Ciudad de México.- Morena y sus diferentes vocerías aseguran que la reforma electoral presentada por la presidente Claudia Sheinbaum al legislativo es producto de una petición ciudadana y eso, dicen, se refleja en encuestas donde el 63 por ciento de las personas entrevistadas están a favor de las propuestas que contiene la iniciativa, particularmente aquella de reducir el costo de la democracia en 15 mil millones de pesos.
Como suele suceder con esta narrativa de Morena, esas encuestas solamente ellos las conocen y más allá de lo atractivo que resulta en una reducción de costos, lo importante no es cuánto nos cuenta nuestra democracia, sino qué valor tiene.
Costo y valor no solo mismo, son consideraciones diametralmente opuestas; porque el financiamiento público a los partidos políticos puede ser muy alto, pero su valor se significa en que da proporcionalidad a la pluralidad política y es un muro de contención –que no pocas veces es rebasado—contra financiamiento ilícito de campañas electorales, particularmente de dinero proveniente del crimen organizado.
Puede ser muy costosa la presencia de representaciones parlamentarias diversas, incluso pueden ser un freno para acciones positivas; pero su valor radica en que esa oposición parlamentaria garantiza un amplio debate de las propuestas sin importar de donde provengan, esa misma representación plural es un freno a las decisiones unilaterales y una aduana donde se escruta los contenidos de cada iniciativa.
Cierto que mantener organismos electorales cuesta dinero, pero su valor está en que a nivel regional existe mayor oportunidad de cuidar el voto, los ciudadanos tienen una mayor confianza en que su sufragio no solamente se va a contar bien, también va a contar; que sean instituciones públicas independientes del gobierno, como el INE o las Oples, las que organicen y cuenten los votos, generan mayor confianza a que esa función la realice un ente dependiente directamente del gobierno.
Fundamentado en lo anterior, puede considerarse que el costo de la democracia en México es alto, pero su valor es significativamente mayor.
Pero la reforma electoral, al menos con el contenido planteado por el Ejecutivo, solamente garantiza una cosa en un mediano plazo: la consolidación de una sola fuerza política y la desaparición del resto de partidos, eso no solamente es un balazo para la democracia, que los partidos afectados la apoyen, es tanto como firmar su propia sentencia de muerte.
Por eso la reforma solamente tiene el apoyo de Morena y el rechazo del resto de las instituciones políticas; ni PRI, PAN, Movimiento Ciudadano, partidos en la parte opositora; ni Partido Verde Ecologista de México o Partido del Trabajo, encuadrados en la parte oficial respaldan la propuesta y más allá de alianzas electorales, como la del PT y PVEM con Morena, se mantienen en la postura de no apoyar tal propuesta.
Todo indica que la presidente Claudia Sheinbaum ya se convenció que su iniciativa no va a transitar y sus expresiones públicas van en ese sentido, pero dice que a pesar del rechazo manifiesto por sus aliados, PT y PVEM, eso no es una traición a la 4T.
Paulatinamente empiezan también a descubrirse “las trampas” que esconde la propuesta de Reforma Electoral del Ejecutivo; una de ellas la descubre la ex consejera del Instituto Federal Electoral (IFE), Jacqueline Peschard, cuando asegura que la propuesta de entregar 200 curules de representación proporcional, en realidad no es tal pues una primera minoría no es representación proporcional.
La propuesta contempla 200 curules de representación proporcional, de los cuales 100 son asignados por primera minoría y 100 bajo un esquema de representación proporcional con voto directo y sin listas cerradas, pero resulta que esto es tramposo.
Así lo explica: “No es de representación proporcional. Primera minoría no es representación proporcional, solo entra quien ocupe el segundo lugar. Y donde Morena no sea el primer lugar, será segundo lugar. ¿Quién sale ganador? Pues Morena, con esa fórmula de primera minoría. Eso no se trata de una fórmula de representación proporcional como asegura la reforma, no es cierto, esos primeros 100”.
Lo que Morena asegura con su propuesta es siempre tener una mayoría en el Legislativo y con ello tener los votos suficientes para no tener que negociar con la parte opositora ninguna iniciativa de ley y menos en tratándose de reformas constitucionales. En lugar de acabar con la sobrerrepresentación, lo que Morena plantea es aumentarla en su beneficio.
Lo anterior no solamente generó diferencias con la parte opositora, también alertó a sus actuales aliados que desde el principio no aceptaron acompañar la iniciativa y han mantenido su rechazo, lo cual nos encamina a que la iniciativa no alcanzará los votos necesarios.
Lo que vieron el PVEM y el PT es que en la redacción de la iniciativa venía su propia sentencia de muerte y que luego de aprobarla ellos pasarían a no ser necesarios para Morena y eso eventualmente los llevaría, no solamente a perder posiciones legislativas y financiamiento público, también ponían en riesgo su propio registro.
La presidente Claudia Sheinbaum dice que ella ya cumplió con presentar la iniciativa y que el resultado de la votación deberá ser explicada por cada fracción parlamentaria, pero se mantiene en su postura de no modificar ni una coma al contenido original.
Esa postura lo único que consiguió es que el rechazo se afianzara y sentenció la negativa a la reforma electoral.