Como mexicana y más como mujer, aspiro a tener una Presidenta de la República fuerte, enérgica, independiente, decidida, capaz, inteligente, sagaz. Ese sería el tipo ideal de mujer que SÍ me representaría.
Que fuera igualita a las mujeres obreras de este país, las que se levantan a las cinco de la mañana o antes, para dejar a sus hijos listos y desayunados para poder tomar el transporte que las lleve a la maquiladora a trabajar entre 9 y 12 horas diarias; o que nuestra mandataria fuera como aquellas mujeres campesinas que se quedan a cargo de su “laborcita”, porque el marido cruzó a los Estados Unidos a buscarse un mejor futuro, dejando que ellas saquen adelante sus tierras, a sus animales y desde luego a su familia, con los pocos dólares que a veces les llegan a mandar; que tal que nuestra jefa del ejecutivo, fuese como las mujeres indígenas artesanas, que venden su producción diaria a bajo costo porque el cliente les “regatea” y no valora su esmero.
Acaso no se trata de una académica, de una científica que hasta premios ha recibido por sus investigaciones; por que entonces no comprende las dificultades de aquellas jóvenes que deben esforzarse para salir adelante en sus estudios, ganarse una beca escolar o teniendo muchas veces que trabajar al mismo tiempo; apoco es mucho pedir que fuera como cualquier técnica o profesionista, que lleva a cabo algún oficio aprendido, que emprende un negocio desde cero y sin apoyos, o que ejerce su profesión en alguna empresa privada o ente gubernamental, con sueldos que no van acordes a sus talentos (menores a los de los varones en puestos similares), y que además no descuidan sus hogares y les procuran un futuro prometedor a sus hijos.
De este tipo de mujeres que describo, habemos muchísimas en este gran país. Me resulta inconcebible, que tengamos entonces en el más grande espacio de poder político, a una mujer tan gris.
Claudia Sheinbaum, intenta imitar a su predecesor al hablar. Ejecuta decisiones que le ordena Andrés Manuel. Emite discursos dictados por los hombres que la rodean. Presume cifras falsas en materia de seguridad, de aceptación de su gobierno, de calidad educativa y de todos los rubros, con la información sesgada y engañosa que le preparan sus asesores. Está sujeta a lo que manden sus patrones (entiéndase los capos de los cárteles). No es ella misma en nada. No destaca. No brilla.
En días pasados, Sheinbaum, se paró en un podíum a presentar un informe hueco. Sin informar nada. En un evento desangelado. A pesar de lo que gastan del erario público en “acarreo”, estuvo vacío, para lo que esperaban. Ya no logran el respaldo que llegaron a tener hace unos pocos años. Supuestamente, replicaron el evento de la CDMX, con concentraciones “masivas” simultáneas en las 32 entidades. En algunos lugares, como no había nada de gente, lo cancelaron, pretextando que “por la lluvia”. En Chihuahua, hicieron un evento en la plaza de la X, en Ciudad Juárez, al que acudieron o fueron llevadas decenas de personas, con camisetas de Pérez Cuéllar, más bien en su apoyo, que por ver a la presidenta.
Vivimos en un país en el que hay más informes, que resultados; más mañaneras que obras de infraestructura; más discursos que avances. De lo que sí hay y mucho, grandes cantidades, miles y miles, es de personas desplazadas, desaparecidas, ejecutadas, violentadas. Si quiere cifras, en esos rubros si tiene muchas.
Literal, como la “chimoltrufia”, como dice una cosa, dice otra. No termina de marcar una línea divisoria con Trump. Parece como que lo contradice, pero luego lo suaviza, para después hablar de Soberanía y de rechazo a la intervención, pero después que siempre si, que es necesaria la cooperación. Hace como que los desconoce, pero luego destaca la necesidad de las relaciones binacionales. En fin, nadie le entiende. Porque ni ella misma sabe qué hacer. Si su conciencia (suponiendo que la tiene), le dicta hacer lo correcto, es decir, que debe entregar a EE. UU. a Rocha Moya y los demás implicados, agregando de una vez al par de Gobernadores de los que ya habla “L. A. Times” (Américo y Durazo); por otro lado tiene la presión de Adán Augusto, de López Obrador y de otros que saben que al abrir esa puerta, vendrán por ellos.
Así está entre la espada y la pared, no solo en ese asunto; sino en todos los graves problemas que enfrenta el país.
Por otro lado, “flaco favor” le hace el expresidente Andrés Manuel, emitiendo una carta a Donald Trump. Ya que con ello, la minimiza, ante propios y extraños. Para los seguidores de Morena, el que vive en “La Chingada”, sigue siendo su mesías, ella no es quien gobierna, él es el que manda. A los demás, nos llega el mensaje de que él debe salir a “salvarla” porque sola no puede. Y para el gobierno gringo, no le significa absolutamente nada. La carta no cambia la situación. No por eso dejarán de investigar y abrir carpetas a estos personajes narcocorruptos de Morena, que han hundido a México en la peor crisis de todos los tiempos.
Ya es momento, de tener una Presidenta de la República fuerte.
Ya es momento…