Con mi eterno agradecimiento, por la atención en los primeros momentos de la urgencia, al Dr. Héctor Javier Palacios y, luego, por el tratamiento instaurado, cuidado con esmero, por el Dr. José Francisco Alba Estrada en el Hospital General Salvador Zubirán, de MediChihuahua. No es una frase, gracias a ello está usted leyendo estas líneas.
Nada de lo anterior hubiese sido posible sin el trabajo, el empeño, la calidez y la profesionalidad de todo el personal -médico y paramédico- del hospital, incluido, por supuesto, el personal de limpieza, de cocina y a la legión (que eso es) del personal de laboratorio.
Les agradezco, también, a todos los amigos, conocidos y parientes que, sabiendo de mi condición médica, se interesaron y enviaron inolvidables mensajes de apoyo.
-Encargado de despacho en la Fiscalía, inelegible
El país ha presenciado, a lo largo de las últimas semanas, uno de los peores espectáculos en materia democrática, protagonizado por el partido hegemónico.
Casi igualan (aunque habrá quienes aseguren que los superaron) a los escenificados en el siglo XX por el PRI, el otro partido hegemónico que hayamos padecido a lo largo de los últimos 70 años.
La designación de los 17 precandidatos de Morena a las gubernaturas, que eso son, olvidémonos que coordinarán la defensa de la 4T y la soberanía, esas son mentiras, se dedicarán a organizar sus respectivas campañas electorales a fin de garantizar el triunfo en las casillas en junio próximo.
Y su nombramiento —que eso fue, más allá de la parafernalia verbal de su dirigencia—, ha sido todo, menos un ejercicio democrático.
El colmo han sido las expresiones de Ariadna Montiel, la dirigenta, y de Citlali Hernandez, la presidenta de elecciones, en las que sostienen que las encuestas han sido el mecanismo mediante el cual «el pueblo de México ha decidido elegir» a quienes deban representar a Morena en la contienda electoral del próximo año.
Contra la parafernalia verbalista de sus dirigentes y de la presidenta de México, que fue un ejercicio democrático, se alza imperturbable un hecho: Se inscribieron 277 aspirantes a las 17 gubernaturas y hasta el momento ninguno de los perdedores felicitó a los ganadores.
¿Contienda democrática?
Este hecho se alza en todo lo alto frente a lo que sucede en lo que los de la 4T llaman las democracias neoliberales, en las que, con mucha frecuencia, los candidatos perdedores, cuando ya hay un buen porcentaje de resultados computados, incluso que no se llega ni siquiera la mitad de las casillas instaladas, toman los teléfonos y felicitan a su adversario a quien reconocen como triunfador de la contienda.
¡Ah, pero eso sucede en los países del ‘neoliberalismo’!
Ese espíritu democrático ha desaparecido por completo al interior de Morena —¿O nunca existió?—, pero es congruente con su discurso, cuya principal característica es la descalificación de sus adversarios y en el que ahora han llegado al extremo, sin ambages, sin vergüenza alguna; sin ningún rigor, ni lingüístico, ni sociológico, ni de ninguna clase, de calificar a sus adversarios y a sus críticos, como neofascistas.
¿Sabrán qué significa?
Ese discurso, que destila odio hacia sus adversarios, opositores y críticos (que aunque no lo crean, son distintos), a los que genéricamente denominan como pianistas y neofascistas, choca con la realidad de sus 17 precandidatos recientemente designados: Dos terceras partes (58%) de ellos fueron militantes del PAN o del PRI.
Muy difícilmente se podría encuadrar a alguno de ellos, ni política, ni ideológicamente como parte de la izquierda.
Peor, muchos de los 17, al igual que una gran mayoría de los aspirantes del PAN y de los del PRI, terminan sus alocuciones o mensajes escritos encomendándose o encomendando a sus seguidores a dios.
Tienen, tenemos, el derecho a profesar la religión que queramos pero los funcionarios públicos y, por extensión, los aspirantes a un cargo público, están obligados a guardar, en lo público, una postura laica.
Y eso es lo más liberal que existe, ¡Viene desde la época de Benito Juárez!
Entre otros aspectos, el del fortalecimiento de la cultura democrática será uno de los más importantes en los que la 4T habrá fallado terriblemente, de ahí la reflexión acerca de lo democrático o no de la designación de sus precandidatos.
En eso sí que destilan congruencia.
Por lo menos públicamente todos concuerdan en contribuir al desmantelamiento del andamiaje democrático construido con muchas dificultades por los sectores democráticos del país a lo largo de varias décadas —tanto en los sexenios previos a los neoliberales, como en estos— en tiempos en los que el presidencialismo ahogaba cualquier asomo de exigencia democrática, empeñada en lograr la construcción de contrapesos al presidencialismo.
Ese andamiaje se fue construyendo en prácticamente todos los ámbitos de la vida, política, social y económica del país.
La 4T llegó y lo destruyó. Lo que hoy tenemos es una aguda concentración del poder presidencial, que con dificultades se escondió en la designación de las candidaturas y que de peor manera se manifestó en la designación de la senadora Andrea Chávez, como precandidata a la alcaldía de Juárez, o en el nombramiento de Célida López Cárdenas, como precandidata para la alcaldía de Hermosillo, ambas designadas del mismo modo, violentando lo contenido en sus estatutos.
O la opereta efectuada en San Luis Potosí, en la que designaron precandidato a un funcionario de la Secretaría de Comunicaciones, que ni siquiera se había inscrito como aspirante y cuyo perfil no le haría ‘sombra’ a la candidata del PVEM, la esposa del gobernador, con el cual la presidenta decidió no enfrentarse y entregarle al partido Verde una de las cuatro gubernaturas que se supone podría obtener.
Al hacerlo de ese modo, igual que la de Rubén Rocha Moya seis años atrás al Gobierno de Sinaloa, evidenciaron la falsedad de los mecanismos que Morena usaría para designar a sus candidatos.
Es muy probable que si hubiesen seguido el procedimiento estatutario, mediante la emisión de una convocatoria y la realización de encuestas, Andrea hubiese emergido como triunfadora.
Muy pocos, adentro y afuera de Morena, podrían dudarlo, pero al acelerar el proceso, en un verdadero madruguete, evidenciaron que al interior de ese partido, las disputas, las amenazas y los chantajes están a la orden del día.
Y muy probablemente ni siquiera en el ámbito estatal, sino en el nacional, en el que las diversas fuerzas existentes presionaron seriamente para que se diera esa designación.
¿O creemos la otra versión, que Andrea aceptaría la candidatura del PT, como en el caso de Raúl Morón, en Michoacán?
¿De veras? ¿O mejor especulamos con el hecho de que Adán Augusto López Hernández ha presionado seriamente a fin de que varios de sus impulsados alcancen posiciones que le permitan a éste aspirar a la presidencia en 2030?
—o—
ENCARGADO DE DESPACHO.- A quienes se nombra como funcionarios, en cualquier oficina pública, deberán cumplir dos requisitos, capacidad y elegibilidad, en el último caso, que cumplan con lo señalado en la norma vigente. El primer requisito está sujeto a su desempeño en el nuevo cargo y en sus antecedentes, pero el segundo no admite interpretaciones.
Si no se cumplen los requisitos legales para el cargo, no debería recibir la designación.
Eso ocurre con Gilberto Loya, nombrado por Maru Campos como «encargado de despacho» de la Fiscalía General del Estado, es decir, es el Fiscal General del Estado.
Loya recibió su título de Licenciado en Derecho el 3 de julio de este año. Ese mismo día le entregaron el título de Maestría en Derecho Penal y de Amparo.
Pero hay un problema, la Constitución de Chihuahua establece (Art. 121) que para ser Fiscal General se requiere:
«…
III. Tener título de Licenciado en Derecho debidamente registrado y cinco años cuando menos de ejercicio profesional; y…».
Menudo problema tienen.
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2008, 2015, 2017, 2022 y 2023