Contundente la respuesta del alcalde de Chicago, cuando en una rueda de prensa celebrada en octubre pasado, se le cuestiona respecto de un informe relativo a “inmigrantes ilegales”, señalando firme y enérgicamente: son personas indocumentadas que son seres humanos.
No cabe duda, que el pretender criminalizar a quienes migran sin la documentación requerida por el país destino para tal efecto, simple y llanamente se convierte en un acto deliberado de xenofobia. Lamentablemente, dicha discriminación no es privativa de un solo país o gobierno, sino que se extiende a todas latitudes y sociedades del mundo, en las que parte de sus integrantes repudian la presencia de esos expatriados en las calles, en los trabajos y demás entornos donde se desenvuelven. ¿Acaso habrá mexicanas y mexicanos que desprecien la convivencia con personas de otras naciones, máxime si no son del color de su preferencia?

Aunque las normas internacionales cada vez son menos eficaces, no está por demás hacer referencia a lo que el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala respecto de la migración: 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
Sobre la violación a tal derecho, la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos humanos, menciona que los migrantes padecen “…detención arbitraria, tortura o ausencia del debido proceso judicial, así como la vulneración de derechos económicos, sociales y culturales, tales como los derechos a la salud, la vivienda o la educación. La denegación de derechos a los migrantes suele estar estrechamente vinculada a leyes discriminatorias y prejuicios y actitudes xenófobas muy arraigados” (https://www.ohchr.org/es/migration).
Efectivamente, lo que ha venido haciendo el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) y otras agencias estadounidenses, al estar “cazando” a los inmigrantes como si fueran animales salvajes y hasta rabiosos, sobrepasa, en nuestra época de “grandes avances” en materia de derechos humanos, cualquier desvergüenza imaginable, que sólo pudiera tener lugar en eventos históricos como el holocausto de los nazis, entre otros.
Pero ante ese crimen de Estado, perpetrado por el gobierno de Donald Trump, no ha surgido alguna acción de los organismos internacionales para exigir el cese inmediato de esos actos, como tampoco lo han hecho con el infortunio de los habitantes de Gaza.
Esa represión en el país norteamericano, se les está saliendo de las manos, pues con esas detenciones del ICE han llegado al grado de asesinar arteramente a ciudadanos de esa nación. Tal fue el caso de Renée Nicole Good, escritora, poeta y madre, así como del enfermero Alex Pretty, ambos asesinados injustificadamente en Minneapolis, los días 7 y 24 del mes de enero en curso, lo que ha conmocionado al mundo entero.
Los sucesos violentos del ICE, así como la defensa que hace Trump de su brutal desempeño, han provocado una serie de posicionamientos enérgicos por parte de múltiples personajes demócratas y republicanos, entre ellos los expresidentes Clinton y Obama, que han rechazado la manera como actúan los agentes de tal instancia gubernamental.
Pero lo más grave y significativo, son las protestas públicas que se están realizando en las calles de EE. UU., ante las cuales, el gobierno norteamericano no se inmuta y, por el contrario, a como dé lugar quiere justificar su tirano actuar.
No cabe duda, que es al interior de los USA donde se vislumbra un aliado efectivo para los migrantes y para la desestabilizadora situación general que está viviendo el orbe, ya que ante una sociedad y una clase política progresivamente inconformes con el proceder de Trump y de su complaciente equipo con el que gobierna (no hay que perder de vista que no actúa solo), es como se pudieran desarticular sus criminales atrocidades.
Las elecciones legislativas intermedias que se celebrarán en el mes de noviembre próximo en dicha nación, serán la ocasión perfecta para que pueda debilitarse la bancada republicana y se le puedan poner límites al presidente Trump, incluso, que se cumpla el temor que él tiene de ser destituido. Ojalá que los electores se decidan a hacerlo.