En el sexenio del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964), don Jaime Torres Bodet, por segunda vez, asumió la titularidad de la Secretaría de Educación Pública (SEP), responsabilidad en la que tuvo que enfrentarse a una fase avanzada de los mismos problemas sociales y, esencialmente, de la educación pública contra los que había luchado en su primer ejercicio.
Realidades como el analfabetismo, que aún abarcaba el 40 por ciento de la población total; instalaciones escolares —en donde había— inadecuadas; la subsistencia de la escasez de profesores; las faltas, el ausentismo y las “deserciones” escolares, que seguían siendo elevadas. LOS PLANES Y PROGRAMAS DE ESTUDIO seguían IGNORANDO las ingentes necesidades de las comunidades locales y/o regionales semiurbanas y rurales, y, sobre todo, de las etnias originarias o indígenas de todo el territorio nacional.
De tal manera, al principio de la segunda administración de Jaime Torres Bodet como titular de la SEP, se constituyó una Comisión Nacional para estudiar los problemas de la educación primaria y formular un plan de expansión y mejoramiento. La Comisión llegó a la conclusión de que, durante el ciclo escolar 1958/59, las escuelas de carácter elemental habían dado cabida aproximadamente a 4 millones y medio de alumnos, lo que indicaba un aumento sustancial en la inscripción.
No obstante, a pesar de este aumento, la Comisión calculó que 1’700,000 niños quedarían sin recibir instrucción escolarizada en 1960, debido a la falta de escuelas primarias, de aulas, docentes y estímulos familiares adecuados. Para 1970, más de 10 millones y medio de niños estarían en edad escolar, entre los 6 y los 14 años.
Ante tales retos, el 19 de octubre de 1959, la Comisión Nacional precitada —constituida por nueve representantes (dos de la Cámara de Diputados, dos de la Cámara de Senadores, dos de la SEP y uno por cada una de las siguientes secretarías: Gobernación, Hacienda y Presidencia de la República), por tres asesores (del Banco de México, del SNTE y de la Secretaría de la Industria y Comercio) y por un secretario general— presentó el PLAN DE ONCE AÑOS para la resolución del problema de la educación elemental en México.
El plan fue concebido para asegurar la educación e instrucción de todos quienes solicitaran su ingreso a las escuelas primarias, según las perspectivas previstas, en un lapso de once años, estableciendo, además, los grados más altos de educación cuyas carencias eran perceptibles en las áreas rurales de toda la República.
La inversión requerida para el Plan de Once Años fue de 9 billones de pesos. Se programó la construcción de 39,265 aulas y la creación de 51,090 nuevas plazas de profesores. En las áreas urbanas, las escuelas funcionarían con horarios matutino y vespertino para cada día escolar.
Para las zonas rurales se diseñaron unidades o “escuelas” básicas prefabricadas, compuestas por uno o más salones de clases y una casa habitación para el educador, con muebles y aditamentos necesarios. Con el diseño de esas unidades, México se hizo acreedor al Gran Premio Internacional de Arquitectura en la Trienal de Milán, Italia, en 1961.
Considerando como preeminente la revisión de los PLANES y PROGRAMAS EDUCATIVOS vigentes, Jaime Torres Bodet aprovechó la existencia del Consejo Nacional Técnico de la Educación (CNTE), constituido por educadores representativos de todos los niveles del Sistema Educativo Nacional, que venía a ser un equipo de profesionales oficialmente encargado de la planeación educativa en general.
Así, el 29 de julio de 1959, Torres Bodet convocó a este Consejo a sesión general y le confió la responsabilidad de programar una serie de revisiones a los planes y programas educativos en vigor. En su discurso inaugural, en el Palacio de Bellas Artes, los exhortó a trabajar con un espíritu de continuidad histórica, pero no con tímido conformismo, haciendo hincapié en que deberían considerarse como base primaria de las deliberaciones los objetivos educativos bosquejados en la Constitución relativos al tipo de ciudadano mexicano que las escuelas deberían intentar formar.
En cuanto a los objetivos generales, Torres Bodet sugirió que debía prestarse atención a aquellos recursos educativos que ayudasen a los alumnos a desarrollar un conocimiento más amplio de su medio físico, económico y social; a darles mayor confianza en sus dotes naturales; y a desarrollar en ellos una actitud más constructiva y responsable con respecto a sus obligaciones con la sociedad.
Por su parte, el CNTE, en enero de 1960, con respecto a la educación preprimaria, primaria y secundaria, recomendó lo siguiente: que los fines primordiales de la educación deberían poner énfasis en actividades que promovieran el desarrollo biológico y psicológico del educando dentro de un marco de responsabilidad moral e intelectual, y que la escuela debería intentar constantemente relacionar los conocimientos impartidos en el aula con los problemas nacionales y regionales a los que los alumnos y la comunidad en general se enfrentan cotidianamente.
Además de la obra y programas mencionados, Jaime Torres Bodet organizó un plan de construcción para la enseñanza secundaria, el crecimiento de la educación superior y el mejoramiento de las condiciones de vida de los mentores mediante aumentos sustanciales de sus salarios y prestaciones; y, lo más importante: la formulación, elaboración y distribución de los LIBROS DE TEXTO GRATUITOS (LTG).
Los libros de texto gratuitos tuvieron como base fundamental la fracción séptima del Artículo Tercero de la CPEUM, que establece: TODA EDUCACIÓN QUE IMPARTA EL ESTADO SERÁ GRATUITA.
En tal sentido, en su primer informe de gobierno, el presidente Adolfo López Mateos afirmó: “En un país de tantos desheredados, la gratuidad de la educación primaria y secundaria supone el otorgamiento de libros de texto”, distribuidos en las escuelas públicas y en las privadas.