Cuando grita que si su partido pierde seis puntos sería lo peor, pero que el PAN se iría a la cárcel, los panistas dicen estar listos para exhibir todo lo que en su poder está en su contra

Cuando César Alejandro Domínguez Domínguez quería ser, una vez más, diputado federal en 2024, jamás buscó a su protectora, Graciela Ortiz y tampoco le importaba la aprobación de su santo de cabecera, su tocayo “Alito” Moreno.
Sabía que las decisiones se tomaban en Palacio de Gobierno, donde gobierna Maru Campus así que, ni tardo ni perezoso, buscó una cita insistentemente con quien le daría el visto bueno y, por supuesto, la palomeada final.
No iba solo: llevaba consigo lo que acostumbra hacer: las recomendaciones de las ruinas del CEN del PRI, pero sobre todo, lo que quedaba de su madrina, Ortiz González.
Alex Domínguez fue y se puso de rodillas ante Palacio de Gobierno, cuando los operadores de Maru Campos le dijeron que estaba pidiendo demasiado por unas siglas que ya están en la rayita para perder el registro no solo nacional, sino estatal.
Aún así, Domínguez, acostumbrado a mentir, traicionar, vender espejitos y ver por su pellejo y su cartera, se comprometió a mucho: respaldar a la gobernadora en todos los escenarios, evidentemente empezando por el Congreso de la Unión, ser leal al proyecto de alianza y, tercero, entrarle a todo en contra de lo que se avecinaba desde la 4T hacia el gobierno de Chihuahua.
No solamente incumplió con todo lo que fue a vender a Palacio: se convirtió en uno de los más fieles filtradores para Javier Corral, se lanzó a los brazos de líderes pro Morena y, como todo embustero, se tiró al piso cuando “Alito” Moreno lo llamó a cuentas al enterarse de que estaba coqueteando con la 4T esa que, hasta la fecha, quiere al líder nacional priista en la cárcel.
Pero Alejandro Domínguez, quien no sólo ha traicionado y abandonado a sus ya pocos seguidores, sino hasta su círculo familiar, decidió hacer negocios a partir de sus traiciones y conservar posiciones como la que ahora tiene: diputado federal.
Pero no actúa solo: todos en el ruinoso PRI de Chihuahua saben que su socia, protectora y madrina Graciela Ortiz González, es la que manda y que su títere le debe servir en todo porque, se afirma, le debe a la exsenadora chihuahuense no sólo lo que es, sino lo que tiene en términos financieros.
Y es que Graciela, en una conferencia de prensa el martes 25 de mayo de 2021, anunció su declinación como candidata al gobierno de Chihuahua y le propuso a los priístas sumar sus votos en favor de Maru Campos.
Se tiró al piso y, tras mencionar que era una decisión muy difícil de tomar, expresó:
"Con el corazón en la mano, tengamos claro que tenemos que hacer un esfuerzo, otra vez de responsabilidad con Chihuahua, con el PRI, con la gente, sobre todo con nuestras familias, y vayamos unidos en ese frente con el PAN para impedir que a la gubernatura del estado de Chihuahua pueda llegar un candidato de Morena", dijo Ortiz al anunciar su declinación ante la dirigencia del PRI en Chihuahua.
Esta declinación, Graciela Ortiz la cobró muy cara y la negociación la concretó 48 horas antes del anuncio que, en política, esas negociaciones no solo se sienten y se huelen, sino que se notan.
Unos años antes, el 28 de enero de 2018, Alejandro Domínguez se registró como aspirante a candidato a la Presidencia Municipal de Chihuahua y, frente a sus aún fieles seguidores, en la sede de su partido, les advirtió que sería el próximo alcalde capitalino.
No fue todo: a lo largo de su campaña, emprendió una andanada de lodo en contra de Maru Campos, quien en ese momento, iría por la reelección como alcaldesa, lo que logró sin problemas, con decenas de puntos de diferencia sobre Domínguez.
En aquella campaña, Domínguez acusó a Campos de ser beneficiaria de César Duarte y obtuvo documentos que en ese momento se consideraban confidenciales por la Fiscalía corralista, y los exhibió hasta en volantes.
¿De dónde obtuvo Alex Domínguez tal información? No en una, sino en varias ocasiones se registró su visita a la oficina de Javier Corral acompañado de, nada más y nada menos, que de su entrañable amigo Marco Quezada, exalcalde de Chihuahua.
Corral ya le había advertido a Maru Campos que no quería que se registrara como candidata por segunda vez y que, en su lugar, iría alguno de sus alfiles, como Gustavo Madero o Miguel Riggs. Pero Maru, respetuosa como ha sido, le mostró sus encuestas.
A partir de ahí, Corral no pudo ver ni en pintura -literalmente-, a Maru Campos y utilizó todo lo que tenía para descarrilarla de su ya meteórica carrera; Alejandro Domínguez presentó una denuncia contra la panista Campos Galván, el 9 de abril de 2018, acusándola de complicidad con Duarte.
En aquél momento, el diputado federal dijo que le habían hecho llegar de manera anónima información al respecto; jamás ratificó la denuncia, aunque dijo que lo había hecho meses después. Falso.

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En contraparte, algunos asesores muy bien informados de Maru Campos, le dijeron a la candidata que Alejandro Domínguez podría ser atacado por -según videos en poder de los panistas-, recibir millones de pesos de César Duarte, en esa casona de la avenida Zarco, para sostener campañas priístas y, de pasada, desviar muchos millones sin rastro.
Domínguez era el presidente estatal del PRI con César Duarte, después de que Karina Velázquez le dijera a su padrino, que sería traicionado por el dirigente priista. Tampoco Duarte lo creyó y, apenas inició el gobierno de Javier Corral, el primero en ponerse de modo, fue justamente Alejandro Domínguez.
Aquellas cámaras de la casona en la Zarco, donde Duarte fue feliz seis años, revelaron las veces en que Alejandro Domínguez sacó las carretadas de dinero para operar lo que el “partidazo” quisiera una vez que Enrique Serrano fue ungido con el dedo del poder.
Alex Domínguez jugó malignamente con Javier Corral para salvar su pellejo, pero la principal intercesora fue su protectora, Graciela Ortiz, quien, como compañera del senado con Javier Corral, antes de que éste último se lanzara como candidato al gobierno del Estado, le brindó todo su apoyo, tras ser expulsada del equipo duartista, cuando fue secretaria general del hoy preso en Almoloya de Juárez.
Una vez secretaria general del gobierno de Duarte, Graciela Ortiz jugó un papel por demás malicioso: le sirvió de espía a Miguel Ángel Osorio Chong, entonces secretario de Gobernación de Enrique Peña Nieto, quien odiaba a César Duarte por inclinarse por José Antonio Meade.
Cuando la entonces dirigente del PRI nacional, Beatriz Paredes, le reclamó al gobernador Duarte acotar el poder de Graciela Ortiz como secretaria de Gobierno, el ballezano, colérico como era, decidió desprenderse de su segunda de abordo y la enviaron como candidata a senadora, claro, por la vía fácil: plurinominal.
Pero Duarte ya entonces se quejaba del equipo de Ortiz: de Alejandro Domínguez quien, para ese momento, había distribuido a todo el equipo de Marco Quezada a lo largo y ancho del gobierno del estado, con el apoyo del otrora poderoso Marcelo González Tachiquín, quien a gritos decía que sería el sucesor de Duarte.
Cuando vino la debacle del PRI con la derrota de Serrano, Alejandro Domínguez, por instrucciones de Graciela Ortiz, se puso a las órdenes de Javier Corral quien le ordenó, de nueva cuenta, un ataque frontal contra Maru Campos.
Desde su casa, una residencia en Lomas del Santuario, después de vivir en la lujosa Torre Zenit, cuya renta no baja de los 60 mil pesos mensuales, Domínguez orquestó una estridente campaña contra Maru Campos, pero fracasó en los primeros meses, pues los operadores de Maru encontraron muchísimas evidencias de la corrupción del líder priista, a tal grado, que podría haber sido procesado mucho por más que los duartistas encarcelados.
A Domínguez no le quedó otra opción: negoció con Corral una pausa, pues ambos serían descubiertos y, por otra, también negoció una alianza con el PAN para el proceso electoral.
Por eso hoy, cuando Domínguez grita que si su partido pierde seis puntos sería lo peor, pero que el PAN se iría a la cárcel, los panistas dicen estar listos para exhibir todo lo que en su poder está en contra de, dicen, el Judas mayor.