Chihuahua, Chih.- La montañista chihuahuense, Alicia Hinojos, ha escalado decenas de cumbres en México, Sudamérica, Estados Unidos y Europa. Este 2026 cumplió uno de los sueños más grandes de cualquier alpinista: caminar en solitario hasta el Campamento Base del Everest y conquistar una montaña de más de seis mil metros de altura en la cordillera del Himalaya.
Mientras la mayoría de las personas busca descansar durante las vacaciones, Alicia Hinojos Quiñones invierte su tiempo, su esfuerzo y sus recursos en perseguir un objetivo muy distinto: conquistar las montañas más altas del planeta.
Para la chihuahuense, caminar durante dos semanas cargando una mochila de casi 17 kilogramos, dormir a más de cinco mil metros sobre el nivel del mar, soportar temperaturas bajo cero y respirar un aire cada vez más escaso no representa un sacrificio, sino la oportunidad de cumplir un sueño que comenzó hace 9 años y que hoy la coloca entre las montañistas más destacadas del estado.
Su más reciente hazaña la llevó hasta Nepal, donde recorrió sola la legendaria ruta hacia el Campamento Base del Everest y posteriormente escaló el Lobuche East, una montaña que supera los seis mil metros de altura, uno de los mayores retos de su trayectoria deportiva.
Pero detrás de esa fotografía frente al Himalaya existe una historia de disciplina, entrenamiento y perseverancia que inició mucho antes de pisar las montañas más altas del mundo.
Convierte el alpinismo en una forma de vida
La montañista chihuahuense ha escalado decenas de cumbres en México, Sudamérica, EU y Europa
De los senderos de Chihuahua a las grandes cumbres. Alicia recuerda que su amor por la naturaleza nació desde la infancia.
Aunque oficialmente formó parte de los Scouts, desde pequeña disfrutó recorrer senderos, explorar montañas y pasar tiempo al aire libre.
Durante años practicó senderismo únicamente como un pasatiempo, hasta que en 2017 decidió dar el siguiente paso e incursionar en la alta montaña.
“Fue entonces cuando comprendí que quería dedicarme a subir montañas cada vez más grandes”, relata.
Aquella primera experiencia fue el inicio de una preparación que no ha dejado de crecer.
En un principio se consideraba apenas una principiante, pero su curiosidad por aprender y su determinación la llevaron rápidamente a buscar capacitación especializada.
Nace un proyecto para acercar la montaña a todos
En 2018, junto con otros apasionados del alpinismo, fundó Club Alpino Chihuahua.
Más que organizar expediciones, el propósito era romper el mito de que la alta montaña es un deporte exclusivo para expertos. Desde entonces el grupo ha capacitado a decenas de personas interesadas en conocer este mundo.
Antes de cualquier ascenso importante, los participantes reciben cursos donde aprenden a utilizar correctamente crampones, piolet, casco, arnés y equipo especializado, además de practicar técnicas para reaccionar ante una caída sobre hielo o cualquier otra emergencia.
La filosofía del club es sencilla: una persona bien preparada tiene muchas más posibilidades de disfrutar la montaña y regresar a casa con seguridad.
Los Andes se convirtieron en su universidad
En 2021 decidió cruzar el continente para entrenarse en una de las cordilleras más importantes del planeta: los Andes.
Ahí no solamente realizó expediciones en Ecuador, Perú y Bolivia, sino que tomó cursos especializados en seguridad, rescate y técnicas avanzadas de alta montaña.
Desde entonces ha realizado alrededor de seis viajes a Sudamérica y ha recorrido más de 20 grandes cumbres. Solamente el mal clima le ha impedido alcanzar la cima en dos ocasiones.
La montaña, explica, siempre tiene la última palabra.
Seis veces por encima de los seis mil metros
El currículo deportivo de Alicia impresiona: ha ascendido repetidamente el Iztaccíhuatl, el Popocatépetl y el Pico de Orizaba, unas de las montañas más altas de México. Ha escalado el Monte Whitney y el Monte Rainier, en Estados Unidos; recorrió diversas montañas en los Alpes europeos y ha conquistado varias cumbres andinas que superan los seis mil metros sobre el nivel del mar.
Con la expedición realizada este año en Nepal alcanzó por sexta ocasión una altitud superior a los seis mil metros, una cifra reservada para muy pocos alpinistas mexicanos.
Catorce días completamente sola en el Himalaya
El reto más ambicioso llegó este año. Alicia decidió viajar sola a Nepal para recorrer el sendero hacia el Campamento Base del Everest.
Durante 14 días caminó entre bosques, puentes colgantes, ríos de deshielo, pequeños poblados sherpas y enormes paredes de roca y hielo.
Cada jornada implicó cargar una pesada mochila con ropa, alimentos y equipo indispensable para sobrevivir en la montaña.
Mientras la mayoría de los turistas contrata porteadores para transportar su equipaje, ella decidió hacer prácticamente todo el recorrido por sus propios medios.
Su única prioridad era llegar antes de que terminara la corta ventana de buen clima. Por ello renunció incluso a los días de descanso recomendados para aclimatarse.
Sabía que si se detenía, probablemente las nubes cubrirían el Everest y perdería la oportunidad de contemplarlo.
Respirar deja de ser algo automático
A partir de los cuatro mil quinientos metros comenzó el verdadero desafío. El oxígeno disminuye considerablemente y cualquier actividad cotidiana exige un enorme esfuerzo.
Vestirse, caminar unos cuantos metros o simplemente agacharse para atar las agujetas puede convertirse en una tarea agotadora.
Alicia explica que la mayoría de los montañistas experimenta dolores de cabeza, náuseas, mareos, pérdida del apetito y una intensa fatiga.
En casos extremos puede presentarse edema pulmonar o cerebral, condiciones potencialmente mortales.
Gracias a su constante preparación física únicamente sufrió un ligero dolor de cabeza durante una noche. Su cuerpo ya estaba acostumbrado a enfrentar esas condiciones.
El Everest… y después otro reto todavía mayor
Al llegar al Campamento Base del Everest, ubicado a más de cinco mil 300 metros sobre el nivel del mar, Alicia sintió que apenas comenzaba la aventura.
Desde ahí ascendió al mirador Kala Patthar, considerado el mejor sitio para observar el Everest en toda su majestuosidad. Pero todavía tenía un objetivo pendiente.
Se desvió del recorrido turístico para dirigirse al Lobuche East, una montaña de poco más de seis mil metros cuya ascensión requiere conocimientos técnicos.
Fue necesario utilizar crampones, piolet, casco, cuerdas fijas, arnés y ascendedores mecánicos, además de contratar un guía certificado, requisito obligatorio establecido por el Gobierno de Nepal para ese tipo de cumbres.
El Himalaya, un espectáculo imposible de describir
Después de haber recorrido los Andes, los Alpes y las grandes montañas de norteamérica, Alicia asegura que ninguna experiencia se compara con contemplar los gigantes del Himalaya.
Durante el amanecer observó cómo las primeras luces del Sol pintaban de tonos dorados y rosados las enormes paredes nevadas de ocho mil metros.
“Es otro mundo”, afirma. “Los paisajes son impresionantes y hacen que todo el esfuerzo haya valido la pena.”
También destaca la calidez del pueblo nepalí y la tranquilidad con la que pudo viajar completamente sola durante dos semanas. Nunca sintió miedo ni inseguridad.
No todo es belleza
La otra cara de la expedición son las condiciones de vida. Conforme aumenta la altitud desaparecen las comodidades.
No existen carreteras, automóviles ni motocicletas. Todo lo que llega a la montaña: alimentos, gas, agua potable, papel sanitario y combustible debe ser transportado por personas o animales.
Las habitaciones son sencillas, el agua caliente se vuelve un lujo y hasta cargar un teléfono celular puede costar varios cientos de rupias.
Sin embargo, para Alicia esas incomodidades forman parte de la esencia de una expedición auténtica.
El error que cometen casi todos los principiantes
Después de años de experiencia, la alpinista identifica un fallo que se repite una y otra vez entre quienes comienzan. Creer que el frío puede combatirse usando demasiada ropa.
En realidad, explica, el mayor enemigo del montañista es el sudor.
Cuando la ropa se moja, el cuerpo pierde calor rápidamente y aumenta el riesgo de hipotermia.
Por ello, recomienda utilizar el sistema de tres capas: una prenda que elimine la humedad del cuerpo, otra que conserve el calor y una tercera que proteja del viento, la nieve y la lluvia.
“La montaña no se trata de llevar mucha ropa; se trata de saber cuándo ponértela y cuándo quitártela”, explica.
Un deporte que cambió después de la pandemia
Alicia asegura que el senderismo y la alta montaña experimentaron un crecimiento histórico después de la pandemia de Covid-19.
Con los gimnasios cerrados, miles de personas comenzaron a explorar los cerros y montañas. Muchas descubrieron un deporte que jamás imaginaron disfrutar.
Hoy, Club Alpino Chihuahua reúne a personas de todas las edades interesadas en entrenar y prepararse para futuras expediciones.
Las salidas de senderismo son completamente gratuitas y sirven como primer contacto con este deporte.
La próxima meta ya está en marcha
Lejos de pensar en descansar, Alicia ya prepara su siguiente expedición.
En los próximos días regresará a los Andes para intentar nuevas cumbres superiores a los seis mil metros, convencida de que cada montaña representa una oportunidad para aprender.
Su historia demuestra que las grandes metas no comienzan en la cima, sino con el primer paso.
Desde los cerros de Chihuahua hasta las imponentes montañas del Himalaya, Alicia Hinojos Quiñones ha demostrado que la verdadera conquista no consiste únicamente en llegar a la cumbre, sino en vencer los propios límites y abrir camino para que más personas descubran que las montañas también pueden cambiar vidas.
Quien guste pertenecer al grupo del Club Alpino con Alicia Hinojos, pueden llamar al número (614) 152-5565, donde les pueden orientar para que puedan realizar actividades de alta montaña. Niños y adultos son bienvenidos.