Carvel-Jáuregui, las extrañas diferencias
De triste memoria, Aparicio ahora con israelíes
Ministeriales sin compensación y viáticos
Para unos es un asunto banal, para otros es algo que genera profunda indignación, pero el caso es que un desfile de la Santa Muerte por las calles de Chihuahua, convocado para el próximo sábado siete de noviembre, es tema de debate, especialmente en redes, aunque también ya brinca a las calles y a las mesas de las familias.
El tema cruza tres asuntos muy sensibles en la capital: el conservadurismo social, la libertad de culto y la expansión de una devoción popular que, aunque no es nueva, ha adquirido una visibilidad creciente en México y una asociación persistente con el crimen.
El desfile de los devotos de la Santa Muerte pone sobre la mesa este choque de sensibilidades en una ciudad de profundas raíces católicas. La presencia de estas figuras esqueléticas, vestidas con túnicas y portadoras de guadañas, despierta inquietud entre quienes ven en ellas algo más que una manifestación de fe.
No es para menos. La Santa Muerte carga con una historia que rebasa lo religioso y se adentra en los terrenos de la marginalidad, la violencia y la delincuencia. Pero también con una paradoja: mientras su imagen provoca rechazo, su número de devotos y su presencia pública han crecido durante las últimas décadas.
El culto no nació con los cárteles, aunque su expansión pública haya coincidido con el crecimiento de la violencia criminal en México. La devoción tiene antecedentes en la religiosidad popular y adquirió notoriedad en la Ciudad de México, particularmente en Tepito, donde el altar de Enriqueta Romero, conocida como doña Queta, se abrió al público en 2001.
Desde entonces, la imagen de la también llamada Niña Blanca se extendió por barrios, mercados, hogares y centros penitenciarios, hasta convertirse en un fenómeno religioso de alcance nacional e internacional.
Su iconografía tampoco ayuda a disipar las suspicacias. La figura de un esqueleto con guadaña, asociada a la muerte y al poder sobre la vida, aparece con frecuencia en altares y objetos vinculados a personas involucradas en actividades criminales.
En cateos y operativos penitenciarios, las autoridades han encontrado imágenes de la Santa Muerte entre las pertenencias de internos. En algunos casos, su representación también aparece en espacios utilizados por grupos delictivos. Es decir, la asociación no es gratuita, pero tampoco puede generalizarse.
¿Cómo puede la misma figura representar consuelo y protección para una persona que enfrenta la precariedad, y convertirse en un símbolo de intimidación o de protección sobrenatural para quien vive de la violencia? ¿Cómo puede despertar en unos rechazo automático y en otros fervor irracional?
En Chihuahua, este desfile adquiere una dimensión particular por el contraste con las tradiciones de la ciudad. Para muchos, ver esta manifestación en el espacio público puede representar una provocación cultural, sobre todo por la asociación de la imagen con episodios de violencia que han marcado la vida del estado.
¿Permitirá la autoridad, en todos sus niveles, que la Santa Muerte desfile por Chihuahua o qué hará para impedirlo, en el marco de la libertad de culto?
Ahí queda el cuestionamiento, pero más allá de eso, el debate sobre qué nos dice de nuestra sociedad que una devoción vinculada en el imaginario colectivo con la muerte y el crimen encuentre cada vez más seguidores.
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Al menos cinco menciones en la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum, unas tres apariciones mediante boletines y entrevistas de la Fiscalía General de la República y una intensa difusión del proceso contra el exfiscal César Jáuregui, contrastan de forma muy evidente con un caso de mucho mayor calado, el de la detención e investigación contra Carlos Velázquez, de Energética Carvel.
Sobre la captura y los procesos de Carvel y su esposa, la FGR no ha sido para precisar las acusaciones y la situación jurídica de los imputados, quienes, hasta la semana pasada, seguían a disposición de un juez federal en instalaciones penitenciarias estatales, según información extraoficial, porque oficial no hay nada.
El cateo de su vivienda en el Residencial San Francisco, el cierre de dos estaciones gasolineras y de la enorme terminal de almacenamiento del sur de la ciudad, debe representar un golpe importante en las investigaciones por el huachicol fiscal y técnico, no por nada los operativos de más de una semana contra Carvel, con el Ejército y la Guardia Nacional al frente.
Pese a eso, ha privado el silencio absoluto de la autoridad federal, más allá de un escueto reporte en el que incluyó operativos de varios estados vinculados, sin mencionar el caso concreto de Velázquez.
El contraste con el caso Jáuregui es enorme porque, si bien el exfiscal es acusado de uno de los más graves delitos del Código Penal Federal, el de traición a la patria, no hay por ahora una imputación que implique un quebranto financiero, un daño al territorio nacional, una actividad criminal continua o una señal de delincuencia organizada, como en el otro caso.
La FGR desnuda con eso una intencionalidad política, más allá de la responsabilidad que le pueda comprobar jurídicamente a Jáuregui Moreno. Eso no pasa desapercibido tanto para los críticos de la 4T, como para los que comienzan a desconfiar del régimen ante la maximización de los casos que exhiben a los opositores y la minimización cuando se trata de morenistas acusados de transas.
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El exfuncionario policial Oscar Aparicio, recordado por su convulso paso por la administración de Javier Corral en Chihuahua, está nuevamente en el centro del huracán, esta vez tras escalar a escenario con implicaciones hasta internacionales.
Los escándalos de Aparicio están desde el abuso policial en Chihuahua, irregularidades administrativas en Tulum, incursión no autorizada a Guatemala, aparecer en nómina del CJNG y ahora la novedad, su relación con el gobierno israelí.
Como secretario de Seguridad del Pueblo en Chiapas, el jefe policiaco presume reuniones estratégicas con la cónsul israelí, Hila Burg; y el agregado, Zvi Michaeli, para fortalecer la inteligencia y la prevención del delito…pero, colectivos sociales y organizaciones en defensa de la niñez han puesto el grito en el cielo.
La acusación lo responsabiliza de permitir, o al menos ignorar, el ingreso de supuestos militares extranjeros a escuelas públicas de comunidades indígenas como Zinacantán y Chamula, donde habrían impartido clases de combate Krav Magá.
Aparicio siendo Aparicio, en un nuevo escándalo, como los que nos tiene acostumbrados, aunque ya tenga un quinquenio desaparecido de estas tierras.
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Están muy enojados algunos ministeriales que ya tienen desde julio sin que la compensación que les corresponde llegue completa.
Los administradores se lavan las manos diciendo que no hay presupuesto, y que tendrán dinero hasta marzo del 2027.
Cierran sus ojos los jefes operativos y mandan a sus elementos a realizar las actividades como si todo estuviera normal, incluso salen a recorridos sin viáticos.
La gestión del director, el millonetas Daniel Paulin Barraza Ortiz, ha derivado en la reasignación de personal fuera de sus domicilios, afectando a madres y padres solteros.
No es todo. En el ámbito salarial, el personal asignado en unidades de alto impacto tiene un tope de siete mil 500 pesos de compensación, lo cual contrasta con Homicidios, donde los agentes reciben nueve mil 500 pesos ocho mil 500 los suboficiales, o Secuestros, cuya compensación es de 12 mil pesos.
Son disparidades en la compensación que consideran injustas, y que han soportado, pero que adquiere otro matiz, cuando les regatean lo elemental, la compensación que es parte del salario, y encima de todo reciben maltrato al salir de comisión.
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Pocas tradiciones en Chihuahua reúnen tantos contrastes como la Feria del Hueso: ahí se encuentran las flores de cempasúchil y las coronas para recordar a quienes ya partieron, junto con antojitos, dulces y puestos de toda clase.
Cada Día de Muertos, los alrededores de los panteones se convierten en un ir y venir de familias que visitan a sus seres queridos y de comerciantes que encuentran en estas fechas una oportunidad para impulsar sus ventas.
Este año, el Ayuntamiento autorizó más de mil puestos y, tan solo durante el fin de semana, más de 50 mil personas acudieron a los cementerios municipales.
Vaya movimiento, sobre todo si se considera todo lo que implica mantener en orden los accesos, la limpieza y la seguridad ante una concentración así de visitantes.
Detrás de la tradición también hay un operativo municipal que comenzó a prepararse desde semanas atrás, aunque buena parte de ese trabajo pase inadvertido entre las flores y los puestos de comida.
Porque la Feria del Hueso tiene esa manera tan suya de reunir la nostalgia con el bullicio, los recuerdos con el comercio y las visitas al panteón con las tradiciones de toda la vida.
Y en Chihuahua, por lo visto, ni el paso de los años le quita convocatoria.