Bruselas.- La Unión Europea, con sus 27 países y dos decenas de idiomas oficiales, es un centro de la industria de la traducción y la interpretación. Por eso, en Bruselas, La Haya y París, una reciente noticia literaria ha generado mucha discusión.

Harlequin France —proveedor de títulos como Médecins et Célibataires y Passion Pour un Inconnu— confirmó hace poco que iba a realizar pruebas con Fluent Planet, una empresa que utiliza la IA para abaratar y agilizar traducciones. La medida fue recibida con indignación y resignación en el sector. Grupos de traductores calificaron de “inaceptable” la decisión de Harlequin de cortar lazos con algunos traductores humanos. Y los propios traductores escribieron sobre la “triste noticia”.

Otras editoriales hicieron algo más. Varias se pusieron en contacto con Fluent Planet para preguntar si ellas también podían obtener un presupuesto de traducción asistida por IA.

“La demanda está aumentando con mucha rapidez”, dijo Thierry Tavakelian, fundador de Fluent Planet, que utiliza la traducción automática bajo supervisión humana.

La historia de Harlequin France es un ejemplo de cómo la inteligencia artificial está arrasando en el campo de la traducción, mejorando con velocidad la traducción automática, sobre todo en casos en los que se empareja la traducción de idiomas populares, como el inglés y el francés.

El progreso de la tecnología ha suscitado advertencias de que los trabajos de traducción podrían seguir el camino de los conductores de carruajes y los mecanógrafos. Una investigación reciente sobre qué sectores tienen más probabilidades de resultar afectados por la IA generativa identificó la traducción y la interpretación como los más afectados.

“Un día, gracias a la inteligencia artificial, ya no necesitaremos intérpretes”, predijo en septiembre Friedrich Merz, canciller alemán.

Pero muchos expertos sugieren que tales predicciones son excesivamente simplistas, argumentando que la IA probablemente cambiará el trabajo lingüístico en lugar de hacerlo obsoleto. Organizaciones multinacionales como la Unión Europea y la OTAN ofrecen una ilustración del cambio.

“La presión es bastante clara”, dijo Anna Wyndham, jefa de investigación de Slator, analista del sector lingüístico. “Pero eso no significa que la profesión se esté hundiendo”.

Muchos traductores y expertos del sector afirman que la destreza humana seguirá siendo necesaria. Hasta ahora, los datos concretos lo respaldan. El empleo en traducción e interpretación ha seguido aumentando en la Unión Europea en los últimos 10 años, según las cifras oficiales.

Traductores y lingüistas en la Unión Europea

El número de traductores, intérpretes y otros lingüistas en la Unión Europea aumentó ligeramente según los últimos datos disponibles.

Pero ya se pueden ver focos de cambio, y la inteligencia artificial parece estar afectando a la calidad del empleo.

Una encuesta del sector de la traducción en el Reino Unido sugería que más de un tercio de los traductores habían perdido trabajo a causa de la IA. Una encuesta más amplia, realizada por un consorcio de grupos del sector en la Unión Europea y fuera de ella, reveló que las empresas de traducción, los intérpretes independientes y los departamentos universitarios estaban preocupados por este campo.

Según ese informe, “todos señalan a un uso indiscriminado de la tecnología lingüística, en particular la inteligencia artificial y la traducción automática especializada, para reducir costos y sustituir o minimizar el trabajo de traducción humano”.

Al igual que en otros campos, a los traductores les preocupa que la competencia de la tecnología pueda dificultar la búsqueda de trabajos para principiantes.

“Es un poco deprimente”, dijo Apolline Descy, de 26 años, traductora que tiene un máster, pero que ha tenido dificultades para encontrar trabajo en Bruselas.

Muchos amigos traductores de Descy trabajan como profesores de idiomas o han regresado a los estudios, dijo, a pesar de que sus profesores les habían dicho que siempre habría trabajo en la traducción.

“Quizá mis profesores eran demasiado optimistas”, dijo.

A diferencia de otros sectores, que apenas están empezando a lidiar con las implicaciones de la IA, la disrupción en la traducción ya está en marcha. Google Translate apareció en 2006 y mejoró rápidamente tras la introducción en 2016 de un modelo de aprendizaje automático más sofisticado. La reducción de costos derivada de la pandemia también hizo que se adoptaran más estas tecnologías.

En los últimos años, las herramientas basadas en IA han mejorado las traducciones digitales y han hecho que los subtítulos en tiempo real sean más precisos.

Apolline Descy, traductora autónoma, la semana pasada en Bruselas. Se ha dado cuenta de que muchos de sus amigos que también trabajan en traducción están buscando trayectorias profesionales alternativas.Credit...Ksenia Kuleshova para The New York Times
Apolline Descy, traductora autónoma, la semana pasada en Bruselas. Se ha dado cuenta de que muchos de sus amigos que también trabajan en traducción están buscando trayectorias profesionales alternativas.Credit...Ksenia Kuleshova para The New York Times

En algunos pares de lenguas comunes, la calidad de la traducción rivaliza con la humana o es incluso más precisa que esta en algunas pruebas de tareas sencillas, dijo Jarek Kutylowski, fundador de DeepL, una empresa alemana de traducción con IA.

“El cambio va a ser profundo”, dijo Kutylowski.

Las computadoras no asumirán automáticamente el trabajo que antes hacían humanos, señaló, y añadió que, como ocurre con los coches autoconducidos, es probable que haya poca tolerancia a los errores cometidos por las máquinas.

Y los expertos predicen ampliamente que los traductores humanos seguirán siendo necesarios para proyectos especializados de alto riesgo, como la traducción gubernamental, lo que convierte a la Unión Europea en un ejemplo de cómo puede evolucionar el sector.

La Unión Europea fue una de las primeras en adoptar la IA. El brazo ejecutivo del bloque, la Comisión Europea, ha estado trabajando en herramientas lingüísticas de inteligencia artificial y lleva años aprendiendo a aplicar las nuevas tecnologías para que la traducción sea más eficaz.

Pero aunque el personal lingüístico de la comisión se ha reducido en los últimos 10 años, no ha desaparecido. Gran parte del trabajo es tan detallado y especializado que, aunque la traducción automática mejore, los humanos deben seguir participando.

“Hay mucha ansiedad”, dijo Guillaume Deneufbourg, traductor autónomo belga que ha trabajado con la comisión, las Naciones Unidas y en muchos proyectos literarios.

Pero, dijo Deneufbourg, por ahora la situación “no es catastrófica”.