El Buró Federal de Investigaciones (FBI) emitió el mes pasado un boletín sin precedentes dirigido a agencias policiales de todo el país: criminales están haciéndose pasar por agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para perpetrar robos, secuestros y agresiones sexuales en múltiples estados, aprovechando el perfil militarizado y el uso de máscaras que caracteriza las operaciones actuales de deportación.

El documento, obtenido por la organización de transparencia Property of the People y reportado inicialmente por Wired, detalla cinco incidentes ocurridos en 2025 donde impostores explotaron la imagen de ICE para atacar a comunidades vulnerables. La advertencia llega en un momento crítico: mientras la administración Trump defiende el uso de máscaras faciales por sus agentes como medida de seguridad, expertos en seguridad pública y derechos civiles advierten que esta práctica está borrando la línea entre arrestos legítimos y crímenes violentos.

“Cuando agentes federales enmascarados ocultan su identidad y autoridad como práctica habitual, cualquiera puede ponerse una máscara y un arma sin que se espere o requiera que verifique su autoridad”, señala Alycia Castillo del Proyecto de Derechos Civiles de Texas.

Los casos documentados por el FBI revelan un patrón alarmante de violencia bajo el disfraz de autoridad federal. El 7 de agosto, tres hombres con chalecos negros ingresaron a un restaurante en Nueva York alegando ser agentes de ICE. Ataron las manos de un empleado, le colocaron una bolsa de basura en la cabeza y robaron un cajero automático. Otro trabajador, creyendo la historia de los asaltantes, se entregó voluntariamente solo para ser pateado al suelo y amarrado.

En el condado de Bay, Florida, una mujer mostró a su víctima una camisa con las siglas de ICE y le dijo que la llevaría detenida, conduciéndola a un complejo de apartamentos antes de que lograra escapar. En Brooklyn, un hombre que se identificó como oficial de inmigración dirigió a una mujer a una escalera cercana donde la golpeó, intentó violarla y robó su teléfono antes de ser capturado por la Policía.

En Raleigh, Carolina del Norte, un impostor entró a una habitación de motel mostrando una tarjeta de presentación con placa y amenazó con deportar a una mujer si no tenía relaciones sexuales con él.

La política de máscaras: entre seguridad y opacidad

La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ha defendido el uso de máscaras como necesario para proteger a los agentes de “pandillas altamente sofisticadas como Tren de Aragua y MS-13”. El director interino de ICE, Todd Lyons, reconoció no ser “partidario de las máscaras”, pero las permite como herramienta de protección para los agentes y sus familias.

Sin embargo, la subsecretaria Tricia McLaughlin insiste en que los oficiales “se identifican claramente como autoridades” mientras usan máscaras. Esta contradicción no convence a los críticos.

“Las percepciones de legitimidad policial se socavan absolutamente cuando la aplicación de la ley la realizan oficiales enmascarados. Pero lo más importante es que también se compromete la seguridad pública”, advierte Barry Friedman, director del Policing Project en la Escuela de Derecho de NYU. “Tanto las percepciones de legitimidad como la seguridad pública requieren que los miembros de la comunidad confíen en las agencias encargadas de protegerlos. Eso es casi imposible cuando los oficiales ocultan deliberadamente sus identidades”.

El boletín del FBI reconoce que el “aumento reciente en las acciones de aplicación de ICE” está erosionando la confianza entre comunidades y Policía, creando el caldo de cultivo perfecto para los impostores.

Señales de alarma y respuesta legislativa

El FBI describe varios indicadores de impostura: credenciales falsificadas o que no coinciden, equipo de protección obsoleto y marcas vehiculares clonadas. La agencia urge a implementar programas de divulgación para identificar falsos agentes de ICE y distinguir operaciones legítimas de fraudulentas.

En Washington, un aspirante a YouTuber de 27 años, Ilya Kukhar, enfrentó cargos por conducir un vehículo con calcomanías que decían “S.U. Department of ICE Deliveries” imitando el emblema oficial, filmándose mientras aparentaba realizar arrestos. El incidente en una tienda de comestibles ucranianos en Fife dejó al personal sintiéndose “extremadamente incómodo, inseguro y amenazado”.

California ya tomó medidas legislativas. En septiembre, el gobernador Gavin Newsom firmó la SB 627, conocida como la Ley de No Policía Secreta, que prohíbe el “enmascaramiento extremo” durante arrestos o ejecución de órdenes fuera de situaciones de alto riesgo o encubiertas. Seattle considera una prohibición similar que impondría multas de hasta 5 mil dólares.

El Centro Regional de Inteligencia de Boston emitió advertencias desde diciembre pasado sobre un “aumento potencial en estafas” relacionadas con noticias de deportaciones masivas, citando un caso de la primera administración Trump donde cuatro hombres con vestimenta de ICE robaron a un hombre en Queens exigiéndole dinero para evitar arresto.

Entre la legitimidad y el terror

Jeramie Scott, asesor principal del Centro de Información de Privacidad Electrónica, señala que la administración actual ha empeorado el problema: “Usar máscaras y arrebatar personas de las calles socava la legitimidad. Crea la expectativa de oficiales federales que tratarán agresivamente a cualquiera como objetivo y, como resultado, crea las condiciones para que los impostores aprovechen esta expectativa para cometer crímenes”.

Las reglas federales exigen que los agentes de inmigración se identifiquen y establezcan la razón del arresto “tan pronto como sea práctico y seguro hacerlo”, un estándar codificado en los años 90 que, según defensores, es cada vez más ignorado.

“Es irónico que el FBI piense que ICE tiene un problema de imagen en comunidades inmigrantes debido a impostores, mientras agentes enmascarados y militarizados de ICE libran una campaña diaria de terror contra esas mismas comunidades”, concluye Ryan Shapiro, director ejecutivo de Property of the People.

La advertencia del FBI subraya una realidad incómoda: cuando la autoridad legítima adopta tácticas que inspiran miedo e incertidumbre, los criminales simplemente necesitan copiar la apariencia para explotar el terror que el Gobierno mismo ha sembrado.

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