La salud mental se ha convertido, en las últimas décadas, en una de las principales preocupaciones de salud pública a nivel global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido categórica: el estrés es la epidemia del siglo XXI. Y con razón. Las presiones laborales, las tensiones sociales y el entorno digital han generado un aumento sostenido en los niveles de estrés, ansiedad y depresión, con consecuencias profundas para las personas, las comunidades y los gobiernos.

En México, los datos son tan contundentes como alarmantes. En 2024, el IMSS reportó que 75% de las y los trabajadores mexicanos viven con estrés en el trabajo. Esto colocaría a nuestro país dentro de los primeros lugares en estrés laboral, por encima de potencias como China y Estados Unidos. Y en lo que respecta a salud mental en general, 11% de los adultos en México muestran síntomas de depresión, cifra que se eleva a 38% en adultos mayores. Entre adolescentes, el 6.5% ha considerado el suicidio alguna vez. Según la Secretaría de Salud, el suicidio es la segunda causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años en nuestro país.

Este panorama, por sí solo, sería suficiente para justificar una respuesta institucional urgente. Pero en Chihuahua hay un motivo adicional: nuestro estado tiene la tasa de suicidios más alta del país, con 11.2 por cada 100 mil habitantes, según el INEGI (2023). Y lo más doloroso es que buena parte de esas muertes ocurren entre personas menores de 50 años, muchas de ellas adolescentes. Chihuahua, de hecho, es uno de los estados donde más adolescentes se suicidan en todo México. No es un dato cómodo, pero es un dato real.

Conscientes de esa realidad, el Gobierno Municipal de Chihuahua ha tomado decisiones firmes para atender la salud mental como una prioridad pública. Primero, con la creación del Instituto Municipal de Prevención y Atención a la Salud (IMPAS), que incluye una Subdirección de Salud Mental enfocada exclusivamente en prevención, atención psicológica y canalización de casos. Desde su creación, el IMPAS ha canalizado a más de 77 mil personas a servicios de salud mental.

A estas acciones se suman campañas como “Grítalo, Sácalo, Háblalo”, lanzada en 2024, que busca romper los estigmas en torno a la salud mental y al suicidio. Además, en septiembre del año pasado se llevó a cabo la primera Semana de la Salud Mental en la ciudad, una jornada de reflexión, sensibilización y educación pública en torno a los desafíos mentales que afectan a miles de personas. Esta semana incluyó talleres, conferencias, actividades culturales y espacios de escucha, y fue programada estratégicamente en el mes de prevención del suicidio.

Al mismo tiempo, el IMPAS ha consolidado la Línea en Crisis, un servicio que opera 24/7 durante los 365 días del año. Esta línea es atendida por profesionales especializados y brinda contención psicológica inmediata a personas que enfrentan ansiedad, depresión, pensamientos suicidas u otras situaciones emocionales críticas. En 2025 se recibieron 1,879 llamadas, de las cuales 127 fueron directamente por riesgo suicida.

Este sistema ha sido tan eficaz que, incluso, ha recibido llamadas y prestado atención a personas de otros municipios como Juárez, Delicias, Aldama y Cuauhtémoc. El servicio se ha convertido en un referente regional, al punto de que en febrero de 2026 anunciamos una mejora clave: ahora se puede acceder a la Línea en Crisis desde cualquier celular marcando *800, un número más corto y accesible. También se mantiene la línea fija original: 614-194-02-00, disponible igualmente las 24 horas del día. Porque en situaciones críticas, cada segundo cuenta.

En este marco, el pasado 4 de febrero se celebró el Encuentro “Conectar para Cuidar”, en el que se reconoció a más de 500 estudiantes de secundaria, entre 13 y 15 años, por haberse capacitado durante 6 meses como promotores de salud mental en sus escuelas. Esta iniciativa, pionera en su tipo, selecciona a jóvenes que de manera voluntaria desean apoyar emocionalmente a sus compañeros, fungiendo como puentes entre quienes atraviesan crisis y las autoridades escolares que pueden intervenir.

Estos estudiantes no son terapeutas, pero sí una primera línea de apoyo, una red emocional dentro del entorno escolar. Una vez que ellos detectan cualquier situación de riesgo, están capacitados para comentarlo en su escuela o con especialistas en salud mental del IMPAS. Por eso su papel es especialmente relevante en un estado donde los indicadores de suicidio en adolescentes son tan altos.

En suma, lo que Chihuahua está haciendo en salud mental no es únicamente atender una crisis; es construir un modelo. Un modelo basado en prevención, atención accesible, tecnología, comunidad y corresponsabilidad. Un modelo que entiende que la salud emocional no es un asunto privado, sino una condición pública que incide en la seguridad, la productividad, la convivencia y el futuro de nuestras juventudes.

En el contexto nacional, donde la salud mental todavía se enfrenta a estigmas, rezagos presupuestales y políticas fragmentadas, la capital chihuahuense avanza con decisión. Con medidas institucionales, herramientas innovadoras y participación social, Chihuahua está redefiniendo el modo en que los gobiernos municipales abordan este tema.

Aquí, pedir ayuda no es un signo de debilidad. Es un acto de valentía. Y la respuesta institucional no es indiferencia, sino acción.

Porque en Chihuahua, cuando alguien levanta la mano, toda la comunidad responde.