Chihuahua, Chih.- “Es un orgullo poder participar en las diferentes operaciones y trabajar con personal masculino”, afirma la teniente de la Fuerza Aérea Mexicana, cuya preparación como piloto aviador forma parte de las capacidades que permiten apoyar a la población durante emergencias, como las atendidas mediante el Plan DN-III-E.
Para la teniente Carla Paola Pérez Escalante, volar una aeronave de la Fuerza Aérea Mexicana representa mucho más que una profesión: es el orgullo de formar parte de una institución que exige disciplina, preparación y compromiso, y que también tiene la responsabilidad de acudir en auxilio de la población cuando ocurre una emergencia.
Como piloto aviador militar, su especialidad forma parte de las capacidades con las que las Fuerzas Armadas pueden responder ante situaciones que ponen en riesgo a las comunidades. Una de ellas es el Plan DN-III-E, mediante el cual el Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos participan en labores de prevención, auxilio y recuperación frente a desastres naturales.
Cuando las lluvias provocan inundaciones, los caminos quedan bloqueados o una población necesita ayuda urgente, los medios aéreos pueden contribuir a trasladar personal, víveres, medicamentos y suministros hacia los lugares afectados. También pueden apoyar en el reconocimiento de las zonas dañadas y en otras tareas de auxilio, de acuerdo con las condiciones de cada operación.
Es en este ámbito donde la preparación de pilotos como Carla Paola adquiere especial relevancia: estar capacitada para cumplir las misiones que le sean asignadas y poner sus conocimientos al servicio de una operación que busca proteger a la población civil.
Al hablar de su profesión, la teniente destaca el orgullo que siente por desempeñarse en una especialidad que durante muchos años estuvo integrada principalmente por hombres.
“Es un orgullo poder participar en las diferentes operaciones y trabajar con personal masculino”, expresa, al describir lo que significa para ella formar parte de las tripulaciones de vuelo.
Sus palabras también reflejan el cambio que ha vivido la aviación militar mexicana. La incorporación de mujeres como pilotos aviadores a las tripulaciones de vuelo comenzó en 2007, lo que abrió nuevas oportunidades para quienes buscaban desarrollarse profesionalmente en esta actividad.
“Es una oportunidad que hace muchos años no se veía”, señala Carla Paola, al recordar la importancia de que las mujeres puedan participar en las distintas tareas de la aviación militar.
Ser piloto aviador militar implica mucho más que estar al mando de una aeronave. Cada vuelo requiere preparación, conocimiento de la ruta, revisión de las condiciones meteorológicas y coordinación con los demás integrantes de la tripulación.
La seguridad es fundamental, especialmente cuando se trata de operaciones en condiciones complicadas. Por eso, cada misión debe realizarse conforme a los procedimientos establecidos y tomando en cuenta las características del terreno, el clima y los objetivos que deben cumplirse.
En el marco del Plan DN-III-E, los aviones de transporte y los helicópteros pueden desempeñar funciones distintas según las necesidades de la emergencia. Mientras algunas aeronaves permiten movilizar personal y grandes cantidades de suministros, otras ofrecen posibilidades para acceder a lugares donde el tránsito por tierra se dificulta.
Detrás de cada vuelo también existe el trabajo de mecánicos, especialistas, personal técnico y elementos militares que preparan los equipos y coordinan las acciones para que las operaciones puedan desarrollarse de manera segura.
La atención de un desastre requiere precisamente esa suma de esfuerzos. Mientras el personal en tierra brinda asistencia directa a las familias, las tripulaciones aéreas pueden contribuir a que los recursos y el personal lleguen a los puntos donde se necesitan.
Para Carla Paola, su especialidad representa la posibilidad de participar en las operaciones que la institución le encomiende, incluidas aquellas relacionadas con el apoyo a la población civil cuando las circunstancias lo requieren.
La trayectoria de las mujeres piloto aviador forma parte de una transformación que comenzó a tomar fuerza en 2007. Desde entonces, su participación en las tripulaciones de vuelo ha permitido ampliar las oportunidades para quienes desean desarrollar una carrera dentro de la Fuerza Aérea Mexicana.
Carla Paola reconoce el valor de ese cambio y de compartir las responsabilidades profesionales con sus compañeros.
“Es una oportunidad que hace muchos años no se veía”, expresa, en una frase que resume el significado que tiene para ella formar parte de esta especialidad.
Su trabajo requiere preparación constante, capacidad para tomar decisiones y disposición para responder a las exigencias del servicio. En una operación militar, cada integrante cumple una función y la coordinación resulta indispensable para alcanzar los objetivos establecidos.
Cuando se trata de una emergencia, además, las tareas adquieren una dimensión humana: detrás de cada traslado de suministros o de cada operación de reconocimiento hay comunidades que necesitan atención y familias que esperan recuperar la tranquilidad después de un desastre.
El Plan DN-III-E permite articular esos esfuerzos para atender a la población afectada. La participación de la Fuerza Aérea Mexicana, a través de sus capacidades y personal especializado, contribuye a que la ayuda pueda llegar incluso a zonas donde las condiciones dificultan el acceso por otros medios.
Carla Paola Pérez Escalante representa a las mujeres que se han abierto camino en la aviación militar y que, desde su preparación profesional, forman parte de una institución con responsabilidades tanto operativas como de apoyo a la ciudadanía.
Para ella, el orgullo de ser piloto aviador está en participar en las diferentes operaciones y asumir el compromiso que implica su profesión. Y cuando las necesidades del país demandan la intervención de las Fuerzas Armadas ante un desastre, esa preparación puede formar parte de una respuesta cuyo propósito es auxiliar a quienes más lo necesitan.