El paso de la revolución industrial a la Babel tecnológica

El Papa León XIII, en 1891, emitió la encíclica Rerum Novarum (De las cosas nuevas) ante la deshumanización provocada por la revolución industrial y 135 años después, en 2026, el Papa León XIV lanza la encíclica Magnifica Humanitas (Magnífica humanidad) sobre el impacto de una nueva revolución tecnológica centrada en la inteligencia artificial y del poder sobre la dignidad humana.

Dos Leones, dos Papas que advierten de una pérdida de la dignidad humana: el primero por el riesgo de una tecnificación del trabajo del hombre y el segundo, por la deshumanización tecnológica. Sería como la cruzada de dos leones por rescatar el valor y la dignidad humana ante la tecnología deshumanizada y deshumanizante.

Oportuna, urgente y vital el documento Magnífica Humanitas al plantear uno de los temas más polémicos y complejos de nuestra era sobre el riesgo de una “Babel tecnológica”. La palabra hace referencia a la antigua ciudad de Babilonia y a la famosa historia bíblica de la Torre de Babel que en el lenguaje cotidiano lo utilizamos para describir un lugar caótico donde hay mucho desorden, ruido o donde las personas no logran entenderse porque se habla en muchas lenguas al mismo tiempo. Esta situación guía a una crisis de la verdad.

La encíclica es puntual al reconocer que la inteligencia artificial puede ayudar a sanar, educar, comunicar y mejorar las condiciones de vida; sin embargo advierte que el progreso tecnológico puede debilitar la dignidad humana si pierde su orientación ética porque también puede dividir, descartar o generar nuevas injusticias.

León XIV sostiene que el problema no es la tecnología en sí misma, sino el tipo de civilización que se está construyendo alrededor de ella porque hemos dejado de vernos de hombre a hombre y el reflejo ahora lo tenemos en la tecnología donde nos queremos ver como un espejo. Nos vemos ante máquinas, vivimos entre máquinas, trabajamos para máquinas inertes, sin alma ni emociones o sentimientos. En eso se está extraviando la humanidad construyendo una sociedad donde el poder tecnológico termine desplazando a la persona humana.

Para este documento la tecnología no es neutral, porque siempre refleja una visión y los intereses -económicos o ideológicos- de quienes la diseñan, financian y controlan.

El Papa León XIV alerta sobre una cultura que puede terminar reduciendo a las personas a datos, eficiencia o rendimiento, pues las convierte en productos. Textualmente dice que la inteligencia artificial “no es moralmente neutra”, y aunque “la palabra es fuerte, ha sido elegida deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de atraer la atención, despertar conciencias e indicar caminos para el futuro de la humanidad”.

Los temas que son tratados en el documento destacan que la tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos, lo que ha dado como resultado una nueva brecha digital entre los incluidos y los excluidos. Existe la necesidad de un código ético compartido sobre la inteligencia artificial, asi como considera que se debe desarmar la IA y sustraerla de la lógica competitiva para sustraerla de los monopolios e impedir que domine el ser humano.

Además, el trabajo debe centrarse en la persona, no en el beneficio como sucede con la “cuarta revolución industrial” que representa la transición digital. Propone superar la teoría de la guerra justa porque la revolución digital está modificando la gramática de los conflictos, y a las guerras convencionales se suman ahora ataques cibernéticos, campañas de desinformación, manipulación mediática y automatización de decisiones militares.

La encíclica alerta sobre una cultura que puede terminar reduciendo a las personas a datos, exigiendo un nuevo discernimiento ético donde la verdad debe compartirse y dialogarse, no imponerse.

Es también preocupación el creciente poder de la inteligencia artificial y el riesgo de que la tecnología termine imponiendo una visión deshumanizada de la vida y sugiere que la humanidad debe preguntarse no sólo qué tecnologías está creando, sino qué tipo de civilización está construyendo a través de ellas.

Entre las conclusiones, advierte que la inteligencia artificial y las plataformas digitales están transformando la comunicación pública y política y que si bien, son herramientas capaces de favorecer el diálogo también pueden utilizarse para manipular información, construir narrativas engañosas y debilitar la confianza social y cuando una sociedad pierde interés por la verdad y solo busca lo útil y lo inmediato, la democracia termina debilitándose y la confusión entre realidad y ficción puede abrir paso a nuevas formas de totalitarismo.

Esta preocupación por el impacto de la inteligencia artificial ya venía desde el Papa Francisco[i], donde aparece una expresión del filósofo Nicolás Berdiaev quien observó que las personas suelen culpar a las máquinas de los problemas individuales y sociales, sin embargo “esto no hace más que humillar al hombre y no corresponde con su dignidad”, porque “es algo indigno transferir la responsabilidad del hombre a una máquina”. Solo la persona humana puede decirse moralmente responsable y los desafíos de una sociedad tecnológica, en última instancia, se refieren a su espíritu. Por eso, para afrontar tales desafíos se “requiere una revitalización de la sensibilidad espiritual”.

Y finalmente plantea construir una “civilización del amor” en la era digital, permaneciendo fieles a la verdad, invertir en educación, cuidar las relaciones humanas y comprometerse activamente con la justicia y la paz.

[i] ANTIQUA ET NOVA (Antigua y Nueva), 14 de enero de 2025, Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana, Dicasterio para la doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación.