Ciudad de México.- Los acertijos son cosa muy bonita. Ilustran y entretienen. Conozco uno que pertenece al antiguo folclor árabe. Murió un beduino, y en su testamento dejó dicho que sus camellos fuesen repartidos entre sus tres hijos. Al mayor le correspondería la mitad de los camellos; al mediano un tercio, y al menor la novena parte. El albacea encargado de cumplir la voluntad del testador se encontró con un problema: los camellos eran 35. ¿Cómo hacer la repartición en la forma prescrita por el padre? Cerca vivía el cadí Ahmed, conocido por su sabiduría y dones de prudencia y de justicia. Acudió a él y le presentó el caso. El sabio anciano lo resolvió sin dificultad. ¿Cómo le hizo? Lo diré en seguida. A los 35 camellos del beduino añadió uno de su propiedad, generoso rasgo que fue muy agradecido por el albacea. Siendo ya 36 los camellos el cadí pudo hacer el reparto conforme había determinado el padre. Al mayor de los hijos le dio la mitad de los camellos: 18. Al mediano le entregó la tercera parte: 12. Y al más chico la novena parte: 4. Sorpresa: si hacemos la cuenta de los camellos entregados encontraremos que fueron 34. ¡Al sabio -y astuto- Ahmed le quedaron dos, uno más que el que "generosamente" había aportado! Si a mis cuatro lectores no les han cansado los números -a mí bien pronto me fatigan- recordaré para ellos una frase muy usada en la época de mis abuelos: "Me estás haciendo las cuentas del frailecito". Esa expresión la empleaba quien sentía que al arreglar un asunto de dinero la otra parte se estaba aprovechando de él. ¿Cuál es el origen de esa olvidada locución? Sucedió que un humilde frailecito fue a la tienda de la aldea y le pidió al tendero que le vendiera una docena de huevos. Le rogó: "Por caridad, hermano, ponga la mitad de la docena en una bolsa; la tercera parte en otra, y la cuarta parte en otra. Hizo eso el tendero, y el buen fraile, después de pagar la docena de huevos, se retiró contento. Hasta después el abarrotero se dio cuenta de que el frailecito se había llevado 13 huevos en vez de la docena que pagó. En efecto: mitad de la docena, 6; tercera parte, 4; cuarta parte, 3. Total, 13 huevos. Los romanos usaban el modismo ab ovo, desde el huevo, para relatar la guerra de Troya. Aludían al huevo que puso Leda después haber sido poseída por Zeus, que adoptó la forma de un cisne para poder llegar a ella. De ese huevo nació Helena, cuya belleza y liviandad fueron causa de la homérica guerra entre griegos y troyanos. Pues bien: desde el principio debí yo haber planteado el acertijo que es tema de este comentario. Si el prepotente Trump envía tropas a México ¿qué hará el gobierno de la 4T, y qué haremos los mexicanos? Una invasión a nuestro territorio sería ultraje gravísimo que lesionaría irremisiblemente el trato y colaboración entre las dos naciones, que a pesar de sus diferencias se han mantenido en buenos términos. A mí me parece inconcebible que esa embestida pueda consumarse, pero del actual ocupante de la Casa Blanca se puede esperar todo, por su talante pugnaz y desquiciado. En fin, ya que no podemos cambiar de vecino cambiemos de conversación. En una confidencia inesperada don Mentorio, profesor de escuela secundaria, les dijo a sus alumnos que su placer más grande era hacer el amor con su mujer. A ella, sin embargo, le contó que les había dicho que su gozo mayor era ir a la iglesia con su esposa. Días después la señora se topó con un grupo de estudiantes de su marido. Les comentó: "Me sorprendió lo que les dijo mi esposo acerca de su placer más grande. Miren: la primera vez, de novios, casi lo tuve que obligar; la segunda fue cuando nos casamos, y la tercera vez se quedó dormido". FIN.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Ya se sabe que la fe mueve montañas.
Últimamente no ha movido ni una. Las montañas siguen siendo las mismas, pero la fe no es la misma ya.
A pesar de eso todavía se recuerda la última montaña que la fe movió. En el lugar donde había estado esa montaña quedó un hueco feo y grande que hasta la fecha no se ha podido rellenar, y en el sitio a donde fue llevada la montaña causó problemas grandes, pues ya había ahí otras montañas, y la aglomeración orográfica dio origen a toda suerte de dificultades.
Quizá sea mejor que la fe ya no mueva montañas. Ésa no es su misión. Su misión es cerrar los ojos de la gente para que después los pueda abrir a una luz que la razón no puede dar pese a ser tan luminosa.
Yo celebro que la fe ya no ande por ahí moviendo montañas. Por algo Dios las puso donde están. La fe es virtud valiosa, pero eso no la autoriza a modificar los mapas.
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS.
Por AFA.
". Un hijo de AMLO elabora el Chocolate del Bienestar.".
¿Chocolate? En breve frase
me permito comentar
que el citado Bienestar
es sólo para el que lo hace.