Diana pasó por muchos diagnósticos de salud mental antes de encontrar un tratamiento que funcionara, pero cuando llegó el momento de surtir su receta, de los cinco medicamentos sólo encontró uno en la farmacia del hospital público. Ella como el 10.8% de personas mayores de 18 años en el estado de Chihuahua, según el INEGI, atraviesan un problema de salud mental o muestran indicios que pueden ir acompañados del desabasto de medicamentos.

El derecho a la salud está tipificado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en su artículo 4° dice: “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud y será la ley quien defina las bases y modalidades para el acceso a esta misma”. Pero, ¿qué pasa cuando estás garantías se vuelven el privilegio de unos cuantos?

La Recomendación General 15 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) establece que este derecho es vulnerado cuando las autoridades incumplen con su obligación de brindar servicios de salud oportunos, adecuados y de calidad

Entre 2024 y lo que va de 2026 las quejas por omitir el suministro de medicamentos han mostrado un incremento con los años anteriores, según la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) las principales autoridades señaladas son la Secretaría de Salud con 16 quejas, Pensiones Civiles del Estado (PCE) con 11 y el Sistema Penitenciario Estatal con seis. En el ámbito federal recibieron 19 quejas contra el IMSS y una contra el ISSSTE, las cuales fueron canalizadas a la CNDH para su seguimiento.

Los municipios que concentraron las denuncias fueron Chihuahua, Juárez, Parral y Delicias; las personas más afectadas por falta de medicamento fueron aquellas que entran en el grupo de 40 a 49 años de edad con 11 quejas, seguidas por las de 60 a 69 años con 10, y 50 a 59 años con ocho.

La CEDH informó que las recomendaciones emitidas por violaciones relacionadas con la protección al derecho a la salud fueron tres a la Secretaría de Salud del Estado y en 2025 otras dos, una para el Ichisal y otra para el Instituto Municipal de Pensiones (IMPE).

“No entendía por qué me sentía tan triste si tenía una familia y debía ser feliz”, expresó Nohemí A., paciente con trastorno bipolar, quien ha atravesado a lo largo de su vida por ansiedad y depresión. A propósito de estos trastornos, el INEGI en la última Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado revela que de un total de dos millones 758 mil 761 mayores de edad en el estado de Chihuahua, 311 mil 428 presentaron indicios de depresión, y de ansiedad estiman que el 21.7% de la población atraviesa dificultades mentales que los hacen sentir un peligro que no existe; 191 mil personas se sienten solas mientras atraviesan estas dificultades.

Cuando la red de apoyo no es suficiente, tienen que acudir directamente a tratamiento médico que permita al paciente ser funcional; el problema reside cuando la continuidad de éste es interrumpido por situaciones fuera de las manos del paciente como es el desabasto de medicamentos, el cual de ser suspendido podría limitar el proyecto de vida del paciente.

“Nunca deben suspender un medicamento psiquiátrico de forma abrupta, muchos pacientes vuelven a tener ideas suicidas cuando dejan sus medicamentos”, expresó la psicóloga Paulina Riquelme, quien advirtió que suspender de un día para otro un tratamiento puede llevar a consecuencias emocionales y físicas graves dependiendo del medicamento consumido, ya que puede desencadenar cuadros depresivos más severos, ansiedad intensa, deseos de morir, conflictos familiares e incluso secuelas neurológicas permanentes.

Para personas que tienen la mayoría de su vida tratando ciertos trastornos psiquiátricos se ha vuelto cansado no contar con la ayuda de las instituciones públicas y privadas que, de prestar sus servicios desde una temprana edad, evitarían secuelas más grandes.

Nohemí relata que desde la infancia ya presentaba señales de un trastorno mental, pero por la falta de dinero sus padres no la atendieron a tiempo, “desde muy niña algo ya andaba mal, lloraba mucho y tenía fuertes dolores de cabeza”. Fue hasta los 24 o 25 años que acudió con un especialista, en donde recibió el diagnóstico inicial de trastorno maníaco depresivo, lo que hoy comúnmente es conocido como trastorno bipolar.

Explicó que durante años tuvo un tratamiento médico con el que relativamente se sentía estable, ya que acudía con expertos particulares, sin embargo, para ella la necesidad de ahorrar dinero la llevó a acudir al sistema público en donde comenzaron los cambios constantes de medicamentos, “todo dependía de cuando me veía el psiquiatra y si había medicamentos, aunque nunca me explicaban por qué me los cambiaban”.

En la actualidad Adame sostiene que cuando recibe el tratamiento adecuado y continuo puede llevar una vida completamente funcional, pero l a falta d e medicinas provoca cambios importantes en su estado emocional, su conducta y sus relaciones familiares, ya que comenta que la relación con su expareja tenía momentos de tensión, en donde ella no se sentía bien emocionalmente la mayoría del tiempo, actitud que llegaba a ser mal comprendida por su entonces esposo.

“Muchos creen que uno cambia de ánimo porque quiere, con el tratamiento adecuado y sin interrumpir, no lloras por cualquier cosa ni te enojas por todo”, expresó al dar a conocer cómo el desabasto de sus medicamentos afectaba su relación más íntima en esos momentos.

Para Diana Holguín, madre de cuatro, durante años recibió diferentes diagnósticos de salud mental, entre ellos depresión, ansiedad, trastorno obsesivocompulsivo y finalmente trastorno bipolar, además de otros padecimientos como hipotiroidismo y fibromialgia que hacen que sus emociones estén alteradas, señalando que ha esperado hasta seis meses por una consulta con el psiquiatra y que finalmente cuando recibe la receta, no hay medicamentos disponibles, incluso semanas sin recibir su tratamiento.

“Siento que no existe un verdadero seguimiento de los pacientes, cada psiquiatra me cambiaba el diagnóstico y también el medicamento, donde tardan meses en dártelo”, dio a conocer Diana sobre la interrupción continua de su tratamiento, que agrava su depresión y ansiedad, además de que también incrementa el dolor provocado por la fibromialgia, afectando su capacidad para realizar actividades cotidianas, repercutiendo directamente en la relación que tiene con sus hijos, quienes son los que más resienten sus episodios depresivos cuando no hay tratamiento continuo, aseguró.

Entre 52 naciones que revisa la OCDE, México está en el puesto 51 de los peores países con políticas públicas relacionadas a la salud: Dr. Alejandro Pineda

Nexum Médica es una asociación que, entre cosas, funge como banco de medicamentos en la ciudad de Chihuahua. Para su fundador, el doctor Alejandro Pineda, entender el problema de desabasto de fármacos psiquiátricos tiene su raíz en la corrupción de diversas instituciones y empresas farmacéuticas que controlan el negocio. Según Pineda reciben en su organismo alrededor de cuatro m i l solicitudes de tratamiento al mes, en donde los antidepresivos y ansiolíticos constituyen el 60% de los pedidos.

El problema en el sistema de salud viene desde las políticas públicas, por ejemplo, en palabras del médico, de los 52 países que monitorea la OCDE, México se ubica en el número 51 de las peores naciones con políticas públicas relacionadas a la salud, “eso genera un efecto dominó con muchos problemas que ya estamos viviendo actualmente”, dijo.

“Muchos pacientes llegan con nosotros porque no encontraron su medicamento en ninguna institución, en otros casos sí encuentran el medicamento pero simplemente no alcanza para comprarlo”, dio a conocer el doctor, atribuyendo el desabasto a problemas estructurales del sistema de salud, entre ellos políticas públicas deficientes, corrupción y monopolios farmacéuticos, así como procesos regulatorios que limitan la entrada de otros fabricantes al mercado.

Prácticas como acudir a bancos de medicamentos o tratar de conseguirlos en línea para no interrumpir un tratamiento también se ha vuelto común, sin embargo el propio Pineda señala que buscar desde la desesperación, “uno de los principales riegos es que las personas compren medicamentos falsificados, que son un riesgo mucho mayor que el propio desabasto, ya que pierden su efectividad si no fueron almacenados correctamente”.

Si bien las instituciones públicas resultan ser la mejor opción para múltiples pacientes psiquiátricos, relatos como el de Nohemí, Diana o el propio médico Alejandro Pineda exponen la realidad para otros tantos; el gasto económico que puede llevar tener un tratamiento continuo en instituciones privadas o con médicos particulares excede las posibilidades de la persona en tratamiento, y es ahí donde nace la interrogativa, ¿cuidar la salud mental y tener un tratamiento oportuno es un lujo?

“Nunca deben suspender un tratamiento psiquiátrico de forma abrupta, muchos pacientes vuelven a tener ideas suicidas cuando dejan sus medicamentos”, Paulina Riquelme Psicóloga

“No tengo el dinero para comprar el medicamento por mi cuenta propia, no puedo sacar dos mil o dos mil 500 pesos para pagar el tratamiento”, menciona Diana sobre cómo le hace para costear su tratamiento, pues muchas veces tiene que poner como prioridad a sus hijos, primero asegura que a ellos no les falte nada para después dar paso a su salud mental, la cual se ve afectada por tal situación.

Ser madre de familia también implica tener ciertas restricciones, para Nohemí, desde su juventud los tres hijos que la esperaban en casa se volvieron su prioridad. Al tener que atenderse y estar soltera, su urgencia era llevar sustento a su hogar, “siento que la salud mental es algo de ricos, cuando tienes un malestar general puedes acudir a la farmacia de la esquina, pero cuando es algo mental tienes que ir a un especialista que te va a costar bastante dinero”.

Para el doctor Alejandro Pineda el tema de la salud mental es una necesidad básica para el ser humano, ya que a pesar de no contar con las instituciones suficientes para tratar el problema, el paciente siempre va a tener que ir a buscar su beneficio a como dé lugar. Refiere que es un problema mucho más grande de lo que creen, asegurando que en el estado de Chihuahua hay 0.1 psiquiatras por cada 100 mil habitantes, los cuales no van a ser accesibles por la alta demanda, refiere.

Pineda menciona que incluso si las consultas costaran 10 mil pesos, las personas que están atravesando una crisis, pagarían lo que fuera por una consulta con un psiquiatra, toda vez, que la realidad en hospitales públicos es la falta de profesionales en el tema, pues han optado por desenvolverse en la vía privada, aquellos que si atienden en espacios gubernamentales, enfrentan la falta de infraestructura y las denuncias de los derechohabientes quienes les reclaman la falta de espacios, retraso en consultas y desabasto de medicamentos

“Si tenemos hambre y al Gobierno le da igual, de todas formas tenemos que salir a buscar comida, si no tenemos un techo y al gobierno le da igual, de todas formas vamos a buscar en dónde cubrirnos, lo mismo pasa con la salud mental, si no me dan tratamiento de igual forma voy a hacer lo posible para obtenerlo”.

Para el experto en salud es lamentable que esto se haya convertido en un lujo, llamándolo un privilegio para poder acceder a un buen sistema de salud, en donde se están cortando diferentes brechas económicas, cuando para la clase media era normal tener un seguro de gastos médicos en estos momentos ya no se puede decir lo mismo.

La Pirámide de Necesidades de Maslow clasifica las necesidades humanas en cinco niveles, siendo la segunda la seguridad. La psicóloga Paulina Riquelme refiere que el hecho de no tener la solvencia económica para acceder a un tratamiento ininterrumpido, puede llevar al paciente a sentir culpa por la dificultad de no tener lo suficiente para estar bien y quedar estancado en el segundo nivel, que evita que avance a satisfacer las siguientes necesidades que son sociales, de estima y autorrealización.

“¿Qué pensarías si yo te dijera que se hacen muchos programas de prevención por que a las autoridades les sale más barato prevenir enfermedades que tratarlas; qué pasaría si te dijera que si todos tenemos acceso a este tipo de medicamentos y tratamiento psiquiátrico se reduciría de manera importante el número de violencia, de suicidios, es más incluso los niveles de homicidios”.

Analizar todas las vertientes a las que puede llevar una frase como “no hay medicamento” representa una tarea para la sociedad y gobiernos, que enfrentan la responsabilidad de no violentar el derecho a la salud de quienes tienen un diagnóstico de salud mental, como el caso de la bipolaridad y los estigmas que la rodean.

“Paso de sentirme muy mal, de tener momentos muy bajos sentirme muy mal, de repente en unos días es como que traigo mucha euforia, quiero comerme el mundo entero, y de repente otra vez, me voy hacia abajo”, comparte Diana sobre su diagnóstico que tardó años en llegar, ya que los doctores cambiaban constantemente su valoración y cuando lograba un avance, sin explicación modificaban el juicio clínico y el tratamiento.

La consecuencia más grave que puede enfrentar un paciente que suspende su tratamiento psiquiátrico es el suicidio. En 2024 registraron 554 defunciones por esta causa en el estado de Chihuahua, según cifras del INEGI. “Sentía que la vida no tenía sentido, sin encontrar una explicación”, dijo Nohemí sobre uno de los momentos más críticos de su vida. “Muchas personas creen que exagero, o que todo está en mi cabeza”, expresó Diana, quien añade, “siento que están jugando con mi salud mental”.

Las victimas coinciden en que el derecho a la salud, en especial a la salud mental, evidencia la nula importancia en el tema y la falta de empatía que existe detrás de un desabasto de medicamento que por años ha evolucionado en nuestro país y estado, ya sea pacientes esperando meses por litio, metilfenidato o benzodiacepinas.