Si lo prefiere, le acepto que el título que le puse a este texto es demasiado cruel.

No se preocupe si así fue, es muy probable que esté de acuerdo con Usted. Es más: estoy totalmente de acuerdo. Pero no voy a corregir, ni editar ni eliminar ese encabezado por una razón: es la verdad.

Durante muchos años nos han dicho que los vapeadores son nocivos para la salud. Nada más cierto que ello. Pero por más que nos digan, parece como si se tratara de aquella famosa frase: “lo prohibido es lo más codiciado”.

¿Por qué será que entre más peligroso, la adrenalina se convierte en miel para las abejas? ¿Cuántas veces le decimos a los hijos, niños o adolescentes… “eso no se hace”. Y lo hacen. “No te subas porque te vas a caer”… y se caen. “No pruebes eso porque te hace daño”… y lo prueban.

Déjeme decirle que hace unos días, en un conocido centro comercial, observé a un grupo de adolescentes inhalar vapeadores, como si se tratara de algo normal, demasiado normal. Y eso es delicado.

Estamos en un mundo convertido en aldea global, donde lo privado se convirtió en público y lo público en escándalo. Por más que intentemos prohibir, parece que abrimos la puerta para decir… “ven, hazlo”.

No soy mojigato y, a mi edad, pocas cosas me asombran. Pero hay algo que jamás voy a comprender: que la gente se haga daño.

Respeto -por sobre todas las cosas-, los problemas emocionales. Son temas que solo un profesional debe atender. Pero aquí, en este espacio, siempre estamos llamando a la reflexión y no quiero dejar pasar esto que, desde hace años, me inquieta.

Se trata de los nocivos vapeadores. Lo digo de nuevo: no me espanto con cualquier fantasma, pero éste es un monstruo que parece invencible.

¿Sabe cuántos químicos tienen esos aparatos que aparentan ser juguetes? Han sido prohibidos desde hace varios meses, pero, como lo comenté arriba, entre más prohibido, más deseado se convierte.

Esto me encontré en algunas fuentes; “los vapeadores, o cigarrillos electrónicos, contienen una variedad de sustancias químicas, incluyendo nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, y saborizantes.

“Algunos estudios han identificado hasta 2,000 sustancias químicas, incluyendo muchas que no están identificadas, en el aerosol de estos dispositivos. Además de estos componentes, los vapeadores pueden contener sustancias tóxicas como pulegona, arsénico, formaldehído, y nitrosaminas”.

¿Usted ha escuchado hablar del arsénico? ¿Le dice algo esa sustancia? Pues eso tienen los vapeadores, eso y otras mil novecientas noventa y nueve sustancias. Lo quise escribir con sus letras completas.

La pulegona, el arsénico, los formaldehídos,y nitrosaminas, pueden ser cancerígenos.

No le busque, estimada y estimado lector: nos estamos fumando la muerte. Ni es broma ni quiero alarmar a nadie, pero si usted sabe que sus hijos, sobrinos, nietos, esposos, esposas, amigos o parientes usan los vapeadores… dígales que hay un delgado hilo entre respirar y morir.

El gran problema es que una enorme -sin exagerar- cantidad de adolescentes, utiliza esos vapeadores como sustituto de cigarrillo y, lo más grave, es que en vez de colocar en esos dispositivos sustancias ya de por sí tóxicas, en muchas ocasiones los “cargan” con drogas sintéticas que pueden llevarlos a niveles de peligrosidad irreversible.

En México, la prohibición total de la producción, importación, distribución y venta de vapeadores y cigarrillos electrónicos entró en vigor el 16 de enero de 2026 mediante reformas a la Ley General de Salud.

El objetivo de esta prohibición era tratar de evitar que niñas, niños y adolescentes desarrollen adicciones tempranas, ya que los sabores atractivos y la publicidad engañosa los enganchan fácilmente haciéndoles creer que solo consumen "vapor de agua”.

La ley castiga de 1 a 8 años de prisión y multas económicas elevadas a quienes fabriquen, vendan o distribuyan estos productos de forma ilegal. Pero quienes insisten en seguir comercializando con los vapeadores, utilizan las redes sociales para ofertar, entregar y, por supuesto, seguir envenenando sobre todo a menores de edad.

Es un trabajo de todos. No se trata de prohibir y ya, por parte de la autoridad. Se trata de que sumemos esfuerzos, desde casa hasta la escuela, para evitar que este grave problema de salud siga avanzando. Le ofrezco una disculpa por el título de hoy pero, en serio: nos estamos fumando a la muerte. Al tiempo.