El día de ayer, jueves 11 de junio, se inauguró la más grande fiesta del futbol mundial, que se jugará del 11 de junio al 19 de julio (la gran final será en Estados Unidos), y fue precisamente en la capital de nuestro país, la Ciudad de México, en el mítico e icónico Estadio Azteca.
Este torneo, que reúne a las mejores 48 selecciones del mundo y que se jugará en México (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey), Estados Unidos y Canadá, tendrá entretenido al país al menos hasta la primera semana de julio (cuando se jugarán los octavos de final, instancia hasta donde se espera, por lo menos, que llegue México, pues así ha sido en las últimas siete ediciones desde el Mundial de Estados Unidos 1994).
Es el tercer Mundial en que México es anfitrión; los otros dos fueron México 1970 y México 1986, ediciones y únicos torneos donde México ha superado la barrera de los octavos de final, llegando hasta los cuartos de final, por lo que es una oportunidad para alcanzar nuevamente esas instancias (considero que México tiene el nivel para ser una de las ocho mejores selecciones del mundo).
Por ser el deporte más popular, el día de ayer el país prácticamente se detuvo desde la ceremonia de inauguración y hasta que terminó el juego (desde poco antes del mediodía, cuando iniciaron las transmisiones, y hasta las tres de la tarde), no sólo por ser anfitriones del primer partido, sino también porque fue el de México ante la selección de Sudáfrica, donde nuestro país ganó con un cómodo 2-0, con goles de Julián Quiñónez y Raúl Jiménez.
Serán también, lamentablemente, 39 días de distracción nacional, pues la conversación mayoritaria girará en torno a este gran torneo. De esta manera, el Mundial de futbol ocupará el internet, la televisión y las redes sociales, dejando en segundo término la problemática nacional. Será también un descanso de la política y los políticos, aunque justo el próximo mes el partido en el poder, Morena, definirá sus candidaturas a gobernador o gobernadora, siendo Chihuahua una de las entidades que más expectación generan, por haber sido epicentro de la política nacional en abril y mayo.
Y, a pesar de ser uno de los deportes en los que no nos hemos destacado a nivel mundial, y donde cada cuatro años nos decepciona (por lo que apenas termina el torneo siempre escuchamos frases como “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, y la selección es llamada la decepción nacional), prácticamente todo el país apoyó a nuestra selección mexicana el día de ayer, cosa que ocurre cada cuatro años desde que tengo memoria (desde Estados Unidos 1994, cuando perdimos en penales los octavos de final ante Bulgaria).
Es extraño lo que sucede, pues ni siquiera en los Juegos Olímpicos nuestro país se reúne para apoyar a una delegación mexicana como lo hace en el Mundial de futbol, y el apoyo, la energía y las porras generan una comunión y una unión en cada edición del torneo.
Es el único deporte que exacerba de manera tan generalizada el nacionalismo mexicano. Cada jugada y cada gol se viven y se gritan como si ganáramos algo más que el orgullo de ser mexicanos con cada partido. Por eso, así de grande como es el apoyo, así de grande es la decepción; sin embargo, ahí seguimos, cada cuatro años.
Por eso el inicio de esta edición del Mundial es especial y se vivirá intensamente durante estos 39 días, o al menos hasta la primera semana de julio, cuando se juegue la segunda ronda de partidos de eliminación directa, porque México es coanfitrión, lo que le da un significado distinto.
Y aunque apenas están surgiendo los primeros datos sobre cuántos mexicanos sintonizaron la inauguración del Mundial de futbol en nuestro país, los cálculos preliminares arrojan cifras de más de la mitad de la población nacional (más de 60 millones de personas). Incluso en las escuelas primarias nuestros niños vieron el partido, ni se diga en las oficinas y centros de trabajo. Se estima que, en el mundo, fueron más de mil cien millones de personas las que siguieron el evento.
Esa es la explicación de por qué el día de ayer el país prácticamente se detuvo durante cuatro horas, en el inicio de este torneo con nuestra selección jugando y ganando. Algo que se repetirá los días 18 y 24 de junio, cuando nuestra selección juegue contra Corea del Sur y República Checa, en Guadalajara y Ciudad de México, respectivamente.
Y en caso de pasar en primero o segundo lugar de su grupo, jugaría los dieciseisavos y octavos de final en México, en los últimos días de junio y entre el 4 y el 7 de julio; y si avanzamos, ese sería su último partido en nuestro país.
Por eso, disfrute el Mundial de futbol, que sólo ocurre cada cuatro años; y si no le gusta, véalo como una oportunidad para convivir, reunirse, apoyar y, esperemos que no, aunque la experiencia nos dice que así será, hasta consolar a algún ser querido.
Disfrute este Mundial, que en nuestro país es toda una fiesta. Porque además, tal vez hagamos historia esta vez y, si no, por lo menos quedará la anécdota de que a usted le tocó vivir, como a sus padres y sus abuelos, un Mundial en el que nuestro país fue sede. Porque quién sabe en cuántas décadas vuelva a ocurrir algo así.
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