En la política, los resultados financieros rara vez ocupan un lugar central al momento de comunicar avances de gobierno. No porque no tengan efectos concretos, sino porque suelen ser menos visibles que las obras o los programas sociales. Sin embargo, no están separados de ellos: el orden y la disciplina financiera son lo que permite que esas obras se realicen y que los programas funcionen de manera sostenida. Ahí se define la capacidad real de un gobierno para cumplir. En otras palabras, detrás de cada resultado tangible hay una gestión responsable de los recursos públicos.
En un contexto global cada vez más incierto y con grandes tensiones económicas, la previsión, el ordenamiento financiero y la disciplina en el manejo de los recursos públicos no son solo conceptos técnicos: son condiciones concretas para que las familias y las economías puedan crecer con estabilidad y dignidad.
En ese mismo contexto, a nivel estatal, apostar por finanzas sanas, por decisiones responsables y por una apertura inteligente al comercio es una ruta comprobada hacia la prosperidad. En contraste, aún existen modelos que, al cerrarse al mundo, limitar la iniciativa privada y sostener estructuras económicas rígidas, han derivado en escasez, baja productividad y un deterioro sostenido en la calidad de vida de las personas. Sin embargo, más allá de las coyunturas externas de las que hoy somos testigos, podemos comprobar cómo la falta de flexibilidad y orden económico, así como de integración real a los mercados termina por trasladar los costos al bienestar cotidiano de la población.
En ese sentido, nuestro estado no ha sido ajeno a estos desafíos. Conscientes de la responsabilidad que los chihuahuenses depositaron en nosotros, este gobierno del Estado, desde antes de comenzar la administración, tuvo muy claro cuál era la primera meta que debíamos alcanzar: estabilizar a Chihuahua y darle orden a las arcas estatales.
La misión estaba lejos de ser sencilla; nos entregaron una administración con las cuentas prácticamente en ceros, con presupuestos deficitarios, descontrol financiero generado por el mal uso de los créditos a corto plazo, así como un panorama adverso debido a que la administración anterior había solicitado por adelantado participaciones federales por más de 1,800 millones de pesos que nos correspondían a nosotros.
Aun con todos estos desafíos, respondimos de manera exitosa. Consultamos expertos en materia financiera, creamos el Consejo Hacendario, hicimos exhaustivos ajustes presupuestarios, reorganizamos y mejoramos las condiciones de los créditos existentes, redujimos deudas a proveedores, por mencionar tan solo algunas de las acciones.
Como resultado, después de 11 oscuros años de desorden financiero, Chihuahua se ha consolidado como una entidad confiable en el manejo de sus finanzas. Nuevamente, el gobierno puede mirar a los chihuahuenses a los ojos, y decirles que su dinero es empleado con responsabilidad y transparencia.
La mayor prueba de nuestra favorable situación financiera proviene de las calificadoras internacionales, que año con año entregan su reporte y evaluación de los Estados y que, independientemente de los análisis y posturas políticas, nos muestran un estatus neutro al que podemos acceder.
En el caso de Chihuahua, al inicio de la administración, Fitch Ratings nos calificaba con una BBB. Año con año, escalamos posiciones, y hoy tenemos una calificación de A con perspectiva estable. Por su parte, HR Ratings nos posicionaba también con una BBB; de igual modo, escalamos hasta llegar a una A+ con perspectiva estable.
Estos resultados en materia financiera, aunque son silenciosos y no generan el aplauso fácil, son la consolidación de una seria estrategia hacendaria. Al aplicarla, nuestro margen de maniobra se ha expandido de forma considerable, lo que en la actualidad nos permite entregar obras y programas que verdaderamente impacten en la vida diaria de los chihuahuenses.
Nuestra disciplina y constancia, hoy se reflejan en programas como “Medichihuahua” y “Nutrichihuahua”, dos iniciativas que responden a dos necesidades fundamentales para la vida humana: la salud y el alimento.
De igual forma, se reflejan en las inversiones históricas que hemos realizado en materia hídrica en Ciudad Juárez, y que superan los más de 4 mil 700 millones de pesos para llevar agua potable y drenaje a miles de familias por primera vez en sus vidas.
Se reflejan en los más de 5 mil 600 millones de pesos invertidos para la intervención y el mejoramiento de nuestras carreteras, o en los más de 1,800 proyectos que hemos consolidado en todo el territorio. Por ejemplo: la modernización del corredor comercial de Cuauhtémoc, con una inversión superior a los 470 millones de pesos, que fortalece la conectividad y la actividad económica en la región; también se encuentra el hospital de gineco-obstetricia en Parral, con una inversión de 320 millones de pesos, y que ya responde a las mujeres de la región; o también la prolongación y renovación de la Av. Las Torres en Ciudad Juárez, con más de 370 millones de pesos invertidos, que hoy reduce tiempos de traslado para miles de familias.
Cada logro y resultado conquistado en esta administración han sido gracias a nuestra disciplina financiera. Ciertamente, las condiciones siempre pueden ser más favorables, pero puedo decir con seguridad que una servidora y todo el equipo encargado de administrar las finanzas estatales hemos trabajado incansablemente para entregar la mejor situación financiera posible.
A poco más de 4 años de intenso trabajo, los chihuahuenses pueden comprobar los resultados de todo el trabajo realizado. Con decisión, seguiremos impulsando obras y proyectos que mejoren de fondo la vida de las familias, siempre respaldados por el orden financiero y la transparencia. Chihuahua cuenta conmigo.