonizado, descalifican a las mayorías; en el mundo colonizador, margina a las minorías. La era colonial necesitó del racismo tanto como necesitó de la pólvora, y desde Roma los papas calumniaban a Dios atribuyéndole la orden de arrasamiento. El derecho internacional nació para dar valor legal a la invasión y al despojo, mientras el racismo otorgaba salvoconductos a las atrocidades militares y daba coartadas a la despiadada explotación de las gentes y las tierras sometidas.
En la América Latina, un nuevo vocabulario ayudó a determinar la ubicación de cada persona en la escala social, según la degradación sufrida por la mescla de sangres. MULATO era, y es, el mestizo del blanco y negra, en obvia alusión a la mula, hija estéril del burro y de la yegua, mientras muchos otros términos fueron inventados para clasificar los mil colores generados por los sucesivos revoltijos de europeos, americanos y africanos en el Nuevo Mundo.
Nombres simples, como CASTIZO, CUARTERÓN, QUINTERÓN, MORISCO, CHOLO, ALBINO, LOBO, ZAMBAIGO, CAMBUJO, ALVARAZADO, BARCINO, COYOTE, CHAMISO, ZAMBO, JÍBARO, TRESALBO, JAROCHO, LUNAREJO y RAYADO; y también nombres compuestos como, TORNA ATRÁS, AHÍ TE ESTÁS, TENTE EN EL AIRE, y NO TE ENTIENDO.
De todos los nombres, NO TE ENTIENDO es el más revelador. Desde eso que llaman el descubrimiento de América, llevamos cinco siglos de no te entiendo. Cristóbal Colón creyó que los indios eran indios de la India, que los cubanos habitaban China y los haitianos Japón. Su hermano, Bartolomé, fundó la pena de muerte en las Américas quemando vivos a seis indígenas por delito de sacrilegio: los culpables habían enterrado estampitas católicas para que los nuevos dioses hicieran fecundas las siembras.
Y habían sido muchos los condenados al azote, a la hoguera o a la horca por pecado de idolatría: los INCAPACES DE CIVILIZACIÓN vivían en comunión con la naturaleza y creían, como muchos de sus nietos creen todavía, que sagrada es la MADRE TIERRA y sagrado es todo lo que en la tierra anda o de la tierra brota.
Hoy por hoy, se considera a los INDIOS un PESO MUERTO para la economía de los países que en gran medida viven de su fuerza de trabajo, y UN LASTRE para la cultura de plástico que esos países tienen por modelo.
Pareces indio, o hueles a negro, dicen algunas madres a los hijos que no quieren bañarse, en los países de más fuerte presencia indígena y/o negra. Pero los cronistas de Indias registraron el estupor de los invasores, ante la frecuencia conque los indios se bañaban”.
Empero, de unas décadas para acá, en países donde aún habitan millones de pobladores de las etnias indígenas y afroamericanos como: Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Guatemala, México… la lucha por tener gobernantes auténticamente democráticos, nacionalistas, patriotas, defensores de la SOBERANÍA: SIGUE SÓLIDA Y EN ASCENSO. (Eduardo Galeano, “PATAS ARRIBA La Escuela del Mundo al Revés”, Siglo XXI, México, 2012).