La lengua inglesa evoluciona más rápido que nunca. Pueden surgir términos de argot, dominar el discurso y extinguirse antes incluso de que puedan explicarse a los no iniciados. En su mayor parte, estos nuevos términos son neologismos: crash out, vibecoding, fridge cigarette. Pero de vez en cuando, nuestra superautopista de la acuñación escupe algo que suena muy familiar: Yap. Skedaddle. Diabolical. Aunque el apogeo de estas palabras puede haber sido hace más de un siglo, ahora se utilizan lo suficiente como para ser consideradas parte de las palabras del año.
La necesidad de recuperar palabras antiguas es atemporal; abundan los artículos de interés general sobre el tema, y el panorama político inspira con regularidad peticiones en las redes sociales para restaurar peyorativos potentes como lummox (una persona torpe), bloviate (hablar mucho y de forma molesta como si se fuera importante), bumptious (presumido) y hoodwink (tomar el pelo). Algunas peticiones también son extravagantes, como la de un usuario de Bluesky que sugirió: “Deberíamos recuperar la palabra spake (parló), por ejemplo: ‘Así parló mi amigo Jeff’”, en referencia a una forma arcaica del verbo speak (hablar).
Mi elección personal sería recuperar whence (de dónde), una antigua combinación de “from where” (desde dónde), porque es gramaticalmente eficiente —¿dos palabras en lugar de una? ¿Con esta economía?— y porque es divertido decirlo.
Con estas campañas, sean sinceras o tontas, puede que estemos más cerca de lo que pensamos de un renacimiento de las palabras. Parlotear (yap, en inglés) está de moda. Henry David Thoreau acuñó en el siglo XIX brain-rot (cerebro podrido), y es ahora la ruina de las mentes modernas. Llamar a alguien goon (bruto) ya no es solo un hábito de la década de 1920. Parece que volvemos a decir sheesh (¡cielos!), e incluso el presidente de Estados Unidos ha hablado de skedaddle (huir rápidamente). ¿Existe una ciencia para este tipo de resurgimiento? Y si es así, ¿qué podría hacer una persona que tiene sus esperanzas puestas en whence?
Es posible que la resurrección de una palabra determinada no requiera una sesión de espiritismo, pero sin duda hay actividad psíquica de por medio. Brianne Hughes, lingüista histórica radicada en California, dijo que lo más probable es que las palabras antiguas estén “al punto para su uso” en la mente de la gente a partir de material de origen antiguo, como canciones, libros o películas.
“No es que esto ocurra de forma pasiva como un comportamiento humano natural”, dijo Hughes. Lo comparó, más bien, con tener una vieja canción metida en la cabeza. “La jerga antigua es básicamente una canción pegajosa”, dijo. “Basta con oírla una vez para que se quede en tu cabeza, pero si la escuchas de forma repetida, seguro que se te quedará grabada en alguna parte del cerebro y puede aparecer inesperadamente en cualquier momento”.
Es difícil determinar exactamente qué catalizó el regreso de yap (parlotear). El diccionario de jerga en inglés de Jonathon Green muestra que la palabra desarrolló un uso como “perteneciente al habla” en la década de 1900, y apareció en la literatura como referencia a lo verbal o a charlas triviales. Un siglo después, yapping se hizo popular y generó suficiente atención como para engendrar variaciones como yappuccino, un shot de cotorreo con espuma extra. En algún momento a principios de 2024, los yappers fueron lo suficientemente ruidosos como para causar impacto en los medios de comunicación como una tendencia de TikTok. A diferencia de muchos términos de la generación alfa, yap parece haber sobrevivido al meme-dom (el reino de los memes) y se ha asegurado un lugar en el léxico. Sea cual sea su origen, parece que vamos a “yap, yap, yap, yap, yap, yap, yap” en el futuro inmediato.
Para Hughes, este tipo de regreso no es tan sorprendente. Es un indicativo de que los términos antiguos suelen volver subconscientemente en una especie de toma de inventario cada vez que se produce un hito importante, como el cambio de década o el aniversario de un acontecimiento cultural. “Es simplemente un motivo para volver a ver las viejas fotos de la lengua y decir: ‘Ah, sí, ya me acuerdo, fue muy divertido’”, dijo.
Tiene sentido, pues, que estemos revisitando un término de principios del siglo XX como yap; al fin y al cabo, estamos de nuevo en la década de los 20. Esto no significa que nuestro vocabulario sea cíclico; la inmensa mayoría de los términos que caen en desuso se quedan así, o se conmemoran pintorescamente en libros de referencia en las mesitas de centro, como The Word Museum. Y a menos que alguien decida que sería más cool quejarse de estar mawmsey que de tener resaca, es poco probable que volvamos a oírlos.
Según Kirby Conrod, sociolingüista que da clases en Swarthmore, el principal factor para que las palabras vuelvan a existir es quien las pronuncia.
“El cambio lingüístico es un deporte de equipo”, dijo Conrod para explicar que el uso se extiende desde un grupo social central. “No puedes ponerlo en marcha tú solo”. La difusión de una palabra nueva, o el renacimiento de una antigua, comienza cuando un determinado grupo de personas consideradas cool empieza a utilizarla. El sociolingüista William Labov se refirió a este grupo de primeros usuarios como la vanguardia lingüística, es decir, las personas que más tarde dirán que usaban una palabra nueva “antes de que estuviera de moda”. Luego, esas personas llevan la palabra a sus respectivas redes sociales, formadas por otras personas igual de geniales. Esas redes empiezan a utilizarla. A partir de ahí, el uso se extiende entre personas con distintos grados de genialidad.
“Tiene que haber al menos dos grados de ‘pensar que alguien es genial’ para que empiece una tendencia”, dijo Conrod, quien señaló que esta secuencia de influencia multiplicada podría explicar por qué la desconcertante expresión “6-7” cobró tanto impulso en otoño de 2025. Muchos jóvenes volvían de un verano en el que habían socializado con una forma de hablar muy coloquial. “Existe este enorme efecto de red social en las escuelas de chicos que se alejan unos de otros y luego vuelven a juntarse”, dijo Conrod.
Del mismo modo que las palabras que antes estaban en desuso de repente vuelven a ser nuevas, las que ahora están de moda se desvanecerán. Meme, si puedes creerlo, cumple 50 años este año; homeskillet (una persona muy cercana) y as if (lo dudo mucho), ambas frases habituales cuando yo era adolescente, se consideran ahora anticuadas. Este es el orden natural de las cosas.
Pero si el objetivo de abogar por el retorno de una palabra es simplemente darnos licencia para utilizarla, no hay razón para esperar a que nos den permiso, dijo Conrod, quien señaló la perpetua idiosincrasia de pronombres de nueva creación como ze y zir, pronombres autoidentificativos que circulan solo entre un pequeño grupo de individuos. “No sé si alguna vez llegarán a ser menos poco frecuentes de lo que son ahora, pero son súper significativos para quien los utiliza. No hace falta que se convierta en la corriente dominante para considerarlo parte de la lengua”.
No sé si yo sería lo suficientemente valiente para utilizar una palabra que no estuviera ya en uso entre mis coetáneos. Dios me libre de intentarlo y quedarme con un fracaso del tamaño de fetch. Pero si has estado pensando en hacer renacer mawmsey o spake por tu cuenta, considera este artículo un visto bueno para intentarlo. Quizá un día escuches la palabra a tu alrededor y seas tú quien cuente a la gente de dónde procede.