Ciudad Juárez.- Después de la misión Artemis II, el siguiente paso es construir una base en el polo sur de la Luna hacia 2028, dijo el juarense Miguel Castillo, actual gerente de Ingeniería del Centro Espacial Kennedy, de la NASA.

El fronterizo estuvo ayer en su natal Ciudad Juárez para difundir los más recientes avances de la exploración espacial y aseguró que el siguiente objetivo es aprender a vivir en otro cuerpo estelar, con miras a futuras misiones hacia Marte.

“La Luna se va a convertir en nuestro laboratorio”, afirmó, y se dijo dispuesto a irse a vivir a nuestro satélite natural. “Si mañana mismo me dijeran que estamos abordando, mi respuesta sería: ‘¿Por qué no abordamos ayer?’”.

Al explicar que este proceso busca entender cómo responde el cuerpo humano en condiciones distintas a las de la Tierra, reiteró la necesidad de que esta civilización aprenda a vivir en el espacio.

De paso, se le preguntó, dada la oportunidad de tener de frente a un representante de la NASA, si existe la vida alienígena.

Pero respondió, primero bromeando: “No sé si se quieran ver al espejo cuando se levantan después de una borrachera”, aunque después acotó: “La NASA no tiene datos al respecto que yo conozca, entonces esa sería una respuesta que no me tocaría dar”.

Castillo participó directamente en el proyecto de darle la vuelta a la Luna, después de la última vez que los humanos fueron en la misión del Apollo 17 en 1972. En esta nueva ocasión, fue el encargado de que “la operación y sinergia fuera posible”, contó.

El científico, de 40 años de edad, creció en la colonia Emiliano Zapata, muy cerca de Álamos de San Lorenzo, y estudió preliminarmente en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) antes de migrar a la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), de donde se graduó en Ingeniería Mecánica.

“Aquí Juárez me dio las herramientas a través de mi formación, de mi creatividad y mi imaginación, en el aula, gracias a mis maestros”, expresó. “Les estoy tan agradecido tanto a la ciudad como al nivel educativo de México, que me ha dado ese nivel para estarme codeando con las mentes más brillantes de todo el mundo”.

Su paso por la NASA

Antes de abordar por qué no regresamos a la Luna en 50 años, relató parte de su paso por la NASA.

“Yo inicié haciendo investigación científica sobre la combustión”, explicó al describir sus primeros años dentro de la agencia espacial.

Posteriormente, se integró a la oficina de soporte de astronautas, una etapa en la que participó en tareas vinculadas directamente con misiones tripuladas. Desde ahí, dijo, comenzó a involucrarse en proyectos de mayor escala, en los que el factor humano y la seguridad de las tripulaciones son elementos centrales.

Más adelante, formó parte de algunos de los programas más relevantes de la agencia, entre ellos el del transbordador espacial.

“Serví a algunos de los proyectos más importantes de la NASA, como el transbordador espacial”, señaló.

En ese contexto, también trabajó en áreas de ingeniería relacionadas con la mecánica de materiales térmicos y de fluidos, fundamentales para el comportamiento de naves y sistemas en condiciones extremas.

Dentro de su trayectoria, Castillo también participó en procesos vinculados al Telescopio Hubble, instrumento que ha permitido ampliar el conocimiento sobre el Universo.

De acuerdo con su explicación, formó parte de trabajos relacionados con su ensamblaje y reparación, en un proyecto que involucró alta precisión técnica.

El ingeniero indicó que también tuvo experiencia en distintos centros de la NASA, como el Centro Johnson, al que estuvo vinculado alrededor de 2010, lo que le permitió integrarse a entornos relacionados con vuelos espaciales tripulados y operaciones de misión.

Actualmente, se desempeña como gerente de Ingeniería en el Centro Espacial Kennedy, donde su labor se enfoca en la integración de sistemas para lanzamientos espaciales.

Participación en Artemis

Explicó que el trabajo de la NASA se basa en la coordinación de una red de empresas especializadas. “El cohete tuvo más de mil diferentes compañías contratistas que estuvieron contribuyendo con su tecnología experta”, detalló.

Desde esa posición, participó en el programa Artemis, enfocado en el regreso de la humanidad a la Luna.

Su función incluyó la integración de componentes, la preparación de sistemas y la coordinación de equipos técnicos que intervienen en cada misión, en un proceso que involucra miles de piezas y la colaboración de personal especializado a nivel internacional.

También afirmó que hay diferentes oportunidades y plataformas para llegar a la NASA, como servidores públicos y contratistas, y subrayó que se requiere muchísimo estudio y preparación, pero también perseverancia, paciencia, un modelo distinto de pensar, así como disciplina y un poco de suerte. “Las oportunidades están abiertas”.

Castillo explicó que uno de los principales retos será estudiar los efectos de la baja gravedad de la Luna, equivalente a una sexta parte de la terrestre, en el organismo humano.

Entonces explicó por qué no se regresó a la Luna en 50 años: “No es que no se quisiera regresar, sino que primero había que aprender a vivir en el espacio”.

Sobre las misiones, indicó que implican una complejidad elevada al integrar tecnología, logística y participación humana.

“Una dificultad casi incalculable”, describió, al señalar que en estos proyectos también participan universidades e industria, que desarrollan investigaciones y tecnología durante las expediciones.

En cuanto al funcionamiento de la NASA, detalló que los proyectos se desarrollan a través de una red de colaboración con empresas especializadas.

Siguiente objetivo

Subrayó que el siguiente objetivo es aprender a vivir en otro cuerpo estelar. “No sólo se está buscando respuesta de vivir en otros planetas. Estamos armando ese rompecabezas, por eso estamos mandando sondas a la Luna y otros planetas”.

Sobre la posibilidad de que más mexicanos, incluidos juarenses, lleguen a convertirse en futuros astronautas como Rodolfo Neri Vela, el ingeniero Miguel Castillo señaló que no existe una fórmula única, pero sí una serie de condiciones que, dijo, son indispensables.

Explicó que el punto de partida es la formación académica, aunque subrayó que no es el único factor.

“Lo que se necesita, además claro de la preparación académica, es tener una forma de pensar”, expresó, al referirse a la mentalidad que se requiere para integrarse a equipos de trabajo en la NASA.

En ese sentido, destacó que el trabajo dentro de la agencia no se limita a habilidades técnicas, sino que implica una dinámica colectiva.

“Pasar de un trabajo en equipo a un tipo de trabajo en familia”, dijo, al explicar que las misiones espaciales involucran la responsabilidad directa sobre la vida de los astronautas. (Javier Olmos / El Diario)

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