Ciudad de México.- El Senado de EU votó el miércoles a favor de confirmar a Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal, lo que representa una victoria para el Presidente Donald Trump, quien se enfrentó en múltiples ocasiones al jefe saliente, Jerome Powell.
La votación fue de 54 a 45, con el senador demócrata John Fetterman de Pensilvania uniéndose a los republicanos en apoyo a la confirmación de Warsh, que cuenta con 56 años y un perfil de élite en el mundo financiero.
Maxwell Warsh nació el 13 de abril de 1970 en Albany, Nueva York, se formó en la Universidad de Stanford y obtuvo su título de derecho en Harvard Law School, antes de incorporarse como director ejecutivo en Morgan Stanley, donde se especializó en fusiones y adquisiciones.
Su salto al poder público llegó cuando se convirtió en asesor económico del entonces Presidente George W. Bush entre 2002 y 2006, experiencia que lo catapultó a ser Gobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011.
En ese rol, actuó como lugarteniente del entonces presidente Ben Bernanke durante la crisis financiera de 2008, y participó directamente en decisiones cruciales como la venta de Bear Stearns a JPMorgan Chase, la quiebra de Lehman Brothers y el rescate de AIG.
Después de renunciar en 2011 por discrepancias con Bernanke sobre la compra de bonos del Tesoro, se incorporó como investigador en la Hoover Institution de Stanford y como asesor de la Duquesne Family Office.
Sin embargo, su camino a la presidencia de la Fed no fue una marcha triunfal, ya que el Departamento de Justicia había abierto una investigación criminal contra Powell, supuestamente centrada en sobrecostos de una remodelación multimillonaria de la sede del banco central, lo que amenazaba directamente las posibilidades de confirmación de Warsh.
El Senador republicano Thom Tillis, miembro del Comité Bancario del Senado, prometió bloquear la nominación de Trump a menos que el Departamento de Justicia abandonara sus esfuerzos.
La tormenta amainó cuando la fiscalía retiró el caso, despejando así el camino de Warsh hacia la confirmación, según señaló Yerbol Orynbayev, exgobernador del Banco Mundial, en declaraciones a Al Jazeera.
Pese a ello, analistas como Lev Menand, profesor de la Facultad de Derecho de Columbia, advierten que "sería necio concluir de esto que la Fed está fuera de peligro", en alusión a los continuos intentos del entorno de Trump por influir sobre la política monetaria.
Nuevo panorama
El entorno macroeconómico al que se enfrenta Warsh es desafiante, ya que desde finales de febrero, cuando comenzó el conflicto armado entre EU, Israel e Irán, los precios del petróleo se han disparado a sus niveles más altos en cuatro años.
Por ejemplo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 0.6 por ciento entre marzo y abril, acumulando un incremento anual de 3.8 por ciento, el mayor desde mayo de 2023.
Asimismo, los mercados financieros están descontando aproximadamente una probabilidad de un tercio de que la Fed suba las tasas antes de que termine el año, cuando el rango objetivo actual se ubica entre 3.5 por ciento y 3.75 por ciento.
La primera reunión de política monetaria que Warsh presidiría está programada para el 16 y 17 de junio.
Es precisamente en este escenario donde el ambicioso programa de reformas de Warsh genera tanto expectativa como inquietud. El nominado ha descrito su llegada a la Fed como un "cambio de régimen" y ha hablado abiertamente de "romper cabezas" en una institución que, a su juicio, es burocrática y ha perdido el rumbo.
Entre sus propuestas más concretas destaca el abandono del objetivo fijo de inflación del 2 por ciento en favor de un rango flexible, lo que permitiría mantener tasas más bajas incluso si la inflación se sitúa ligeramente por encima de esa meta.
También tiene en la mira el abultado balance de la Fed, hoy en 6.7 billones de dólares, al que califica de "política fiscal disfrazada" y que pretende reducir de forma agresiva.
Además, critica los indicadores tradicionales de inflación por ser "imprecisos" y prefiere medidas alternativas como la inflación de media recortada (trimmed mean), que permite filtrar choques temporales de oferta como los provocados por el alza del petróleo.
Por si fuera poco, quiere eliminar la práctica de la forward guidance para que la Fed opere de forma más impredecible y dependiente de los datos en tiempo real.
Los mercados ya han comenzado a reaccionar a lo que los analistas llaman el "Warsh Trade".
Según Morningstar, "las tasas de largo plazo suben cuando la Reserva Federal deja de comprar bonos, y detener esas compras es la pieza central del programa de política que Warsh ha anunciado", lo que se traduce en un dólar más fuerte y rendimientos de largo plazo más elevados.
Por su parte, Amundi Research señala que, si bien Warsh ha priorizado históricamente el control inflacionario sobre el crecimiento, "el crecimiento liderado por la productividad podría permitir que la flexibilización continúe de forma cautelosa".
Invesco, por su lado, advierte que existe "preocupación sobre la independencia de la Fed y el temor de que Warsh haya sido colocado ahí para hacer la voluntad del presidente", aunque por ahora los inversores parecen dispuestos a darle el beneficio de la duda.
El también economista John Cochrane, de la Hoover Institution, pone el dedo en la llaga institucional: "Kevin quiere mover a la Fed, que es en sí misma una gran institución burocrática que no ha estado particularmente interesada en reformas ni en admitir que las cosas han salido mal".
Trump, sin embargo, ha insinuado que podría buscar la remoción de Powell incluso después de que Warsh asuma la presidencia, llegando a declarar en una entrevista en Fox Business: "Tendré que despedirlo, ¿de acuerdo? Si no se va a tiempo".
Esta coexistencia entre el nuevo presidente y el exjefe convertido en gobernador plantea un escenario sin precedentes: dos voces con visiones potencialmente divergentes sentadas a la misma mesa del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), el órgano que fija las tasas de interés en la economía más grande del mundo. La tensión institucional que ello podría generar es, quizás, el mayor interrogante que rodea el nuevo capítulo de la Reserva Federal.
En sus más recientes declaraciones patrimoniales revelan activos superior a 100 millones de dólares, lo que lo convertiría en el presidente de la Fed más acaudalado de la historia.