-El mensaje Villalobos-Jáuregui-Valenciano
-Resetean con sangre joven a Relaciones Exteriores
-Va Bonilla por saldo blanco vacacional
“No quieren a nadie después de las ocho (...) nomás se mete el sol y los drones bajan a vigilar a los pueblos”, así lo establece uno de varios reportes que siguen manejándose como confidenciales entre las áreas de seguridad estatales y federales, sobre la situación de inseguridad y violencia que priva en una afectada región del estado.
En estos días de la Semana Santa, hasta los festejos religiosos se suspendieron. Las ceremonias nocturnas del Pésame a la Virgen (Viernes Santo), del Fuego Nuevo (Sábado de Gloria) y hasta la misa de Domingo de Resurrección en algunos de los poblados, simplemente mejor se dejaron de lado.
Igual pasó con celebraciones comunitarias o de atractivo turístico, de las que se redujeron los horarios de festejos o de plano se cancelaron.
Es la situación casi generalizada en las localidades ubicadas entre los municipios de Gran Morelos (San Nicolás de Carretas) hasta Nonoava, a la entrada de Guachochi, donde la Semana Mayor se vive con esa mezcla de religiosidad jesuita y rarámuri
Están en el trayecto Belisario Domínguez (San Lorenzo) y San Francisco de Borja, con sus cabeceras municipales, secciones, poblaciones y rancherías en calidad de pequeñas plazas dominadas por el crimen o atrapadas entre pugnas internas de “Gente Nueva” y la incursión de otros grupos delincuenciales.
La pelea se reduce al intento de tener el mayor control posible de esa ruta hasta la capital turística de la Sierra Tarahumara, donde los negocios ilegales son, aparte de las drogas, las extorsiones abiertas al sector privado, la tala ilegal del bosque y hasta el comercio abierto o clandestino de cerveza.
Bajo esa sombra del crimen ha permanecido esa región del estado durante el último medio año -días más, días menos- pero no hay rastro de autoridad salvo cuando aparecen uno, dos, tres ejecutados, topones, casas y vehículos quemados. Unos días de patrullaje y luego todo vuelve a la normalidad, esa normalidad controlada por la delincuencia.
Por increíble que parezca, hay una base de la Guardia Nacional a la entrada de Carretas, a un costado de la sucursal del Banco del Bienestar, pero nadie sabe para qué sirve el supuesto despliegue permanente que mantiene en la región.
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Muy merecido el homenaje del que fue objeto el exalcalde, exdiputado y exsecretario priista deliciense, Óscar Villalobos Chávez, distinguido el miércoles con la medalla al mérito ciudadano Fundadores de Delicias, al arrancar los festejos de la fundación de una de las ciudades más jóvenes del estado.
Como habíamos anticipado cuando se dio a conocer el nombre del ganador de la codiciada presea, Villalobos es algo más que un político nativo de Delicias. Es ciudadano con importante actividad pública social y altruista, a favor de las mejores causas.
Sin embargo, más allá del mérito del homenajeado, hubo también un mensaje político relevante que se dijo sin decirse, en la ceremonia encabezada por el alcalde deliciense y el fiscal general del Estado, Jesús Valenciano y César Jáuregui, quien acudió con la representación de la gobernadora, Maru Campos.
Entre asistentes, discursos y presencias cuidadosamente medidas, más de uno coincidió en una lectura que comienza a tomar forma en el estado: una alianza de facto entre liderazgos del PAN y del PRI rumbo al 2027. No escrita, no reconocida, no oficial, pero sí operativa, vigente y constante.
Así la definen los grillos delicienses, porque existe en la práctica, funciona en lo político, pero nadie se atrevería a ponerle nombre, menos el peyorativo PRIAN con la que los morenistas bautizan el conveniente matrimonio de los opositores.
Apenas hace semanas, desde Coyoacán, el dirigente nacional panista Jorge Romero marcaba distancia pública con el priismo, apostando por abrirse a la ciudadanía. En la misma lógica, Alejandro Moreno “Alito” hacía lo propio al descartar alianzas formales, mientras promovía su esquema de “Defensores de México”.
En el discurso, cada quien por su lado, pero en los hechos la historia parece distinta, al menos en esta región centro-sur del estado, que ha sido motor de varios cambios políticos y se mantiene, hasta la fecha, como bastión azul, aunque sea sostenido con algunos pilotes tricolores.
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Con el arribo de Roberto Velasco Álvarez a la Secretaría de Relaciones Exteriores hay una especie de “refresh” y sangre nueva en el gabinete de Claudia Sheinbaum, con varios retos cruciales encima: migración, mundial de futbol, la relación con Cuba, los desplantes de Trump, los aranceles en la frontera norte, el T-MEC, entre otros.
Juan Ramón de la Fuente prefirió tirar la toalla, no por presiones internas o incapacidad, todo lo contrario, sino por problemas de salud, con una próxima cirugía delicada en la espalda.
Como se recordará, De la Fuente fue secretario de Salud con Ernesto Zedillo, y desde 1997 hasta 2007 fue un exitoso rector de la UNAM, tanto así que en 2006 y 2012 lo mencionaban como un posible candidato presidencial independiente.
En su currículum académico como médico cirujano destaca haber obtenido el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2006.
Po su parte, Roberto Velasco Álvarez, se curtió como el brazo derecho de Marcelo Ebrard en el gobierno de López Obrador, pero su perfil es mucho más técnico que político, licenciado en Derecho y con una Maestría en Políticas Publicas por la Universidad de Chicago.
A sus 39 años de edad ha sido director de Comunicación Social de la SRE y director general para América del Norte. Recientemente le tocó lidiar con la salida de varios mexicanos atrapados en el oriente medio, tras la guerra con Irán.
No la tiene nada fácil pero con la ventaja de ser un profesional de carrera en el servicio diplomático, además de lo que seguramente aprendió de la experiencia de un par de coyotes muy baleados en la política mexicana como lo son Marcelo y Juan Ramón.
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Para garantizar una Semana Santa en paz, la administración de Marco Bonilla sacó toda la caballería para vigilar los balnearios, presas y ríos del municipio con el Operativo Metropolitano, que desde ayer pudo observarse con mayor presencia en estos lugares donde tradicionalmente las familias pasan estos días de asueto.
No sólo participa la Policía Municipal, también está la Coordinación Municipal de Protección Civil, los Bomberos y claro Gobernación Municipal, para vigilar que en las albercas públicas cuenten con todas las medidas de primeros auxilios necesarias, salvavidas y rutas de evacuación, y verificar conexiones de gas, todo para prevenir personas lesionadas o en riesgo de perder la vida.
Desde que el alcalde Marco Bonilla arrancó este operativo conjunto con los municipios de Aldama y Aquiles Serdán hace dos semanas se ha reportado saldo blanco y justo la autoridad espera mantenerse así, por eso el reforzamiento de la vigilancia, todo para que tanto familias locales como visitantes puedan disfrutar sin riesgos.