La noticia con respecto al aumento de precios en artículos de primera necesidad no es nueva. Desde el mes de diciembre del año pasado, las autoridades habían anticipado que esto representaría un problema social con evidente costo político. Hoy, los datos lo confirman.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor muestra que los productos que más subieron de costos durante estos primeros tres meses de 2026 son justamente los que más impactan en la vida diaria. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) corroboró que la inflación en México mantiene una tendencia al alza, situándose en 4.63% anual hasta la primera quincena de marzo.

El impacto no es menor. Combustibles, alimentos como frutas y verduras, transporte aéreo, refrescos, cigarros —que ya superan los 100 pesos por cajetilla— y hasta sueros orales han incrementado sus precios. En lo particular, el limón aumentó 25.97%; el jitomate 22.51%; la papa y otros tubérculos 20.86%; el tomate verde 18.89% y los plátanos 10.79%.

Para nadie es ajeno que, desde principios del presente año, se ha registrado un encarecimiento generalizado de productos y servicios. Esto se refleja todos los días en tiendas de abarrotes, supermercados y plataformas digitales.

De acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, estas modificaciones forman parte de la estrategia recaudatoria del Gobierno federal para 2026, con la cual se busca fortalecer los ingresos públicos sin incrementar las tasas del IVA ni del ISR. Sin embargo, el efecto es claro: el costo de vida sigue subiendo.

Se observa, por ejemplo, que la cuota del IEPS aplicada a bebidas con azúcares añadidos se elevó a 3.0818 pesos por litro, mientras que las bebidas con edulcorantes comenzaron a pagar 1.50 pesos por litro. En el caso del cigarro, la cuota se fijó en 0.8516 pesos por unidad, como parte de un esquema de incrementos graduales que se extenderá hasta 2030.

Asimismo, las ventas realizadas a través de plataformas digitales ahora están sujetas a una retención de 10.5%, lo que también ha impactado en el precio de productos importados, especialmente en ropa y calzado.

A esto se suman advertencias de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes sobre el aumento en los costos de producción y la falta de apoyos al campo. El problema comercial del maíz y la ausencia de precios de garantía ya se reflejan en el encarecimiento de la tortilla, mientras que productos como azúcar, café y cacao también registran incrementos.

En términos simples, la inflación implica que el dinero pierde valor. Es decir, cada vez se necesita más para adquirir los mismos bienes y servicios. Pero más allá de la definición técnica, el efecto es evidente: se reduce el poder adquisitivo de las familias, se limitan las posibilidades de ahorro y se dificulta la planeación económica.

Hoy, muchas familias mexicanas ya no eligen por preferencia, sino por necesidad. Las marcas pasan a segundo plano y las decisiones de compra se ajustan a lo que alcanza.

En Chihuahua, por ejemplo, el impacto inflacionario ha sido más severo. De acuerdo con datos del INEGI, la entidad se ubica como el sexto estado con mayor encarecimiento, superando la tasa nacional y rebasando el objetivo del Banco de México.

Información publicada en El Diario de Juárez señala que los chihuahuenses requieren un ingreso promedio mensual de 18 mil 300 pesos para poder enfrentar la situación económica actual. La Ciudad de México encabeza la lista con el costo de vida más elevado, seguida de entidades como Nuevo León, Coahuila, Colima y Aguascalientes.

A nivel nacional, el panorama tampoco es alentador. La Secretaría de Hacienda entregó los precriterios de política económica para 2027, donde se estima un crecimiento del Producto Interno Bruto de 2.4%. Sin embargo, durante los primeros años del actual gobierno, el crecimiento promedio ha sido de apenas 1.8%.

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado advirtió que México inició 2026 con bajo crecimiento económico y alta inflación, lo cual deteriora el bienestar de los hogares y pone en riesgo la recuperación del país. Incluso, la actividad económica registró una caída de 0.9% en enero, superando estimaciones previas.

Las expectativas no son favorables. La inversión muestra signos de debilitamiento, el mercado laboral enfrenta precarización y el consumo no logra consolidar su recuperación.

El hecho es claro: la inflación anual de la primera quincena de marzo, con 4.63%, es la más alta desde octubre de 2024.

Pero más allá de los indicadores, hay algo que no aparece en las estadísticas: la percepción cotidiana de que todo cuesta más y alcanza menos.

Ese es el verdadero problema.

Hoy el costo de vida sube de forma constante y los ingresos se quedan atrás, el problema deja de ser económico y se convierte en una presión social que ya no se puede ignorar.

Y esa es una realidad que millones de mexicanos ya están viviendo.