Las guerras suelen comenzar con discursos de fuerza y terminar con cuentas que nadie quiere pagar. En el caso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el tono de las últimas horas vuelve a recordar una verdad incómoda de la historia: ningún bravucón dura para siempre y ninguna guerra termina siendo buena para nadie.
Desde su red Truth Social, el mandatario lanzó una amenaza directa contra Irán, advirtiendo que el país recibiría un golpe “muy fuerte” y que incluso se evalúa la destrucción total de nuevas zonas y objetivos. El mensaje llegó en medio de la escalada militar iniciada el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel comenzaron ataques contra posiciones iraníes, a los que Teherán respondió con misiles y drones en distintos puntos de la región.
Pero más allá de las palabras, la guerra también se mide en números. Un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, publicado hoy en medios estadounidenses, calcula que la operación militar estadounidense cuesta casi 900 millones de dólares diarios, mientras que las primeras 100 horas de combates representaron alrededor de 3 mil 700 millones de dólares. En las primeras 36 horas se lanzaron más de 3 mil misiles e interceptores, según estimaciones publicadas por la revista Foreign Policy.
Es una maquinaria de guerra que consume dinero, municiones y capital político a un ritmo vertiginoso.
Y ahí aparece otro frente de batalla para Trump: el interno. A pocos meses de las elecciones de noviembre, distintas mediciones muestran que más del 60 por ciento de los estadounidenses ya no respalda su gestión, y una proporción similar se opone a una guerra que cada día devora millones de dólares del presupuesto federal.
Por eso, la retórica de fuerza que alguna vez alimentó su liderazgo comienza a parecer más un disparo en el pie que una estrategia política. Cada amenaza en redes sociales, cada promesa de intensificar los ataques, parece alejarlo un poco más de una ciudadanía cansada de conflictos lejanos y facturas interminables.
La historia ofrece suficientes ejemplos para recordarlo. Las guerras suelen iniciar con líderes convencidos de su invencibilidad. Pero tarde o temprano la realidad termina imponiendo su peso.