Chihuahua está ganando un lugar cada vez más visible en el mapa nacional e internacional. En años recientes, nuestra capital se ha consolidado como sede de foros, convenciones y encuentros de alcance nacional e internacional, una dinámica que habla de su capacidad de organización, de su desarrollo empresarial y de la creciente vinculación entre sectores e instituciones.

Esto debe ser motivo de orgullo, pero también de responsabilidad. Estar en la conversación global no significa únicamente recibir eventos; significa generar condiciones para atraer inversión, conocimiento, talento, turismo de reuniones y nuevas oportunidades para nuestras empresas y nuestra comunidad.

Sin embargo, el éxito no debe convertirse en complacencia. Si bien atravesamos un momento importante, seguimos lejos de donde queremos estar. Una ciudad competitiva no se mide solamente por lo que ha logrado, sino por su capacidad de reconocer lo que todavía necesita corregir. La autocrítica debe acompañar siempre al crecimiento.

Si hay un factor indispensable para entender cómo hemos avanzado, es la fuerza de la colaboración. La articulación estratégica entre organismos empresariales, sector productivo, sociedad civil y gobierno ha demostrado que el trabajo conjunto multiplica resultados. La historia de Chihuahua ofrece ejemplos concretos: la creación de FECHAC, el impacto de FICOSEC o la consolidación de ExpoChihuahua son prueba de lo que puede construirse cuando distintos actores comparten objetivos.

El siguiente paso no es solamente mantenernos unidos, sino asumir responsabilidades compartidas. El desarrollo sostenible requiere continuidad, coordinación y una visión que trascienda administraciones y coyunturas.

En infraestructura, por ejemplo, hay avances importantes, pero todavía existe un amplio margen de mejora. Chihuahua necesita pasar de soluciones coyunturales a una planeación integral de ciudad, con visión de largo plazo, que articule movilidad, agua, energía, desarrollo urbano, seguridad, infraestructura y competitividad.

El verdadero desarrollo comienza cuando los proyectos dejan de pertenecer a un gobierno y empiezan a pertenecer a la ciudad. Por eso resulta indispensable construir una ruta clara que trascienda periodos de gobierno, colores partidistas y personas en turno. Dar continuidad a las buenas decisiones públicas debe convertirse en una práctica institucional, no en una excepción.

Pero ninguna visión de largo plazo puede sostenerse únicamente desde el gobierno o desde el sector empresarial. Requiere ciudadanía.

Chihuahua cuenta con una sociedad civil activa y con una tradición importante de participación, pero todavía tenemos margen para fortalecer nuestra participación cívica, la vigilancia ciudadana y el involucramiento en las decisiones públicas. El crecimiento económico y la infraestructura no se sostienen solos; necesitan ciudadanos que exijan resultados, cuiden el rumbo democrático y defiendan la continuidad de aquello que funciona.

Una ciudad competitiva no se construye únicamente con obras; se construye con continuidad, instituciones sólidas y ciudadanos dispuestos a cuidar lo que funciona y corregir lo que no.

El reto hacia el futuro es tan exigente como estimulante. Debemos conservar la cohesión que nos ha permitido avanzar, fortalecer la planeación de largo plazo y elevar el nivel de corresponsabilidad entre gobierno, empresas y sociedad.

Chihuahua ya está en el mapa. Ahora el reto es demostrar que puede mantenerse ahí con visión, continuidad y capacidad de exigirse más.

Sigamos construyendo desde la unión, pero también desde la responsabilidad de quien sabe que lo mejor de Chihuahua aún está por venir.

[email protected]

https://www.facebook.com/jorgetrevinop