Ciudad de México –El hombre que me pidió fuera a hablar con él en la Ciudad de México envió por mí al aeropuerto un cochecillo viejo y derrengado, apestoso a humor humano y a humo rancio de cigarro; el asiento casi sin asiento y con resortes que se clavaban inmisericordemente en el del pasajero. Guiaba el fementido carricoche un individuo descuidado en su persona, mal encarado y hosco. ¿Quién era el hombre que me pidió ir a verlo, y que envió por mí -o alguien lo hizo en su lugar- aquel vehículo de tercera y aquel conductor de cuarta? Era el Presidente de la República. ¿Y quién era en ese tiempo el Presidente de la República? Era, por mitad, Vicente Fox Quezada. El chofer me dejó en la puerta de Los Pinos, y un mílite me condujo a un vasto salón opaco y penumbroso en el que no había nadie y casi nada. La cita era a las 11 de la mañana, pero a la hora indicada no apareció persona alguna. El tiempo siguió avanzando -nunca se detiene, para bien y para mal- y ahí estaba yo, solo y mi encabronada alma, sin recibir atención de ninguna clase. Me dije: "Si al cuarto para las 12 no viene nadie me largo de aquí, Presidente o no Presidente". Miraba en el reloj el minutero. Llegó la hora señalada -nombre de película- y me puse en pie para marcharme. En eso vino un funcionario que me llevó al despacho de Fox. No le di a conocer mi molestia, ni él se disculpó por la tardanza. No me ofreció ni un vaso de agua. Conversamos. El tema principal fue López Obrador, con quien el guanajuatense estaba enfrentado en esos días por la cuestión del desafuero. Terminada la breve plática nos despedimos, y salí sin acompañamiento de Los Pinos. Busqué un taxi que me llevara al centro a visitar -ahora sí - mis lugares predilectos: la churrería "El Moro", las librerías de viejo en la calle de Donceles; el restaurante "El Hórreo", en el costado oeste de la Alameda de la capital. Diré ahora que Vicente Fox fue un extraordinario candidato, carismático y echao pa'lante, como se dice en el argot taurino. Pero la pareja presidencial hizo un gobierno menos que mediano. De seguro nos habría ido mejor con Labastida. La figura de Fox se me aparece ahora como una especie de símbolo o representación de la esperanza. Si él venció al PRI después de 70 años de dominación, también, tarde o temprano, alguien vendrá a sacar del poder a esta nueva mafia del poder que se apoderó del país y lo lleva por el camino que conduce al totalitarismo. La gente acabará por cansarse de ese engendro llamado torpemente 4T, y el péndulo político se moverá en dirección contraria a la que llevó el régimen lópezobradorista. Eso tardará menos de 70 años. No desesperemos, pues. Esperemos. Y no nos preocupemos. Ocupémonos. Don Moneto, director de empresa, dio en desconfiar de su cajero, y contrató a un detective para que le siguiera los pasos. Días después el investigador se presentó en la oficina del ejecutivo y le dijo que le tenía malas noticias. "¿Qué sucede?" -empalideció Moneto. Le informó, apenado, el detective: "Vi a su esposa entrar con el cajero en el Motel Kamawa". "¡Qué susto me dio usted! -exclamó el magnate-. ¡Pensé que me iba a decir que se había ido con el dinero!". El señor de la casa le ofreció a su invitado, un antiguo compañero del colegio: "Estas aceitunas son sabrosas". Respondió el tipo: "Picaré un poco". Luego le dijo: "Este queso manchego es excelente": Y otra vez: "Picaré un poco". Seguidamente: "Estas cebollitas de Cambray tienen sabor exquisito". Nuevamente: "Picaré un poco". En eso entró la esposa del anfitrión. "Te presento a mi señora -le dijo éste al individuo-. Pero en este caso nada de eso de picar un poco". FIN.
MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Tengo en mi biblioteca dos letreros.
Dice el primero: "No presto libros. Esta biblioteca está hecha con libros que me han prestado a mí".
El segundo contiene una frase de Vicente Espinel, escritor del siglo de oro de España. Dice esa frase: "Los libros hacen libre a quien los quiere bien".
Muy bien los quise yo, y a ello, a más de a mis padres y maestros, debo lo que soy, si es que algo soy. Por eso no me canso de pedir a los jóvenes que oyen mis conferencias que lean. Quien adquiere el hermoso vicio de leer, el único vicio impune, jamás habrá de sentirse solo, pues en los libros tendrá su compañía mejor.
Por estos días leo el Quijote una vez más, y me sucede lo que a muchos les ha sucedido: la primera vez que lo leí me hizo reír, y ahora algunos de sus pasajes casi me hacen llorar.
El Quijote no ha cambiado, claro. He cambiado yo. Pero el hidalgo de la Mancha sigue conmigo, y me enseña que dejar de soñar es morir.
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS
Por AFA.
". Muy mala una película de terror de un director de culto.".
Sobre la nota que citas,
de ese film extraordinario,
sólo tengo un comentario:
qué buenas las palomitas.