Los estadounidenses viven más años y a menudo lidian con múltiples enfermedades crónicas. Pero muchos hijos adultos no saben realmente qué pasa con la salud de sus padres, hasta que sucede una caída, un viaje en ambulancia o una estancia en el hospital.
Esta falta de comunicación perjudica a todos, dijo Louise Aronson, geriatra de la Universidad de California en San Francisco y autora de Elderhood. En una emergencia, los hijos adultos pueden no saber qué hacer, tener un conflicto con sus hermanos y sentirse culpables durante mucho tiempo por la posibilidad de no haber tomado la decisión correcta. Para los padres, el silencio puede significar que no se entienden sus deseos y que sus hijos sufren innecesariamente el estrés de tener que adivinar.
Para evitar estas situaciones, hemos preguntado a los expertos qué necesitas saber sobre tus padres de edad avanzada antes de una crisis, y cómo abordar estas difíciles conversaciones.
“Da la sensación de que los estás haciendo pasar por algo difícil, pero estás evitando algo que es mucho, mucho peor”, dijo Aronson.
Conoce su punto de referencia
En caso de urgencia, los médicos solo tienen una instantánea del estado de salud de tus padres, por lo que hacerse una idea de su funcionamiento diario puede ayudarlos a diagnosticar y tratar a tus padres con eficacia.
Primero, pregúntales por sus rutinas. A continuación, hazles preguntas más concretas sobre su movilidad y cognición, dijo Sabrina Taldone, jefa de medicina interna general de University of Miami Health.
Pueden ser temas delicados, así que pide permiso para hablar de ellos y explica por qué lo preguntas: “Porque me preocupo por ti y quiero asegurarme de que puedo apoyarte en caso de emergencia”, dijo Taldone.
A veces lo mejor es hablar del tema indirectamente. En lugar de preguntar si se ha caído o tiene problemas de memoria, intenta preguntar si hay situaciones que evita (como las escaleras, los paseos largos o conducir de noche) o si hay algo que antes le resultaba fácil y ahora le cuesta más esfuerzo (como gestionar las facturas o llevar un registro de las citas).
Taldone dijo que es útil volver a plantear estas preguntas al menos una vez al año, o después de cualquier acontecimiento trascendental relacionado con la salud, como una hospitalización o una intervención quirúrgica. Esto es especialmente importante si no vives cerca y no ves los cambios graduales de primera mano.
Pregunta por su historial médico
Empieza por recopilar una lista de los medicamentos que toman tus padres, junto con los nombres y números de teléfono de sus médicos, alergias y operaciones anteriores, dijo Namita Seth Mohta, profesora adjunta de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard y antigua directora de Ariadne Labs.
Esta lista es especialmente útil en caso de urgencia, porque indica al médico qué enfermedades subyacentes padece el paciente, si un fármaco puede estar contribuyendo a la situación y qué medicamentos deben continuarse o evitarse en el hospital, dijo Mohta.
Si es posible, anota los suplementos que toman tus padres o los medicamentos que no toman con regularidad, ya sea por su costo, por sus efectos secundarios o por olvido.
Apunta también el nombre y el número de su farmacia para que, en caso de urgencia, el médico pueda llamar para verificar qué medicamentos han recogido, dijo Mohta. Esto es especialmente importante si tus padres prefieren no compartir contigo su lista de medicamentos.
Puedes guardar toda esta información en forma de archivo o foto en tu teléfono, pero también vale la pena que guardes una copia en la cartera por si te quedas sin batería.
Aclara qué es lo más importante
Durante una crisis de salud, hay innumerables decisiones que los padres o hijos adultos pueden tener que tomar. Aunque no es posible anticipar todas, hablar de objetivos y valores por adelantado puede ayudar a los padres a sentirse más preparados para una emergencia y a mantener a los hijos adultos en la misma línea.
“No se trata solo de lo que quieres al final de tu vida”, dijo Mohta, “se trata de cómo quieres que sea tu vida” a medida que envejeces.
Explora qué aporta alegría y significado a tus padres, sus mayores preocupaciones, sus prioridades en cuanto a tratamiento médico y lo que quieren evitar. Por ejemplo, un padre o madre puede decir que quiere pasar el mayor tiempo posible en casa, que quiere hacer todo lo posible por sobrevivir o que no quiere que le mantengan con vida las máquinas de la unidad de cuidados intensivos.
“En una urgencia, tomas decisiones de forma apresurada; es algo emocional”, dijo Mohta. “Se trata de una oportunidad para reflexionar con antelación”.
También puedes intentar tratarlo como una actividad de grupo: dedicar tiempo a esto durante una reunión familiar y pedir a todos que compartan lo que les importa, dijo Mohta. Esto puede evitar que tus padres se sientan señalados y, al avisar con antelación, da tiempo a todos para que se preparen, en lugar de sentirse emboscados.
Hablen del entorno en el que viven
Uno de los principales motivos por los que la gente acaba en hospitales o centros de cuidados es la falta de adecuación entre sus capacidades cotidianas y el entorno doméstico, dijo Aronson.
Por lo tanto, habla con tus padres sobre la posibilidad de hacer cambios en casa para ampliar su independencia. Por ejemplo, a medida que empeoran su visión y equilibrio, puede ser útil retirar las alfombras sueltas y el desorden, e instalar mejor iluminación, una silla de ducha y pasamanos. Una caída puede llevar a una hospitalización, una temporada en rehabilitación e incluso el traslado a una residencia de ancianos, así que enmarca estos ajustes como una forma de ayudar a tus padres a mantener el control de su vida cotidiana.
También vale la pena hablar de dónde vivirán tus padres a largo plazo, dijo Aronson, no para animarlos a mudarse, sino para conocer sus preferencias. ¿Querrían tus padres quedarse en casa a cualquier costo? ¿Estarían dispuestos a mudarse a un lugar más pequeño? ¿Considerarían la posibilidad de contratar ayuda, mudarse con la familia o probar la vida asistida?
Tener estas conversaciones de manera previa puede ayudar a maximizar las opciones de tus padres, ya que las listas de espera de los centros pueden ser largas y algunos lugares no pueden atender enfermedades más graves.
A veces es una negociación, dijo Aronson: los hijos adultos pueden dar prioridad a la seguridad, y los padres a su independencia. “La idea es encontrar algo que ofrezca un poco de cada cosa”, dijo.
Nombra a una persona encargada
Cuando un padre o madre está demasiado enfermo para hablar por sí mismo, sus seres queridos pueden tener que intervenir. Pero si el grupo no está alineado o no sabe quién está al mando, los cuidados pueden retrasarse, los mensajes pueden confundirse y los deseos del padre o madre pueden perderse, dijo Aronson.
Por eso los hijos adultos deben preguntar explícitamente a sus padres quién será responsable de la toma de decisiones médicas, y asegurarse de que todo el mundo lo tiene claro. Tener esta conversación es lo mínimo, dijo Taldone, pero también puede ayudar rellenar un documento de voluntad anticipada y un poder notarial para la atención médica, que explicite los deseos de asistencia médica y designe formalmente a una persona para que tome decisiones en caso de urgencia.
Recuerda que no se trata de elegir a un favorito, dijo Taldone, sino de elegir a la persona que tiene las mejores condiciones para hacerlo. Considera a alguien que esté cerca o estrechamente implicado, que entienda lo que quiere el padre o madre y que pueda seguir esos deseos aunque otros no estén de acuerdo, explicó. En otras palabras, podrías ser tú o uno de tus hermanos, pero también la pareja, un amigo cercano o un hermano o hermana de tu padre o madre.
“A menudo, la familia toma las decisiones conjuntamente, pero al final hay una persona que es la responsable”, dijo Taldone.