Así soltó la frase el consultor político colombiano Freddy Serrano en el tercer episodio del podcast «+Q' Consultores», conducido por José Guinand. Serrano reconocido en los círculos políticos bajo el explícito seudónimo de «El Insultor» ofreció un testimonio implacable. Con más de 30 años de ejercicio profesional, 82 contiendas electorales en su haber y cuatro libros publicados, Serrano desnudó las campañas y los mecanismos de desestabilización psicológica que definen la contienda por el poder.
La perspectiva de Serrano quita cualquier tinte sagrado a la contienda democrática, reduciéndola a su dimensión sociológica más primaria: la persuasión elemental. Para «El Insultor», el acto de votar carece de la trascendencia ideológica que le atribuyen los teóricos de la ciencia política y responde a las mismas dinámicas que rigen el cortejo interpersonal.
«Yo entiendo el proceso de buscar votos como un proceso de seducción: los votos son como los besos: si no los pides, no te los dan».
A partir de lo que denomina irónicamente la «seducción política para feos», Serrano sostiene que la mayoría de los aspirantes padece una «adversidad estética» e intelectual que los homogeneiza dentro de un mercado saturado. En este contexto, el discurso programático tradicional resulta ineficaz frente a la necesidad de construir una oferta diferenciada basada en la proxémica, el dominio del lenguaje y la capacidad de perturbar el statu quo.
Esta dinámica exige sustituir a los asesores complacientes —a quienes el consultor califica crudamente como «focas aplaudidoras»— por la figura del «Insultor»: un profesional cuya función estratégica es la confrontación sistemática con el ego del cliente.
«Si usted no tiene un enemigo, créame, no va a avanzar hacia ninguna parte... A mí cariño y amor me los da mi mamá. Yo no vine en busca de reconocimientos, vine a que ganemos».
El objetivo técnico de esta postura es evitar que la desconexión con la realidad derive en un colapso en las urnas. La advertencia de Serrano ante la exigencia de pleitesía por parte de la clase política resume la lógica del mercado electoral: «De pronto yo lo respeto, pero lo van a irrespetar a usted en las urnas cuando le digan que no».
La praxis de Serrano se distancia de las justificaciones altruistas para asumir un pragmatismo transaccional claro: mientras la clase política busca poder y votos, el consultor busca retribución económica. En esta dinámica contractual, la ingenuidad es catalogada como un error operativo fatal.
Dentro de esta discusión sobre la naturaleza monetaria de la política, Serrano formula una frase que sintetiza su escepticismo profesional:
«Gratis no hay nada en la vida; entonces yo no creo ni en el amor de las fufurufas (prostitutas), ni en la amistad de los policías, ni en las promesas de los políticos».
La misma franqueza expone la logística del oficio y la necesidad de una estructura familiar basada en la transparencia extrema frente a las exigencias del entorno.
Las intervenciones de Serrano destacan por una retórica punzante que sintetiza la frialdad con la que aborda las dinámicas del poder:
Sobre la vanidad institucional: «Le dije a un alcalde: '¿Usted se siente superior a los demás?' Me dijo: 'Por supuesto que sí'. Le dije: 'Vaya al cementerio que hay gente mejor que usted y mire dónde está'».
Sobre la viabilidad electoral: «A veces uno les dice: 'Venga, tiene más futuro la semana pasada que su aspiración'».
El testimonio de Serrano alcanza su punto más complejo al abordar las tácticas de desestabilización psicológica utilizadas en las campañas de alta intensidad.
El estratega detalló cómo los equipos adversarios buscan minar el rendimiento de los asesores mediante ataques a su vida personal. En el marco de un proceso electoral competitivo, un operador rival envió material digital manipulado a la esposa de Serrano para simular un conflicto conyugal y apartarlo de la toma de decisiones estratégicas.
Al confrontar al responsable, la respuesta evidenció la falta de límites deontológicos en la lucha electoral: «Hermano, esto es política y todo se vale... La perturbación mantiene la atención».
Esta realidad sitúa la salud mental del consultor como un factor crítico de rendimiento. Serrano advierte que un estratega afectado por inestabilidad emocional «termina infectando y perturbando a todo el equipo de campaña». Para mitigar este riesgo, propone la separación estricta de las tres esferas de la vida —pública, privada y secreta—, permitiendo una desconexión efectiva del rol profesional al retornar al ámbito privado.
El diagnóstico de Freddy Serrano en el episiodio trasciende la anécdota profesional para constituir una crítica estructural al funcionamiento de las campañas en América Latina. Al exponer la centralidad del ego y la mercantilización del sufragio, su testimonio pone de manifiesto la distancia entre el discurso democrático formal y las dinámicas reales del poder.
ESPRESSO COMPOL
En un entorno dominado por el marketing de imagen y la personalización de la política, la desmitificación de la consultoría electoral resulta indispensable. Comprender que las contiendas políticas están sujetas a intereses comerciales y estrategias de persuasión intensiva es el primer paso para que el electorado abandone la pasividad, exija rigor técnico a los aspirantes y redefina el valor real del voto.