Ciudad Juárez.- A más de mil 300 días del incendio que arrebató la vida a 40 personas migrantes y dejó a otras 27 lesionadas, la tragedia de la estación migratoria de Ciudad Juárez no puede convertirse en una historia sin responsables ni en una herida que el tiempo termine por silenciar, denunció el sacerdote Francisco Bueno Guillén, director de la Casa del Migrante en Juárez.
“Las recientes decisiones judiciales vuelven a despertar indignación y profundas preguntas: ¿Quién responde por tanto dolor? ¿Quién dará la cara ante las familias? ¿Acaso el paso del tiempo puede extinguir también la responsabilidad moral ante una tragedia de esta magnitud?”, cuestionó el religioso luego de que el pasado 13 de octubre un juez decidiera la extinción de la acción penal contra del excomisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño Yáñez, y el sobreseimiento de la causa penal 237/2023 por el incendio ocurrido en la estancia del puerto fronterizo Lerdo.
A través de un comunicado de prensa, el director del albergue católico que abrió sus puertas en esta frontera hace 26 años para apoyar a las poblaciones migrantes señaló que las víctimas que perdieron la vida ya no pueden alzar la voz para exigir justicia, pero sus familias siguen cargando con su ausencia, con preguntas sin respuesta y con el derecho irrenunciable de conocer la verdad.
“Casa del Migrante en Juárez también clama justicia. No podemos aceptar que esta tragedia termine reducida a un expediente cerrado, a una noticia pasajera o a un recuerdo que se desvanezca entre la indiferencia y el olvido”, “La indiferencia también hiere. El silencio también pesa. La omisión también interpela nuestra conciencia”, externó.
Reclamó que las personas migrantes no son cifras, expedientes ni vidas desechables, “son nuestros hermanos, seres humanos con dignidad, sueños, familias y derechos. Por eso, no podemos mirar hacia otro lado ni permitir que la costumbre, los años o la burocracia nos hagan olvidar lo ocurrido. La justicia no debe depender de quiénes son las víctimas, de dónde vienen o de la fuerza que tengan sus voces para ser escuchadas”.
La esperanza, dijo, no exime a la iglesia de la responsabilidad aquí y ahora. Al contrario, la compromete a seguir levantando la voz, acompañando a las familias y exigiendo verdad, justicia y reparación, ya que confiar en la justicia de Dios no significa resignarse ante las injusticias de este mundo.
Como Iglesia, “estamos llamados a mirar al prójimo con compasión y ternura; a corregir cuando sea necesario, pero nunca a abandonar; a orientar, proteger y acoger. Cristo nos recuerda que seremos juzgados por nuestras obras, por nuestras palabras y también por nuestras omisiones: por aquello que pudimos hacer y no hicimos, por la voz que pudimos levantar y callamos, por la persona que necesitaba protección y dejamos desamparada”, apuntó.
Que el incendio del 27 de marzo de 2023 nunca quede en el olvido. Que la memoria de quienes murieron comprometa a la iglesia y a la comunidad a defender la vida. Que el dolor de sus familias no encuentre como respuesta el silencio. Y que nunca más la condición migratoria de una persona sea motivo para que su dignidad, sus derechos o su justicia valgan menos, pidió el sacerdote.
“Desde Casa del Migrante en Juárez, seguimos del lado de las víctimas, de sus familias y de todas las personas migrantes que merecen ser acogidas, protegidas y tratadas con dignidad. La memoria permanece. La exigencia de justicia continúa. La dignidad humana no se negocia”, agregó quien actualmente da refugio a 25 personas en contexto de movilidad de origen mexicano y extranjero.