En el marco del Mundial de Futbol-2026 (FIFA) que tiene como sede a México, Ca-nadá y Estados Unidos, países en los cuales se jugarán 104 partidos, iniciando el primero el jueves 11 de junio, hasta el domingo 19 de julio en que será la final del Mundial; lee-mos que la “Federación Mexicana de Futbol” (FMF), considera que el “Futbol como fenó-meno social, es uno de los medios deportivos para transmitir los valores de diversidad, comprensión, inclusión, igualdad y respeto”.
Sin embargo, desde días antes de inaugurado el Mundial de Futbol 2026 —en la Ciudad de México—, la discriminación como problema estructural que se ha manifestado en casi todos los mundiales de futbol, a través de insultos racistas, homófobos, misóginos y clasistas; muy lamentablemente, se hace presente una vez más. Vaya como ejemplo, los casos concretos del arbitro africano OMAR ARTAN, a quien se le prohibió entrar a los USA; así como el caso de los jugadores y técnicos del equipo o selección de Irán, a quie-nes no se les permitió entrar a los USA. Por lo que, en una demostración de humanismo y solidaridad, la Ciudad de Tijuana (MÉXICO) les brindó incondicionalmente: hospedaje y asistencia.
Actos poco diplomáticos o RACISTAS, que motivaron a la periodista Fiorella Rodrí-guez, publicar en Instagram un artículo respecto al Mundial de Futbol 2026, que tituló: FIESTA ETERNA DE LA DISCRIMINACIÓN.
Aún cuando no dedicaremos la presente colaboración a la “fiesta” multimillonaria del Mundial de Futbol 2026, seguiremos aprovechando a Eduardo Galeano, ilustre uru-guayo, destacado periodista, escritor y poeta, en cuya obra “confluyen las voces del alma y de la calle y ofrecen una síntesis de la realidad y su memoria”. Así pues:
“Cesare Lombroso convirtió en racismo en tema policial. Este profesor italiano, que era judío, comprobó la peligrosidad de los SALVAJES PRIMITIVOS mediante un método muy semejante al que Hitler utilizó, medio siglo después, para justificar el antisemitismo. Según Lombroso los delincuentes nacían delincuentes, y los rasgos de animalidad que los delataban eran los mismos rasgos de los negros africanos y de los indios americanos he-rederos de la raza mongoloide. Los homicidas tenían pómulos anchos, pelo crespo y oscu-ro, poca barba, grandes colmillos; los ladrones tenían nariz aplastada; los violadores, la-bios y párpados hinchados.
Como los salvajes, los criminales no se sonrojaban, lo que les permitía mentir des-caradamente. Las mujeres sí se sonrojaban, aunque Lombroso había descubierto que ´hasta las mujeres consideradas normales, albergaban rasgos criminaloides´. También los revolucionarios: ´Nunca he visto un anarquista que tenga la cara simétrica’.
Según Herbert Spencer, el Estado debía ponerse entre paréntesis, para no interferir en los procesos de SELECCIÓN NATURAL que dan el poder a los hombres más fuertes y mejor dotados. La protección social no hacía más que multiplicar el enjambre de los va-gos, y la escuela pública procreaba descontentos. El Estado debía limitarse a instruir a las RAZAS INFERIORES en los oficios manuales, y a mantenerlos lejos del alcohol.
Como suele ocurrir con la policía en los allanamientos, el racismo encuentra lo que pone. Hasta los primeros años del siglo veinte, duró la moda de pesar los cerebros para medir la INTELIGENCIA, Este método ‘científico’, que dio lugar a un obsceno exhibicio-nismo de masas encefálicas, demostró que los INDIOS, los NEGROS y las MUJERES tenían cerebros más bien livianitos. Gabriel René Moreno, la gran figura intelectual del si-glo pasado en Bolivia, había comprobado, balanza en mano, que el cerebro indígena y el cerebro mestizo pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca.
El peso del cerebro tiene, en relación a la inteligencia, la misma importancia que el tamaño del pene tiene en relación a la eficacia sexual, o sea: NINGUNA. Pero los hom-bres de ciencia andaban a la caza de cráneos famosos, y no se desalentaban a pesar de los resultados desconcertantes de sus operaciones. El cerebro de Anatole France, por ejemplo, pesó la mitad que el de Iván Turguéniev, aunque sus méritos literarios se consi-deraban parejos.
En relación con el campo psicopedagógico, Galeano, asienta: “Hace un siglo, Alfred Binet inventó en París el primer TEST de coeficiente intelectual [CI], con el sano propósito de identificar a los niños que necesitaban más ayuda de los maestros en las escuelas. El inventor fue el primero en advertir que este instrumento no servía para medir la inteligen-cia, que no puede ser medida, y que no debía ser usado para descalificar a nadie.
Pero ya en 1913, las autoridades estadounidenses aplicaron el test de Binet, en Nueva York, cerca de la estatua de la Libertad, inmigrantes judíos, húngaros, italianos y rusos, y de esa manera ‘comprobaron’ que ocho de cada diez inmigrantes tenían una men-te infantil. Tres amos después, las autoridades bolivianas lo aplicaron en las escuelas pú-blicas de Potosí: ocho de cada diez niños ERAN ANORMALES.
Y desde entonces hasta nuestros días, el desprecio racial y social continúa invo-cando el ‘valor científico’ de las mediciones del CI, que tratan a las personas como si fue-ran números.
Así, en 1994, en los EU, dos profesores universitarios en su libro ‘The bell curve’, proclamaban sin pelos en la lengua lo que muchos piensan, pero no se atreven a decir: los negros y los pobres tienen un coeficiente intelectual inevitablemente menor que los BLANCOS y loa RICOS, por HERENCIA GENÉTICA, y por lo tanto se echa agua al mar cuando se dilapidan dineros en su educación y asistencia social. Los pobres, y sobre todo los pobres de piel negra, son burros, y no son burros porque sean pobres, sino que son pobres porque son burros.
El racismo sólo reconoce la fuerza de evidencia de sus propios prejuicios. Está pro-bado que el arte africano ha sido fuente primordial de inspiración, y muchas veces también objeto de plagio descarado, para los pintores y escultores del siglo veinte; y parece tam-bién indudable que los ritmos de origen africano están salvando al mundo de la muerte por tristeza o bostezo.
[Abunda Galeano] ¿Qué sería de nosotros sin la música que del África vino y gene-ró nuevas magias en Brasil, en los Estados Unidos y en las costas del mar Caribe?
Majestuosa afirmación del latinoamericanista y humanista uruguayo consultado: El racismo, mutilador, impide que la condición humana resplandezca plenamente con todos sus colores”.
Eduardo Galeano fue perseguido por gobiernos de la derecha y ultraderecha neo-fascista.