Hace 36 años, cuando México todavía era gobernado por un solo partido y la alternancia parecía una posibilidad lejana, el investigador Samuel Schmidt publicó un artículo que hoy resulta sorprendentemente vigente. En su estudio sobre las elecciones en la frontera norte observó algo que pocos estaban dispuestos a reconocer: detrás de cada elección existían tendencias que estaban transformando lentamente al país.
Mientras la atención pública se concentraba en quién había ganado o perdido una elección, los datos mostraban otra historia. La votación del PRI disminuía, la oposición crecía y la abstención aumentaba. Aunque esos cambios parecían pequeños en cada proceso electoral, juntos anunciaban una transformación política mucho mayor.
Lo interesante es que Schmidt llegó a una conclusión que rompía con una idea muy extendida en aquellos años. La frontera norte no era políticamente distinta al resto de México. Lo que ocurría en los estados fronterizos formaba parte de un fenómeno nacional más amplio que, con el paso del tiempo, terminaría transformando la vida política del país.
Visto desde 2026, esa reflexión hoy adquiere un significado especial. Chihuahua vuelve a encontrarse en el centro de la conversación nacional por razones que van mucho más allá de la política local. La confrontación entre el gobierno federal y la administración estatal, las discusiones sobre soberanía y seguridad, así como la cercanía de las elecciones de 2027, han colocado nuevamente al estado en una posición estratégica.
Pero existe un elemento adicional que hace distinto el momento actual. A diferencia de finales de los años ochenta, hoy Chihuahua no solamente ocupa un lugar relevante dentro de la política mexicana. También se encuentra en uno de los puntos más sensibles de la relación entre México y Estados Unidos, la renegociación del TLC.
Por esta frontera cruzan diariamente mercancías, inversiones, cadenas de producción, trabajadores y millones de dólares en actividad económica. También transitan algunos de los principales desafíos que enfrentan ambos países, como la migración, el tráfico de drogas, el tráfico de armas y la cooperación en materia de seguridad.
Eso significa que lo que ocurre en Chihuahua rara vez se queda únicamente en Chihuahua. Con frecuencia termina formando parte de una conversación más amplia que involucra soberanía nacional, intereses económicos, seguridad fronteriza y la relación bilateral más importante que tiene México.
En los años ochenta, Samuel Schmidt observaba una frontera que ayudaba a entender las transformaciones políticas del país. Hoy esa misma frontera no solamente refleja cambios políticos nacionales; también se encuentra en el punto donde convergen algunos de los principales desafíos geopolíticos de América del Norte. Quizá por eso decisiones que parecen locales terminan teniendo repercusiones nacionales e incluso internacionales.
Y es precisamente ahí donde surge una pregunta interesante: ¿qué nos está diciendo Chihuahua sobre el momento que vive México?
Las grandes transformaciones políticas rara vez aparecen de un día para otro. Normalmente comienzan como señales dispersas, pequeños cambios que al principio parecen aislados, inconformidades que se acumulan y preocupaciones que dejan de ser individuales para convertirse en inquietudes compartidas por amplios sectores de la sociedad.
Eso fue lo que observó Samuel Schmidt a finales de los años ochenta. Y eso es lo que vale la pena preguntarse hoy. Porque detrás de las disputas entre partidos existe una realidad que ningún discurso puede ocultar.
Millones de personas siguen preocupadas por la seguridad. Otras observan con incertidumbre el futuro económico. Muchas más sienten una creciente distancia entre la discusión política y los problemas cotidianos. La historia demuestra que cuando esas preocupaciones comienzan a extenderse, los cambios políticos terminan llegando tarde o temprano.
Por eso resulta arriesgado interpretar cualquier elección únicamente como una competencia entre partidos. Las elecciones suelen ser el reflejo de procesos más profundos que llevan años construyéndose. En los años noventa pocos imaginaron que México terminaría viviendo la alternancia presidencial. Hoy tampoco sabemos con certeza qué ocurrirá en 2027.
Lo que sí sabemos es que el país atraviesa un momento de definiciones. Morena buscará consolidar el proyecto político que inició en 2018. La oposición intentará demostrar que sigue siendo una alternativa viable. Y en medio de esa disputa estarán millones de ciudadanos evaluando algo mucho más sencillo que cualquier estrategia electoral y es su propia realidad.
Quizá por eso Chihuahua se ha convertido en una pieza tan importante rumbo a 2027. No solamente porque elegirá una nueva gubernatura o porque es uno de los estados más importantes de la frontera si no porque también podría convertirse en el gran termómetro político del país.
Aquí se pondrá a prueba la fortaleza del proyecto gobernante, la capacidad de la oposición para construir una alternativa y, sobre todo, el nivel de satisfacción o inconformidad de una sociedad que será la encargada de emitir el verdadero veredicto.
La historia nunca se repite exactamente igual, pero a veces deja pistas. Y quizá esa sea la razón por la que Chihuahua vuelve a llamar la atención del país. No porque pueda decidir por sí solo el futuro de México, sino porque, como ocurrió hace más de tres décadas, podría estar mostrando algunas de las tendencias que terminarán definiendo los próximos años.
A veces los cambios más importantes no comienzan con grandes anuncios. Comienzan con señales que pocos alcanzan a ver mientras están ocurriendo. La pregunta es si esta vez seremos capaces de reconocerlas antes de que las tendencias de hoy terminen definiendo el México de los próximos años.
Fuente consultada:
Schmidt, Samuel. "Las elecciones en la frontera México-Estados Unidos. Revisando las tendencias". Estudios Fronterizos, núm. 21, enero-abril de 1990, pp. 7-27.
Opinión
Domingo 31 May 2026, 06:30
Las señales que pocos alcanzan a ver
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Javier Realyvázquez