“Más falso que su liderazgo”, así tunden a Sandra

Pragmatismo diplomático en gusano

Penumbras por fallos en CFE

En estos tiempos en que algunos cruzan la frontera "con el Jesús en la boca", la gobernadora Maru Campos presumió, sin siquiera mencionarlo, que ella puede aterrizar sin problemas con visa y pasaporte en mano en el aeropuerto de Dallas, Texas, desde donde mandó videomensaje para anunciar su llegada de la feria aeroespacial de Farnborough, en Inglaterra.

Mientras buena parte de Morena convirtió los viajes a Estados Unidos en una especie de prueba de pureza ideológica o deporte de alto riesgo para los que tienen cola que les pisen, la mandataria apareció la tarde del pasado sábado en la terminal internacional de la urbe texana.

Grabó video muy breve para sus redes, mientras jugueteaba con cartera, visa y pasaporte en las manos.

Hizo ruido entre los observadores del panorama político estatal el reporte que Campos Galván envió para anunciar el fin de su gira, así como quien no quiere la cosa. Como si no existieran visas revocadas, listas negras, rumores, especulaciones ni conferencias mañaneras dedicadas al tema que trae de cabeza a varios alfiles de la 4T.

El detalle de la escala en Dallas y el video desde allá básicamente mandaron el mensaje de que ella entra y sale de Estados Unidos con absoluta normalidad, justo cuando muchos personajes morenistas no quieren ni acercarse a ciudades fronterizas, no les vaya a pasar lo que -por ejemplo- a la dirigente estatal de Morena, Brighite Granados, hace poco más de un mes; o a otros liderazgos como Marina del Pilar Ávila y Américo Villarreal, insignes gobernadores de la peor faceta guinda.

Así que la imagen vale más que mil comunicados oficiales sobre el necesario y útil documento norteamericano. Mientras unos andan preguntándose quién sigue en la lista, Maru regresó de su viaje con provocadora escala en territorio estadounidense y con discurso de inversiones y de nuevos proyectos para Chihuahua.

Ese es el poder de un simple pase de abordar y un video grabado en el aeropuerto correcto.

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La administración panista de Sandra Galindo en el municipio de Aldama atraviesa probablemente su momento político más delicado desde que inició el trienio. Y no es precisamente por la presión de la oposición, sino por el hervidero que ella misma atiza en el PAN.

La sesión de Cabildo de la semana pasada dio una muestra de ello. Durante varias horas se escucharon cuestionamientos sobre la conducción del gobierno, observaciones de presuntas irregularidades administrativas y críticas al manejo de obras públicas.

Lo relevante no fue solamente el contenido de los señalamientos, sino quiénes los hicieron, porque entre las voces críticas también aparecieron los ediles de su propio partido, lo que cambia la dimensión. Una cosa es recibir mentadas de los adversarios y otra muy distinta es que sean de la misma casa.

Como si el ambiente no fuera suficientemente complicado, vino después, al arrancar el fin de semana, un episodio que retrató mejor que cualquier discurso el momento que vive Galindo.

En las redes oficiales del municipio fue posteado un mensaje de respaldo absoluto a la alcaldesa supuestamente de todo el panismo de Aldama, pero duró muy poco. La publicación fue retirada casi de inmediato, aunque dio tiempo a que algunos la capturaran y le sobrepusieran un mensaje abrumador para la alcaldesa: “Más falso que su liderazgo”, dice la leyenda sobre el promocional (puede verse en la edición digital de GPS).

El resbalón acabó por exhibir al área de Comunicación Social, encabezada por Iván de la Serda, que ya había enfrentado cuestionamientos públicos tras el caso de una factura presuntamente alterada relacionada con la contratación de un grupo musical de Ojinaga.

Esta vez, el intento por proyectar unidad derivó a lo contrario, a alimentar la percepción de que esa unidad está lejos de existir.

A ello se suma el movimiento de funcionarios dentro de la administración. Tras la sesión trascendió la salida de la directora de Desarrollo Humano y Educación, Leticia Rubio, y comenzaron a mencionarse otros posibles ajustes. Tenemos copia del oficio de remoción (visible en la edición digital), pero aseguran que ni era necesario porque la exfuncionaria aventó el arpa ante diferencias irreconciliables con su exjefa.

En ese mismo ambiente, por si fuera poco, se desataron versiones sobre una eventual renuncia de la alcaldesa antes de concluir su mandato, que puso en alerta a la dirigencia partidista local y estatal por el desgrane de la mazorca tan acelerado que vive Aldama y puede ser contagioso para el PAN en otros lares.

No existe, hasta ahora, información oficial que confirme ese escenario, ni sería responsable darlo por hecho. Pero los rumores tienen su peso, no porque necesariamente sean ciertos, sino porque revelan el clima que se respira alrededor de un gobierno.

En fin. El PAN llegó a Aldama con la promesa de ofrecer un gobierno ordenado, eficiente y cohesionado. Sin embargo, la fotografía actual muestra otra cosa muy distinta y peligrosa.

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En una clara muestra de alta diplomacia pragmática, Álvaro Bustillos firmó una carta repleta de elogios y calurosos agradecimientos hacia el Gobierno Federal y su aparato zoosanitario. Le bajó muchas rayitas a la crítica.

Tras meses de abierta confrontación, reclamos por el descontrol en la frontera sur y desgastantes cabildeos en Washington, el líder de la UGRCH guardó la espada y optó por aplauso institucional.

Del otro lado del Bravo, la decisión del USDA de abrir frontera al ganado en pie, tampoco fue un acto de fe ni de beneficencia.

Ante la escalada histórica en los precios de la carne en Estados Unidos y la desesperación de los engordadores texanos por la falta de becerros, Washington tuvo que doblar las manos.

La agencia estadounidense prefirió el cálculo económico y aceleró una reapertura gradual que no podía postergarse más tiempo sin asfixiar a su propia industria cárnica, aún con el gusano en territorio texano y en Chihuahua.

Es paradójico y técnicamente arriesgado, que el cierre se levante justo cuando el gusano barrenador acecha los hatos del norte de México y el sur de Texas.

La nueva narrativa tiene la lógica de encasillar los brotes detectados como eventos "aislados y tratables", por lo que la apertura no es un cheque en blanco, pende del hilo más delgado de la trazabilidad y el rigor sanitario.

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El corte de luz ocurrido el pasado viernes en una zona del sector centro de la ciudad, casi al mediodía expuso, una vez más, la vulnerabilidad de la infraestructura pública en Chihuahua.

Mientras el personal administrativo de Pensiones Civiles del Estado operaba a oscuras en sus pasillos-foto en versión digital de GPS-, cruzando la calle Colón el Hospital General “Dr. Salvador Zubirán Anchondo” dependía de sus plantas de emergencia para sostener áreas críticas, quirófanos y decenas de camas de hospitalización, igual que las áreas medicas de PCE.

Si bien los equipos de respaldo reaccionaron, someter la vida de pacientes a la estabilidad de generadores diésel ante apagones constantes representa un riesgo operativo inaceptable.

Los fallos en la red de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) generan riesgos en atención a pacientes, daños en equipos médicos de alta precisión y suspensión en sistemas de climatización.

Los paros técnicos son el síntoma de subestaciones y líneas de distribución rebasadas por la demanda local. La paraestatal no puede responder solo con parches ni mantenimiento reactivo.

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La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI para el segundo trimestre de 2026, Chihuahua Capital vuelve a aparecer con una mejora en la percepción de seguridad, con un 44.5 por ciento.

Esto no sólo representa uno de los niveles más bajos que se han registrado en esta medición, sino que coloca a Chihuahua más de 15 puntos por debajo del promedio nacional, que se ubicó en 59.8 por ciento. La diferencia con otras ciudades de la entidad también es evidente y confirma que las estrategias aplicadas en la capital han dado resultados distintos.

Es importante recordar que en las estadísticas del INEGI no miden simpatías partidistas y en este caso específico, se mide la percepción de la ciudadanía sobre la seguridad en las ciudades del país.

Entonces podríamos hablar de uno de los principales aciertos de Chihuahua: la estrategia de seguridad está funcionando y la coordinación entre los distintos niveles de gobierno es clave.

Habría que hablar del papel de la Policía Municipal de Chihuahua. La corporación alcanzó una aprobación ciudadana de 67.1 por ciento, muy por encima del promedio nacional de 50.7 por ciento, colocándose entre las 15 policías municipales mejor evaluadas del país. Más aún, el nivel de confianza llegó al 68.4 por ciento, suficiente para ubicarla dentro del top 10 nacional.

Por supuesto, nadie puede afirmar que el problema de la inseguridad está resuelto. Pero también sería un error minimizar avances que están respaldados por un organismo autónomo como el INEGI y por una metodología aplicada de manera uniforme en todo el país.