Ciudad de México.- ¡Quiere volar! ¡Quiere volar!.
Guillermo Ochoa fue lanzado por los aires al estilo del jolgorio del Ángel de la Independencia donde los aficionados cantan y vuelan al que tienen enfrente.
En el que podría ser su último partido como futbolista, "Memo" Ochoa jugó ayer en su cuarto Mundial, de seis convocatorias, en los últimos minutos del triunfo.
Y a Ochoa, como si lo enviaran a las nubes, lo soltaron felices sus compañeros de equipo que ayer hicieron historia al firmar su paso perfecto en una Fase de Grupos del Mundial: tres victorias, nueve puntos, seis goles a favor, cero en contra.
Sonó el silbatazo final en el 3-0 de México sobre Chequia y lo primero que hizo Memo, quien entró a jugar en los 15 minutos finales para despedirse del futbol, fue persignarse, antes de besar cada uno de los postes de su portería.
Anoche, Mateo Chávez (54'), Julián Quiñones (60') y Álvaro Fidalgo (93'), con sus goles fueron las figuras, pero hasta las figuras palidecen ante las leyendas.
Al término del juego sonaba "El Rey" de José Alfredo Jiménez en el pletórico Estadio Ciudad de México (80 mil 824 aficionados), y el otro Rey estaba hincado en la cancha, quebrado por la emoción.
Todos querían tener algo de Memo: los aficionados, una firma; los fotógrafos, una imagen; Alexis Vega, la cinta de sus rizos, que guardó como recuerdo.
En la mitad de la cancha, Ochoa hizo cuatro reverencias: norte, sur, este, oeste.
¡Gracias, México!.
En la histórica noche en la que jugó por cuarto Mundial consecutivo y en la cual, gracias a la Selección, no es el único mexicano en sentirse por las nubes.