KAJIADO, Kenia (AP) — Valarie Wairimu no tiene tiempo para descansar durante el recreo en la Escuela Femenina Greenland de Kenia. La adolescente toma un refrigerio y va directo a lo que hace única a esta escuela: su guardería.
Un equipo de niñeras que han cuidado a Kayden, su bebé, recibe a la joven, de 19 años, antes de que ella lo alimente entre clases.
La escuela es la única institución educativa en Kenia dedicada a madres adolescentes y cuida a muchos de sus hijos. Para sus 310 alumnas y más de 80 niños, desde recién nacidos hasta pequeños de corta edad, Greenland representa una segunda oportunidad de estudiar sin estigmas y, según expertos, un modelo de cómo las madres jóvenes pueden reintegrarse a la educación.
“Cuando me enteré de que estaba embarazada, no tenía otro lugar adónde ir”, dijo Wairimu, quien ha estado en los primeros puestos de su clase en los exámenes de Greenland y espera convertirse en médica.
El internado se fundó en 2015 y ha permitido que cientos de niñas y mujeres jóvenes cursen la educación secundaria mientras apoyan a sus hijos. Algunas han seguido carreras profesionales exitosas, incluso en el gobierno y la medicina.
La escuela es administrada por el grupo sin fines de lucro Shining Hope for Communities y muchas estudiantes asisten mediante becas.
La mayoría de las alumnas provienen del cercano condado de Kajiado, al sur de Nairobi, donde la escuela cuenta con una red de agentes de extensión comunitaria que pueden enviar a futuras madres.
La escuela también está vinculada con los servicios sociales y es conocida por docentes de toda Kenia, incluso en el lejano oeste, de donde proviene Wairimu. Ella vivía en una familia con un padre soltero y un hermano menor, y no podía costear el cuidado de un recién nacido. Su abuela conocía la escuela y logró que remitieran a Wairimu.
Muchas de las estudiantes provienen de entornos difíciles y algunas quedaron embarazadas como resultado de agresiones sexuales, además de matrimonios forzados.
Paul Mukilya, director de la escuela, explicó que los padres no suelen brindar apoyo y que los agentes de extensión comunitaria del plantel se ven obligados a buscar la anuencia de los ancianos de la comunidad para que las estudiantes puedan asistir.
“Algunos de los desafíos que enfrentan las estudiantes son la familia y la comunidad. La mayoría no ha logrado aceptarlas tal como son”, señaló Mukilya. “Cuando llegan aquí, les brindamos asesoramiento psicológico y mentoría”.
Las relaciones sexuales con menores —quienes tienen menos de 18 años— son ilegales en Kenia, pero la ley está estructurada de modo que solo los varones son acusados de cometer un delito. Los embarazos de menores suelen terminar en los tribunales y Greenland apoya a sus estudiantes y se coordina con las autoridades locales, especialmente en casos de matrimonios de menores.
Mientras las estudiantes están en clase, el personal de la escuela se hace cargo del cuidado infantil y ofrece mentoría a las jóvenes.
“Algunas madres ven a sus hijos como una carga”, comentó Caroline Mumbai, cuidadora en Greenland que tiene dos hijos propios. “Así que también les enseñamos cómo ser madres”.
Hacer que la educación sea accesible para madres adolescentes es un desafío en Kenia y una tarea cada vez mayor para un país con una población joven que crece rápidamente. Más de 125.000 nacimientos vivos en 2024 fueron de madres adolescentes menores de 19 años, según estadísticas nacionales de Kenia.
El Population Council, un centro de análisis sobre salud y desarrollo, encontró en 2015 que dos tercios de las madres adolescentes mencionaron su embarazo como la razón por la que abandonaron la escuela. Apenas en 2022, el grupo de investigación IDinsight halló que el embarazo no planificado fue, después de la falta de dinero para las cuotas escolares, la principal causa de que las niñas no retomen la educación.
En respuesta a la demanda de las regiones costeras de Kenia, Greenland Girls School está en proceso de abrir un segundo campus en el condado de Kilifi.
“A toda niña que quede embarazada y abandone la escuela se le debe permitir el reingreso”, afirmó el doctor Githinji Gitahi, director ejecutivo de la agencia de desarrollo Amref Health Africa. “Las escuelas especiales son importantes para complementar el marco general de políticas escalables. Debemos centrarnos en estas escuelas que ayudan a cerrar la brecha de equidad”.
Las estudiantes de Greenland dicen que también valoran un entorno libre de estigma, lo que fomenta el aprendizaje.
“La gente solía juzgarme porque quedé embarazada”, contó Mary Wanjiku, de 20 años, cuyo hijo tiene casi 18 meses. Ahora espera convertirse en abogada.
“En cuanto llegué aquí, me recibieron con amor”, expresó.