El episodio protagonizado por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el mes pasado, cuando abandonó en secreto el Air Force One en Turquía para abordar otra aeronave, generó críticas por el hermetismo de la Casa Blanca.
Sin embargo, para algunos periodistas rusos, el secretismo que rodea al Presidente Vladimir Putin pertenece a una categoría completamente distinta.
La opacidad en torno a los movimientos de Putin ha llegado a tal extremo que periodistas han recurrido incluso al estado de las plantas de sus oficinas para determinar cuándo y dónde ocurrieron realmente algunas de sus reuniones televisadas.
Ese fue uno de los métodos utilizados este año para cuestionar la cronología difundida por el Kremlin.
El deterioro visible de las hojas de las plantas en los despachos que aparecen en televisión permitió sugerir que ciertas reuniones no habían ocurrido en las fechas anunciadas oficialmente, sino días antes o después y, en algunos casos, en un orden diferente.
Para Putin, este tipo de maniobras forman parte de un sistema mucho más amplio de ocultamiento.
Mikhail Rubin, periodista de investigación ruso, consideró que, frente a las prácticas del Kremlin, el episodio de Trump es apenas "un juego de niños".
Según investigaciones periodísticas, Putin dispone de oficinas prácticamente idénticas en distintas residencias para impedir que las imágenes de sus reuniones permitan establecer dónde se encuentra.
Las diferencias son tan pequeñas que periodistas han tenido que fijarse en detalles como las manijas de las puertas o las juntas de las paredes para distinguir un despacho de otro.
El Kremlin también habría desarrollado una compleja infraestructura para mantener en secreto los desplazamientos presidenciales.
Informes de prensa e imágenes satelitales han identificado un tren presidencial, ramales ferroviarios exclusivos y estaciones construidas cerca de al menos tres de sus residencias de campo.
En 2021, durante una visita al lago Valdai, donde Putin tiene una residencia, se pudo observar parte de ese sistema.
Habitantes de la zona hablaron de una misteriosa línea ferroviaria construida hacia la propiedad presidencial. Las imágenes satelitales mostraban una nueva estación con helipuerto que no aparecía en mapas ni horarios oficiales.
Dos años después, un desertor del Servicio Federal de Protección ruso afirmó que Putin utilizaba el tren para dificultar su rastreo. Documentos filtrados, además, apuntaban a la existencia de un convoy blindado acondicionado para funcionar como oficina presidencial, camuflado como un tren de pasajeros y equipado con gimnasio, spa y sistemas especiales de comunicación.
El secretismo también alcanza a los funcionarios que se reúnen con Putin. En ocasiones deben mantener sus encuentros en reserva hasta que el Kremlin decide transmitir las imágenes, incluso semanas después.
Una vez difundidas, la reunión puede presentarse como si hubiera ocurrido ese mismo día.
En Rusia, las versiones oficiales sobre el paradero del Presidente son "algo habitual", según Farida Rustamova, periodista rusa especializada en el Kremlin y actualmente exiliada.
Rustamova ha documentado casos en los que los participantes de reuniones televisadas hacen referencia a acontecimientos que ya habían ocurrido semanas antes o aparecen con ropa y peinados distintos a los que llevaban en intervenciones públicas previas.
La práctica incluso tiene un nombre entre periodistas rusos: konservy, o "productos enlatados", utilizado para describir las reuniones grabadas con anticipación y difundidas posteriormente.
El Kremlin ha negado en el pasado que haya engañado al público sobre la ubicación de Putin y no respondió a una solicitud de comentarios.
Rubin descubrió hace más de una década el alcance del hermetismo presidencial, cuando cubría al Kremlin para un diario económico ruso. En una ocasión vio llegar a integrantes del Consejo de Seguridad de Putin para una reunión, pero el encuentro no fue anunciado oficialmente hasta varios días después, como si acabara de ocurrir.
Con el tiempo, concluyó que la imagen pública del Mandatario era cuidadosamente construida. "La imagen pública de Putin es una farsa. Es una mentira absoluta de principio a fin", afirmó.
Rubin fue también quien reveló en 2020 que Putin utilizaba despachos casi idénticos en residencias de los alrededores de Moscú y en Sochi, a orillas del Mar Negro.
Una investigación publicada el año pasado por Radio Free Europe/Radio Liberty encontró nuevos indicios de que las oficinas eran distintas pese a su apariencia prácticamente idéntica.
La estrategia no responde únicamente a preocupaciones de seguridad. También permite al Kremlin proyectar la imagen de un Presidente permanentemente activo y al mando, aunque las reuniones que aparecen en televisión hayan sido grabadas mucho antes.
El aislamiento de Putin se intensificó durante la pandemia de COVID-19, cuando funcionarios debían cumplir cuarentenas de dos semanas antes de reunirse con él. Ese sistema también facilitó ocultar sus movimientos.
Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, las medidas de seguridad se reforzaron todavía más, particularmente conforme aumentaron los ataques con drones dentro de territorio ruso.
En Moscú, incluso existe la sospecha de que las enormes caravanas de vehículos que supuestamente transportan al Presidente funcionan en ocasiones como señuelos. Rustamova sostiene que esa práctica existe y un contacto suyo relacionado con el Kremlin confirmó la misma versión.
La seguridad presidencial también habría contribuido a restricciones como los cortes de internet móvil en Moscú y a limitar los desplazamientos de Putin, según reportes.
Frente a este modelo de secretismo, el caso de Trump resulta menos extraordinario para periodistas rusos de lo que podría parecer en Estados Unidos.
La Casa Blanca fue cuestionada por no informar públicamente del cambio de avión del Mandatario en Turquía hasta que The Washington Post reveló el episodio esta semana.
Rubin considera que las restricciones de la Administración Trump a los medios y la falta de transparencia sobre los movimientos presidenciales tienen ecos conocidos para quienes han cubierto el Kremlin.
"Putin es una caricatura de una figura que ha llevado todo lo que sucede a su alrededor al extremo del absurdo", dijo Rubin.
"Trump, a mi parecer, apenas está comenzando a moverse en esta dirección".
Con información de The New York Times.