Es impactante el anuncio presidencial, va en el sentido contrario al que había trazado su antecesor y, también, al de infinidad de organizaciones ambientalistas que durante décadas, en México, se han opuesto a la producción de hidrocarburos a partir del gas de esquisto (“shale gas”) en el país mediante el método del fracking, que es la perforación vertical y horizontal del subsuelo y la inyección de agua, arena y químicos a alta presión para romper la roca y liberar el combustible.
Este método causa una buena cantidad de consecuencias negativas en el medio ambiente, además de requerir cantidades milenarias de agua y resulta que en el estado de Chihuahua los principales yacimientos se localizan en la región de Ojinaga (que forma parte de la Cuenca de Burgos, una de las áreas con mayores reservas), sin duda la más árida de la entidad.
«Todo el gas que importamos “viene de un tipo de explotación que tiene impactos ambientales” y está “a 100 metros de la frontera” mexicana, recordó la mandataria en alusión a los proyectos de ”fracking” de Texas». (Nota de Associated Press, 8/4/26).
La mandataria señaló que un comité técnico trabajará durante dos meses para ver si es factible usar «técnicas menos dañinas, por ejemplo con menos químicos y agua no potable, y determinar cuánto sería su costo».
¿De veras? ¿Es creíble que la primera mandataria con una sólida formación académica no cuente con toda la información necesaria para ubicar las indudables desventajas de esta forma de explotación?
¿Qué harán los ambientalistas de izquierda y que son, al mismo tiempo, simpatizantes o miembros de Morena, al ver que su compañera impulsa el fracking?
Contradicción al límite.
¿Cómo sostener una política energética, en la que se ha comprometido a «impulsar las energías renovables» y a la vez un férreo apoyo a Pemex porque «México no puede prescindir del petróleo ni de otros combustibles fósiles».
«¿Qué ponemos en el centro? La soberanía... el desarrollo para nuestro país”, dijo Sheinbaum…. ¿Se requiere más gas? Sí. ¿Se puede sustituir todo el gas? Difícilmente». (Ibídem).
Es una verdadera encrucijada.
México compra a EU el 80% de sus necesidades de gas y con él que produce más de las 3 quintas partes de la energía eléctrica.
Para el 2030, prevé el gobierno mexicano, sus necesidades se incrementarán en un 30% y con los actuales ritmos de inversión, investigación, exploración y explotación no hay posibilidad alguna que los pueda obtener de su producción tradicional.
De ahí el viraje en la producción, que la enfrenta a la política aplicada por el expresidente López Obrador, que se opuso terminantemente al fracking.
A la vista del tremendo cambio experimentado por los Estados Unidos en esta materia, en la que optó por explotar desmedidamente la obtención de hidrocarburos a partir del fracking, pasó de importador, al del mayor productor mundial de petróleo y uno de los líderes exportadores, (tercer lugar, abajo de Rusia y Arabia Saudita).
De cambiar la política en esta materia, implicaría un giro casi de 180 grados, pues en lugar de construir gasoductos, estaciones de transporte y plantas almacenadoras, se pasaría a la de la plena explotación de esta modalidad, con todas las consecuencias ambientales conocidas, no sólo por las organizaciones ambientalistas, sino también por el gobierno, el cual, si actuara responsablemente, debería enfocarse a las serias consecuencias que trae aparejado el “fracking”.
Y sin duda, se elevaría la producción de petróleo, pero, cosas de la vida, especialmente de gas que es, de lejos, nuestra principal carencia económica pues con esa producción se podría dar un gran impulso a la generación de energía eléctrica.
Todo eso lo sabe la presidenta, la que miente cuando dice que se «trabajará durante dos meses (sic) para ver si es factible usar técnicas menos dañinas, por ejemplo con menos químicos y agua no potable, y determinar cuánto sería su costo». (Ibídem).
De este modo, en los hechos, la administración de Sheinbaum imitará lo que ahora efectúa el gobierno de Trump (y antes, Barak Obama) que es privilegiar la producción de combustibles fósiles en lugar de los de energía ‘renovable’.
¿Tendrá capacidad -y voluntad- para enfrentar semejante reto?
Porque consecuencias positivas, económicamente hablando, las habrá, basta con observar lo que ahora ocurre en la zona petrolera de Texas, como lo dice la presidenta, a un lado nuestro.
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