El Estado no está rebasado
Claudia Sheinbaum
Cuando se llega a un cargo, del nivel que sea, es para solucionar problemas. La política, en términos coloquiales, es el arte de buscar, encontrar y solucionar las dificultades que se presentan en la sociedad. Para eso se aspira a esas responsabilidades.
En México, según los datos oficiales, las cifras oficiales muestran que en 2022 alcanzó las 100,000 personas desaparecidas. Pero, de ese año a la fecha, se agregaron 130,000. De ellas, el 78% son hombres de 30 a 59 años de edad; el 22% son mujeres y últimamente la incidencia entre los jóvenes de 18 a 29 años se extendió significativamente. Lo más grave es que el Comité de la Organización de Naciones Unidas resaltó que del total de las desapariciones forzadas menos del 2% son judicializadas. Es decir, el 98% ni siquiera se atiende. Así que los números citados podrían ser mucho mayores.
Es importante resaltar dos puntos: primero, a las resoluciones o recomendaciones de la ONU ya nadie las atiende, no digamos, obedece. Segundo, esos comités son órganos subsidiarios formados por expertos independientes o representantes de estados quienes se encargan de supervisar la plena observancia de que los tratados internacionales –en este caso los derechos humanos- sean acatados por sus miembros.
Además de la ONU existen otras entidades cuyo propósito es proteger las libertades internacionales: Amnistía Internacional, Human Rights Watch en México y la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Esta última está a las órdenes del gobierno federal y realmente es una dependencia que no cumple con su naturaleza. Agregue usted a las Organizaciones no Gubernamentales que la presidencia está empeñada en desaparecer por inanición financiera.
En México vivimos en un país surrealista. Llegamos a pensar que pronto la presidenta dirá, en su mañanera, “¿cuáles desaparecidos? A ver, levanten la mano los que faltan” o “no están desaparecidos, lo que sucede es que no los encontramos” o bien “ellos están escondidos para desprestigiar al gobierno”. Ya no alcanza el argumento de que todo es culpa de Felipe Calderón. En el gobierno de la 4ª Transformación en pocos años superaron las cifras a éste y al sexenio de Enrique Peña Nieto en el tema tratado.
Y con esa seudo política oficialista, tampoco hay violencia, ni narcotráfico, ni extorsiones, ni asalto en las carreteras a transportistas. Ya terminaron con la corrupción. Tenemos mejor sistema de salud que Dinamarca, ya no hay pobreza, ni inflación. Ya no hay violencia de género y sobre todo la impunidad fue extirpada.
Cuando la sociedad está enferma, como lo está nuestro país, lo primero es reconocer que esos problemas existen: sí hay violencia, narcotrafico, asaltos, robos, corruptos dentro y fuera de Morena, la salud pública es deficiente porque sus recursos son desviados a otras actividades que el gobierno considera prioritarias, la pobreza no termina dándole a la población 3,200 pesos al mes. Cualquier compra en mercados muestran la inflación, la impunidad –sobre todo de altos funcionarios- deambula por los estados, secretarías, Congreso, presidencias municipales. Y los asesinatos y desapariciones son noticia diaria. Quienes se dedican a buscar a los desaparecidos se les descalifica a priori desde Palacio Nacional.
Si reconociéramos lo anunciado por el Comité de la ONU sería un gran paso. Y pedir auxilio a organismos internacionales y expertos no vulnera la soberanía del país. Pero, primero desaparecidos –y más desaparecidos cada día- que permitir que extranjeros posen sus pies en nuestro país para ayudarnos.
En todo caso, abandonen la ONU, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y declaren ilegales todas las organizaciones no gubernamentales que no sean afines al régimen. Y así, la sagrada soberanía, el sacrosanto nacionalismo y la intocable independencia estarán a salvo.
Este escrito es el número 500 de la columna álter ego. Agradezco a El Diario por aceptarme en sus páginas con plena libertad, a quienes tienen la amabilidad de leerme, a quienes me critican y a quienes no están de acuerdo con lo que aquí se dice. Simplemente ¡Gracias!