Ya cerca el “Día de Muertos”, con sus respectivas ¿y milenarias? “Calaveras” y ‘culto a la muerte’, al estar releyendo la obra “Fenomenología del relajo y otros ensayos” (*), escrita por el pensador y filósofo Jorge Portilla (1918-1963), fundador con otros intelectuales, del grupo HIPERIÓN (allá, por 1947), impulsores de la cultura y cuyas reflexiones giraron en torno a las peculiaridades de la realidad mexicana; me motivaron —estimado lector—, a compartirle en la presente colaboración, algunas breves líneas de la citada obra.
[Se abren comillas] “La ironía es una liberación que funda una libertad para el valor. El relajo es una negación que funda una pseudolibertad puramente negativa y, por lo tanto, infecunda.
En cierta contigüidad con la ironía encontramos otra actitud que, a primera vista, se le asemeja pero que descansa sobre bases muy diferentes: el HUMOR. El humor que puede definirse, por comparación con la ironía, como una trascendencia hacia la libertad. En la ironía se da una trascendencia hacia el VALOR. En el humor simplemente se patentiza la libertad como trascendencia a la existencia en bloque.
Lo trascendido por la ironía es, en general, un individuo humano y la estrella polar de esta trascendencia es el valor. Lo trascendido por el humor es la existencia en total, y aquello hacia lo cual trasciende el movimiento del humorista es la apertura de la libertad.
El humor es una actitud de estilo estoico que muestra el hecho de que la interioridad del hombre, su subjetividad pura, nunca puede ser alcanzada o cancelada por la situación, por adversa que ésta pueda ser; muestra que el hombre nunca puede ser agotado por su circunstancia. ‘Yo soy yo y mi circunstancia’, decía Ortega y Gasset; para el humorista yo soy más bien yo que mi circunstancia.
Esta significación del humor se hace particularmente visible en el llamado HUMOR NEGRO, que destaca la trascendencia del hombre, no sólo frente a su facticidad en general sino especialmente frente a los aspectos dolorosos, sombríos o siniestros de la existencia. Alguien ha dicho que México es la tierra de elección del humor negro y esto es verdad en cierta medida.
En México, el humor negro es cosa frecuente y los mexicanos ponen en obra esta actitud a veces con maestría espeluznante. Los dibujos de Posada son un testimonio bien conocido de ello. Hay humor negro, por ejemplo, en el relato que refiere la entrevista entre el médico y el hombre que tiene el pecho atravesado por un puñal.
—¿Duele mucho? —pregunta el médico.
—Sólo cuando me río —contesta el paciente.
O en el cuento acerca del hombre que sale de una fiesta en una casa de un barrio de la Ciudad de México con el objeto de comprar ‘menudo’. En el camino tiene una reyerta y es apuñalado. A su regreso apenas alcanza a decirle a la anfitriona: ‘Perdóneme, comadre, el único menudo que pude conseguirle fue el mío’, y cae muerto con los intestinos entre las manos.
Alguien me contó en cierta ocasión que el día de su nacimiento su abuela había sido atacada por un cáncer en el dedo de un pie. Fue necesario amputar el dedo para evitar que el cáncer cundiera. Pero el cáncer reapareció. Hubo necesidad de una nueva amputación y el proceso continuó ininterrumpidamente. ‘Cuando yo la conocí —concluyó mi amigo—, mi abuelita era ya sólo un busto encima del piano y, al morir, no era más que un mechoncito de pelo.’ Ésta es una verdadera obra maestra del humor negro. El relato es siniestro y, sin embargo, muestra la posibilidad de tratarlo cómicamente, de ponerse a distancia de las situaciones más intolerables.
En todos estos casos la comicidad es el signo de la liberación. Sólo se puede reír si se guarda distancia de aquello de que se ríe. Un hombre en ciertas circunstancias puede resultar cómico para los demás, pero no para sí mismo. Mientras los otros ríen, él puede sentir vergüenza o dolor. Pero si es capaz de retroceder ante la propia situación y colocarse en actitud de espectador, puede reír de sí mismo. Al hacerlo, exterioriza su libertad-trascendencia.
Esta capacidad de alejamiento es el humor y cuando las circunstancias son atroces llamamos al conjunto HUMOR NEGRO. Pero el hombre sólo puede realizar este gesto de desprendimiento porque la libertad lo hace posible.
El humor es, entonces, la exteriorización de esa libertad y la capacidad de hacer uso de ella en el sentido indicado.
Mi capacidad de reír de mí mismo está en razón directa de mi capacidad de asumir la posibilidad de que abre, a priori, esta libertad INTERIOR”.
JORGE PORTILLA, en su artículo para “La Cultura en México” revista Siempre!, de fecha 10 de julio escribió:
“He leído en el Express un reportaje de Nora Beloff sobre la economía norteamericana y el alma se me cayó a los pies. Todo reposa en ella sobre la fabricación de armamentos. Los sindicatos, el público, el gobierno, los militares, todos exigen la guerra armamentista como base de sustentación de la economía estadounidense.
¿Cómo o cuándo vamos a tener vamos a tener paz de esta manera? ¿A qué vienen las conferencias de desarme? ¿Cómo es posible el desarme si el armamento es el pivote de esta economía?”
Lo que bien puede aplicarse ante los miles de muertes de niños (genocidio), generado por bombardeos directos o bloqueos económicos como los casos de Palestina (Gaza) y Cuba.
¡Ojalá que la próxima semana (martes 3 de noviembre), los estadounidenses de ‘buena voluntad’, que son solidarios con la DEMOCRACIA, la LIBERTAD y la PAZ en los propios USA y en todo el mundo, derroten a Donald Trump!