En el proceso enseñanza aprendizaje se fundamenta en varias teorías –aunque se les llame con distintas perspectivas didácticas, pedagógicas, filosóficas, sociológicas- entre ellos sobresalen las de Jean Piaget, Paulo Freire, Frida Díaz et al.
Una unidad debe establecer claramente sus objetivos. Un contra ejemplo es: a) Introducción a las matemáticas (o a lo que sea). b) el alumno intentará resolver problemas de sumas y restas. Es incorrecto porque el término “introducción” no establece límites ni alcances. Introducción a la historia de México, introducción a la filosofía, introducción al derecho… hasta dónde. Por eso muchos libros se llaman “Introducción a…” porque si se le reclama al autor que le faltó esto o aquello se defiende diciendo “bueno, es solo una introducción”. “Intentar” es una conducta si bien observable con ver el examen ya cumplieron el objetivo. No lo logró, pero lo intentó.
Lo que el docente debe establecer es el nombre preciso de la materia: Historia de México: la Conquista. Historia del México Independiente del siglo 19, etc. En los objetivos “Al finalizar la unidad el educando resolverá correctamente sumas y restas de hasta tres dígitos. Y la semántica nos auxilia porque si solo dice “resolverá” sin el “correctamente” en una revisión de examen alegará que el profesor no expuso “correctamente”.
Ese proceso de enseñanza aprendizaje es por demás complejo. En Teoría de la Educación el principal problema es la evaluación porque el aprendizaje es cualitativo. No solo resuelve ejercicios o responde cuestionarios, sino transforma su pensamiento, comprende y desarrolla habilidades, sabe cómo hacerlo y no es solo la acumulación de datos. Luego ese aprendizaje debe ser cuantificado. En ciertas teorías los estudiantes solo debían tener dos calificaciones: aprobado o no aprobado. Pero el aprobado puede hacerlo de distintas maneras: de panzazo o en grados de excelencia. Así primero se inventaron el 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1 y el terrible 0. Pero como degradaba a los alumnos lo cambiaron, allá por los ochenta, al estilo norteamericano: E, excelente; MB, muy bien; B, bien; S, suficiente y NA no aprobado. Era la misma, pero en vez de números, letras. Un maestro llegaba a calificar un trabajo o un examen con MB ½ .
Al momento de valuar al discípulo inician los problemas porque al calificar a los estudiantes nos examinamos a nosotros mismos como docentes. Si el grupo tiene un porcentaje bajo, nos hacemos responsable de ese bajo desempeño. Claro, algunos maestros –muchos pésimos- disfrutan, gozan, reprobando, pero son los menos.
El peor enemigo a la hora de la evaluación es cuando copian, usan los famosos acordeones, plagian ensayos y ahora con la tecnología ya pueden hacerlo desde un simple teléfono celular hasta en un reloj o en unos lentes. Como académicos somos desconfiados. Los exámenes a distancia no necesariamente cumplen su función porque pueden apoyarse en línea, en enciclopedias virtuales o físicas, simplemente en Wikipedia o con asesores humanos presentes. Si teniéndolos frente a frente, es difícil evitar la trampa, ahora, detrás de una pantalla, es más complejo.
Llegué a tener en un solo grupo 50 estudiantes. Era casi imposible evitar se copiaran. Por más que recorría el salón, ni con la ayuda de uno o dos compañeros. Hace muchos años, encontré la solución: hice dos exámenes con el mismo contenido, pero en diferente orden. Y si eran demasiados, tres plantillas. Y eso que en aquella época debía picar esténciles. Y asunto resuelto. A veces era más sencillo, la mitad de los exámenes decía “escriba 01 si la afirmación es verdadera y 10 si falsa” y en los otros “escriba YX si la afirmación es verdadera y XY si es falsa”. Y con eso era suficiente. Bribón al descubierto.
Los nuevos tiempos nos exigen ir a la par. Y la respuesta a las complicaciones de evaluación están en los antiguos métodos de evaluación: los exámenes orales con temas al azar. Sí, son retrógrados; sí, son cansados; sí, requieren mucho tiempo, pero es esto o tratar de ganarle a la tecnología, en este caso, mal usada. En los exámenes de admisión, lo mismo, entrevistas individuales orales.
Mi álter ego considera que con el entierro de las elecciones en Nicaragua la 4T debe estar feliz. Si los nicaragüenses están de acuerdo con la dictadura, debemos respetarlos, es voluntad universal. Y menos aún vamos a romper relaciones con una nación hermana porque es de izquierda. Pero siempre y cuando no sea Bukele en Costa Rica porque ¡es de derecha!