‟Lo que te dices a ti mismo, se lo dices a todo el mundo. Tu cerebro está conectado a los otros cerebros”
Jodorowsky
El "circo en la política" describe la transformación de la gestión pública en un espectáculo mediático, priorizando la popularidad, el entretenimiento y la distracción sobre la competencia técnica y la solución de problemas reales. Se caracteriza por el uso de la sátira, el escándalo y estrategias de distracción para mantener el poder, a menudo comparado con la antigua Roma de "pan y circo".
Si los políticos no pudieran usar las noticias/redes sociales ni recibir dinero de corporaciones o grupos de interés, ¿el "circo político” sería reducido o simplemente evolucionaría a otra cosa?
No estoy preguntando si esto podría suceder legalmente o en la práctica. Me interesa más la estructura de incentivos detrás de la política moderna. Mucho del espectáculo que vemos hoy parece estar ligado a dos cosas: la amplificación mediática y la influencia financiera. Si esos dos canales desaparecieran, ¿el ambiente político realmente sería más tranquilo y enfocado en la gobernanza? ¿O el mismo circo simplemente encontraría nuevas formas de moldear la percepción pública? Me da curiosidad cómo la gente cree que el sistema mismo sería adaptable si eliminaran esos incentivos.
A medida que desarrollan otro año electoral en México, muchos de nosotros nos sentimos abrumados por el interminable ciclo de engaños, vitriolo, manipulación y la implacable búsqueda de poder. Es agotador presenciar la avalancha de autopromoción y manipulación, con el deber cívico a menudo relegado en favor del beneficio personal. En tiempos como estos, puede parecer que no hay escapatoria del ruido y ansiamos una manera de elevarnos por encima de todo ello: encontrar un momento de paz, claridad y verdad.
Aquí es donde entra en escena Diógenes de Sinope, una figura del mundo antiguo que nos ofrece una perspectiva refrescante que sigue siendo tan poderosa hoy como lo fue hace más de dos milenios. Diógenes, el fundador del cinismo, rechazó las convenciones políticas y sociales de su tiempo, eligiendo en su lugar vivir una vida sencilla y ascética. Su desprecio por la obsesión de la sociedad con el poder y la riqueza sigue siendo un recordatorio contundente de que hay otra manera de vivir: una que prioriza la integridad, la honestidad y la libertad personal.
Una de las historias más famosas sobre Diógenes implica su encuentro con Alejandro Magno, uno de los hombres más poderosos de su tiempo. Cuando Alejandro visitó a Diógenes, encontró al filósofo viviendo en un barril, contento con su vida minimalista. Ansioso por impresionar, Alejandro ofreció concederle a Diógenes cualquier deseo. En lugar de aprovechar la oportunidad para obtener ganancias materiales o influencia, Diógenes simplemente respondió: “Apártate, que me tapas el sol”.
Esta respuesta breve y contundente dice mucho. A Diógenes no le interesaba el poder, la riqueza ni los adornos del éxito que cautivaban a la mayoría de las personas. Vivía en armonía con la naturaleza, libre de las ambiciones que dominaban la vida política. Para él, la búsqueda de poder no era más que una distracción de la verdadera felicidad y virtud.
En una época en la que los políticos y las figuras públicas parecen dispuestos a hacer o decir cualquier cosa para aferrarse al poder, la indiferencia de Diógenes al estatus es un soplo de aire fresco. Su mensaje es claro: no necesitamos estar atados a los mismos juegos de manipulación, engaño y ambición que vemos en el escenario político en México.
Durante un año electoral, es fácil sentirse atrapado en el torbellino de campañas, anuncios, debates y la constante cobertura mediática. Los políticos prometen el mundo, sólo para decepcionarnos una vez que cuentan los votos. Ante esto, Diógenes nos recuerda que no tenemos que comprar el espectáculo. Podemos optar por dar un paso atrás, simplificar nuestras vidas y concentrarnos en lo que realmente importa: la honestidad, la integridad personal y el compromiso de vivir de acuerdo con nuestros propios valores.
Para aquellos de nosotros que estamos cansados del engaño y la autopromoción que parecen definir la política moderna, Diógenes ofrece un modelo para elevarnos por encima de ello. Nos recuerda que no tenemos que dejarnos arrastrar por la fealdad de la vida política. Podemos elegir vivir según nuestros propios principios, buscar la verdad y rechazar la búsqueda de poder por su propio bien.
El año electoral que se avecina, tomemos una lección de Diógenes. Busquemos nuestro propio rayo de sol, incluso si eso significa alejarnos del ruido y concentrarnos en lo que realmente importa. Después de todo, no importa cuán ruidoso o caótico vuelvan el circo político, siempre tenemos el poder de elegir cómo responder.
En un mundo lleno de distracciones, engaños y teatro político, Diógenes nos muestra que aún podemos vivir una vida de verdad, simplicidad y libertad. Sólo necesitamos tener el valor de alejarnos del espectáculo y abrazar la luz del sol en su lugar.
Hoy no hubo ganas de hablar de los políticos callejeros. Los clásicos deben estar más presentes en nuestra vida.
Lecturas sugeridas
“Vidas de los filósofos eminentes”, de Diógenes Laercio: Este texto clásico incluye una biografía de Diógenes de Sinope y ofrece una visión de su vida y el desarrollo del cinismo.
“La República” de Platón: Aunque no está directamente relacionado con Diógenes, este texto ofrece un contraste filosófico, presentando ideas sobre la justicia y el poder político que Diógenes criticaba con su propia vida y acciones.
“Antifrágil: Las cosas que se benefician del desorden”, de Nassim Nicholas Taleb: Esta obra moderna aborda cómo abrazar el caos y la simplicidad, al igual que Diógenes, puede conducir a una vida más resiliente y satisfactoria, proporcionando una reflexión moderna sobre algunas de las ideas centrales del cinismo.
Salud y larga vida.
Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.
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