En medio de la oscuridad y la densa capa de humo, Fernando sintió el cuerpo de una persona tirada en el suelo. Así comenzó el rescate de los 67 hombres de origen extranjero que estaban encerrados durante el incendio ocurrido en la estancia provisional del Instituto Nacional de Migración (INM) de Ciudad Juárez, 27 de los cuales lograron sobrevivir, la noche del lunes 27 de marzo de 2023.

Eran aproximadamente las 9:30 de la noche; todos estaban cenando en la Estación Central de Bomberos. Parecía un turno tranquilo, cuando sonó el timbre que les indicaba una emergencia. La clave de la alerta era “416”, por lo que pensaron que se trataba de un incendio en una vivienda, pero dos minutos después ya estaban rescatando a las víctimas de la estación migratoria.
Esta vez la alerta no venía de una llamada al número de emergencia 911, sino del capitán segundo Felipe Rodolfo Rosales, quien había pasado por el puente internacional Lerdo y vio salir humo del edificio federal.

Desconocían que había personas adentro

Cuando Fernando, el sargento a cargo y tres compañeros ingresaron al estacionamiento del INM a bordo de la unidad número 19 de Bomberos, nadie les dijo que había personas adentro.
Afuera todo era silencio, no se escuchaban gritos de ayuda, ni nadie esperando a los bomberos; sin embargo, ellos hicieron su trabajo y en segundos ya estaban adentro.
“Nada más se veía humo y pues nada más. Prácticamente nada más nos llegamos a enfocar a abrir e ingresar… a mí y a otro compañero nos tocó abrir con una herramienta que llamamos halligan, con eso abrimos, y (con) el marro. No (sabíamos que había gente adentro), pensé: prácticamente son oficinas, está solo, ha de ser un bote de basura prendido, algo que se les prendió”, compartió el hombre de 34 años de edad, nueve de los cuales ha dedicado a ser bombero.
Abrir la reja les llevó entre 20 y 25 segundos, unos 40 desde que descendieron y tomaron sus herramientas, y al entrar lo que buscaban era lo que se estaba quemando, porque había mucho humo.
Afuera, “todo silencio. La verdad si había (agentes del INM) no los miré, yo no los miré, nada más entramos los compañeros y yo, abrimos y empezamos a buscar (qué causaba el humo). Cuando estábamos buscando sentí el cuerpo de una persona, y pues como pude lo saqué porque sí estaba bastante pesado, y como no estoy muy fuerte que digamos pues lo fui sacando. Cuando vi la luz de la puerta empecé a gritar para que me ayudara un compañero. Llegó un compañero, se arrimó conmigo, me ayudó a sacarlo… y pues a entrar todos. Todos entramos, empezamos a buscar y sentíamos un cuerpo y para fuera, un cuerpo y para fuera”, relató Fernando.
El hombre con el que topó al entrar “estaba en el piso, estaba acostado, se le movía el tórax; no sé si era por la adrenalina (que creí que se movía) o no sé… pero si vemos algo lo sacamos, no vemos si está vivo”, comentó.
A mil 096 días de aquella noche, recordó que “no hubo incendio como tal, lo que hicieron fue (que) prendieron colchonetas y ese tipo de material hace mucho humo, nomás vimos las colchonetas quemadas pero no, fuego no había. A unos que otros sí se les veían quemaduras, en los brazos, así, pero la mayoría fueron (víctimas) por intoxicación”. Había “puro humo, prácticamente cuando uno entra a un incendio así no se ve nada, el humo nos quita prácticamente toda la visibilidad, no se ve nada, vamos a ciegas”.
Tampoco escuchaba mucho, ya que el equipo de protección les quita audición, pero podía escuchar “gemiditos” de los hombres heridos.
Enseguida, arribaron al lugar 17 elementos más del Departamento de Bomberos, a bordo de otras tres unidades de distintas estaciones de la ciudad, así como militares del Ejército Nacional y agentes de Seguridad Pública, quienes les apoyaron en el rescate de las víctimas, cuando ya había la ventilación que les permitía entrar.
También arribaron paramédicos de las distintas instituciones, quienes revisaban si las víctimas contaban con signos vitales o no. A los fallecidos los colocaban sobre el piso, de frente al muro fronterizo que no les permitió llegar a Estados Unidos, mientras que los vivos eran trasladados a recibir atención médica.
“Yo no me di cuenta de la magnitud hasta que ya vi todos los cuerpos en fila, todos los cuerpos en fila con sábanas térmicas, ya fue cuando dije: ay, ¿pues qué pasó aquí?”, compartió.

Dos minutos de respuesta

Fernando sabe que él y sus compañeros actuaron lo más rápido que pudieron, y que si el capitán segundo no hubiera pasado por ahí en ese momento, quizá habrían muerto los 67 hombres provenientes de Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras y Venezuela que permanecían bajo custodia del INM, 39 de los cuales murieron esa noche y uno más días después cuando era trasladado a recibir atención médica a bordo de un helicóptero a la Ciudad de México.
El capitán segundo, Felipe Rodolfo Rosales, y otro bombero “realizaban un recorrido por la zona y se percataron del humo, y él fue el que nos hizo el llamado, y por eso llegamos rápido, sino pues quien sabe qué hubiera pasado, hubiera estado más grave todavía”, dijo sobre los dos minutos de respuesta que quizá cambiaron el destino de los 27 hombres que siguen con vida.
“Quiero pensar (que les salvamos la vida), pero la verdad no me fijaba si estaban vivos o no… de hecho los compañeros nada más veíamos a alguien y para fuera, vivo o muerto, no sabíamos”, relató el hombre que hace nueve años se convirtió en el primer bombero de su familia, dos meses después de que los vio trabajar y supo que era lo que quería hacer en su vida.

‘Hasta ahorita es lo más difícil’

Pero esa noche ha sido la más difícil desde que entró al departamento. El rescate de los migrantes terminó entre 2:30 y 3:00 de la mañana del martes 28 de marzo, pero ellos siguieron apoyando al personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) y a los peritos del Servicios Periciales y Ciencias Forenses hasta que se llevaron los cuerpos cerca de las 6:00 de la mañana.
“Es lo más difícil, hasta ahorita es lo más difícil; me ha tocado ver familias intoxicadas, fallecidas… en la (colonia) México 68 me tocaron ocho personas, pero esto es lo más fuerte que me ha tocado, física y emocionalmente. Y, cuando terminamos prácticamente nos quitamos el equipo y todos nos arrodillamos del cansancio, ya se nos bajó la adrenalina, ya cuando terminamos, ya nos quitamos todo y caímos pues exhaustos”, relató.
Después de más de seis horas de trabajo, él y sus compañeros regresaron a la estación, exhaustos por el esfuerzo físico realizado, pero también consternados emocionalmente tras haber formado parte de la tragedia humana.
Después del humo, los gemidos de los migrantes, los gritos de auxilio entre compañeros de corporación, el bucillo de la escena, las luces y sirenas de las ambulancias y bomberas, y el llanto de una mujer venezolana que buscaba a su esposo, el silencio regresó.
Cuando la unidad 19 volvía a la Estación Central todo era “silencio, todos veníamos silenciosos. Ya cuando llegamos aquí pues empezamos a platicar de lo que había pasado. Nuestro comandante en la mañana nos felicitó por el trabajo que hicimos y (nos dijo) que no nos pusiéramos mal, que si necesitábamos ayuda, cualquier cosa, ahí estaba para apoyarnos”, platicó.
Y es que “estar adentro sin ver, no saber si hay escalones, hoyos o algo”, fue difícil, pero también ver la magnitud de la escena a la que lograron llegar y comenzar el rescate en aproximadamente dos minutos.
“Con los compañeros estaba tenso el ambiente, se sentía triste, y en la casa pues igual, mi esposa igual habló conmigo. Es que de hecho uno cuando viene a trabajar no sabe lo que va a ver, puede ser que sea un turno tranquilo o puede ser que sea algo como eso”.
“(Mi esposa me dijo) que si necesitaba cualquier cosa podía contarle a ella, pero ya ve que uno es hombre, y (dice): ¡nah, yo me aguanto!, pero sí es recomendable hablar sobre esos temas porque se quedan guardados y después sí afectan”, compartió.

Orgulloso de su trabajo

A tres años de esa noche, Fernando se siente orgulloso del trabajo que él y sus compañeros realizan por la comunidad. “Tratamos de marcar una diferencia, aunque a veces la gente pues no lo ve así”, lamentó.
Esa noche también había 15 mujeres en la celda femenil, a quienes una guardia de seguridad decidió abrirles la puerta para que pudieran salvar su vida; mientras que de acuerdo con las autoridades, los 67 hombres permanecieron bajo candado sin una llamada al número de emergencias hasta que los bomberos ya estaban sacando los cuerpos.
A tres años, han sido vinculadas al caso 11 personas, de las cuales permanecen cuatro detenidas: los migrantes venezolanos Jesion Daniel “N” y Carlos Eduardo “N”; el guardia de seguridad, Alan Omar “N” y la agente del INM Gloria Liliana “N”.
El excomisionado del INM, Francisco Garduño Yáñez; el contralmirante Salvador González Guerrero, exdelegado estatal del INM; y Daniel Goray, Rodolfo Collazo y Sergio Meza Cumplido, agentes del INM, continúan con su proceso en libertad. Mientras que Antonio Molina Díaz, exdirector de Control y Verificación, y un agente de seguridad privada se encuentran prófugos. (Hérika Martínez Prado, con información de Diego Villa / El Diario)

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