Mis últimos editoriales de varias semanas atrás han versado sobre el acontecer en nuestro país y críticas al gobierno -porque me encanta escribir sobre eso-, (dan mucha “tela de donde cortar” los morenarcos). Para variar un poco y como lo hago de vez en cuando, para esta ocasión he decidido compartir un texto inédito, de esos que a veces escribo, sin razón, sin motivo, sin temporalidad. Con el que creo que algunos padres o madres se habrán de identificar. Algo que escribí muy de índole personal, como para que nada más sea leído por la persona a quien va dirigido (Grecia); pero que decidí hacerlo público por este medio. Ella lo conocerá a la par que mis amables lectores.

HOY TE PIDO PERDÓN. ESCRITO DEDICADO A GRECIA.

“Mi hermosa princesa, hoy quiero pedirte perdón. Por tantas y tantas cosas.

La gente normalmente se espera a estar en un lecho de muerte para pedir perdón. Yo me pregunto ¿porque no hacerlo en el mejor momento de tu vida? Es por eso que decidí escribir esta carta de perdón para ti.

Comienzo por pedirte perdón por traerte a un mundo tan convulso y difícil, en el que hay guerra, hambre, división, religiones, ideologías, polarización, exclusión y tantos conflictos tan complicados. Pero por lo mismo, desde antes de que nacieras he intentado con todas mis ganas, hacerte fuerte, maciza, decidida, que nada te doble, salvo el dolor humano.

Perdóname por tejerte alas tan grandes, para que tu vuelo fuera tan alto. No tengo idea de si hice lo correcto o no, ya que despegaste siendo todavía tan joven. Yo quiero creer que así estaba previsto por el destino.

Perdón por si en algún instante te hice pensar que no estuve ahí para ti; o por si acaso minimicé alguna dolencia tuya (física o del corazón); o por si no te respondí lo que tú querías escuchar en algún momento. Pero siempre he creído que es mejor que te des “de topes en la pared”; que eso te hará ser fuerte, para situaciones futuras. Aunque bien sabes, que siempre cuentas conmigo, de día y de noche; a todas horas; cuando estés enmedio de un sismo; tengas una pesadilla; alguien te haga llorar; no sepas hacer una sopita; en las buenas, en las malas y en las peores.

Perdón por si acaso estaba joven e inexperta cuando decidí embarazarme. Aunque en cualquier edad, supongo que sería lo mismo. Pues como dicen: “nadie sabe como ser padre o madre”. Ahora tienes tú la edad, que yo tenía cuando naciste. Supongo que aún falta tiempo, -quizá varios años-, para que tú experimentes esa enorme satisfacción de convertirte en madre. Es por ello, que en este punto, tienes libre tu mano derecha para con esa tomes la mano de quien tú elijas para compartir tu propia vida; porque de la izquierda estaré tomándote yo con fuerza, sin soltarte, hasta que sea el momento de dejártela libre para que con ella tomes a tus propios hijos, cuando los tengas.

Te pido perdón por no haberte seleccionado al mejor papá del mundo (ni padrastro en un momento dado -si cabe mencionarlo-). Pero cualquiera hubiese sido igual de falible. Ya que es parte de la condición humana, tener errores y virtudes.

Perdón por perderme en un instante. En el que ya no quería sentir dolor. Créeme que aún en esa situación, solo pensaba en ti.

Perdón por leer tantos libros y revistas, tomar cursos prenatales, psicoprofilácticos, ejercicios de respiración y tanta cosa, preparándome para ser tu mamá. Muy pocas, por no decir ninguna mamá hace eso. Y si lo hice fue porque anticipaba lo especial que serías, por lo tanto, debía estar lista, no podía quedarme atrás.

Perdón por llevarte a tantos cursos de estimulación temprana y por mantenerte en actividades y deportes, desde antes de nacer y hasta la fecha. Por llevarte a natación desde los diez meses de edad. Por hacer lo posible y hasta lo imposible para que asistieras a dos regionales y ocho nacionales de gimnasia. Quizá sea por eso que no puedes estar quieta ni un segundo y andes ahora en cinco equipos de fútbol distintos.

Perdón por no ser la mamá tradicional, la que regaña o castiga siempre. Aunque si te he puesto un buen “sape” cuando ha sido necesario. Ser permisiva si es lo prudente y “jalarte la cuerda” cuando se requiere. Ese “estira y afloja”, ha sido lo que he considerado mejor para educarte y formarte.

Perdón por enseñarte a ser libre, a ser independiente, a tomar tus propias decisiones desde que tenías dos años.

Perdóname por no ser tu amiga. Pues mi papel no es ese, sino el de ser tu madre. Te guste o no. Es lo que toca. Para bien o para mal. Pero aprecio en demasía la extraordinaria comunicación que tú y yo tenemos.

Perdón por no darte más hermanos biológicos, creyendo que lo mejor para ti era que fueras hija única, partiendo de mis propios traumas y temores. Aunque ahora seas una de ocho. (Difícil de explicar).

Perdón por mostrarte un mundo. El que está ahí para ser explorado. Al que has salido para conocer y de cual aprender.

Perdóname si te he generado algún trauma, algo que te limite o te detenga. Si fue así, no ha sido intencional, pues he buscado hacer siempre lo mejor para ti.

Perdóname por obligarte a que las “cosas se hacen rápido y bien”; o por mentirte a veces diciéndote que “todo va a estar bien”, cuando ni yo misma sé si estarán bien.

Perdón por todo y por nada. Te amo con toda mi alma. Tu mami”.

Ya es momento…