NUEVA YORK.- OpenAI sacudió hace unos días al hermético mundo de las matemáticas al resolver una ecuación de siglos mediante su modelo de inteligencia artificial (IA), y ahora apremia una pregunta: "¿Qué papel jugarán los matemáticos en la investigación científica?".
"(Me siento) completamente trastornado por una crisis existencial en mi campo", dijo Terence Tao, Medalla Fields de 2006, equivalente al Nobel de la disciplina, y una de las voces más influyentes del campo.
En menos de cuatro días, a comienzos de este mes, una IA de vanguardia de OpenAI resolvió la llamada ecuación de Navier-Stokes, formulada en 1845 y a la que se habían enfrentado generaciones de matemáticos.
Desde principios de año, las principales figuras de la Inteligencia Artificial ya habían logrado invalidar varias proposiciones matemáticas célebres, pero este avance removió todos los cimientos.
"Si deciden estudiar las cuestiones que nos interesan para nuestras investigaciones, podrían resolver estos problemas fácilmente", estimó Steven Strogatz, profesor en la Universidad Cornell.
Antonio Auffinger, profesor de Matemáticas de la Universidad Northwestern, recuerda que hace apenas un año los modelos de IA, incluso los más avanzados, alucinaban todo el tiempo en sus razonamientos.
Hoy estas inteligencias pueden elaborar largas cadenas de argumentos sin divagar, añadió.
Aunque los investigadores emplean desde hace tiempo esta tecnología, el enfoque de OpenAI se diferencia porque le entrega el control a la IA.
En enero pasado, Elon Musk anticipó que las matemáticas serían "aplastadas" por la Inteligencia Artificial en el plazo de un año.
"Las matemáticas se convertirán en algo extremadamente banal para la IA", afirmó el jefe de xAI, que pasó a llamarse SpaceXAI.
Benjamin Antieau, también profesor de Matemáticas de Northwestern, se declaró "impactado y atónito".
Sin embargo, subrayó que la IA de OpenAI no partió de una hoja en blanco, sino que "siguió los pasos de otros matemáticos que desarrollaban este enfoque del problema desde hacía años".
Se trata de españoles que también inspiraron a Tristan Buckmaster y Levent Alpöge, matemáticos que aseguran haberse aproximado a la solución de la ecuación de Navier-Stokes antes que OpenAI.
Incluso han planteado un posible plagio de sus trabajos, lo que la start-up californiana desmiente.
Creatividad humana
Mohammed Abouzaid, profesor en la Universidad Stanford, consideró que la IA amplía el espectro de lo que se puede demostrar en el campo de las matemáticas.
"Pero no aumenta la amplitud de las ideas que podemos explorar", sostuvo. "No se aprecia un salto de creatividad que aporte novedades a las matemáticas".
Anima Anandkumar, profesora del Caltech, Instituto Tecnológico de California, logró junto con su equipo resolver una forma simplificada de Navier-Stokes, denominada Euler, mediante un modelo de IA que no se apoyaba en trabajos previos.
Este modelo se diferencia del de ChatGPT o Claude. Llamado PINN (Physics Informed Neural Network), mezcla datos con leyes de la física.
"Podría decirse que OpenAI se apoyó más en los humanos que nosotros", explicó Anandkumar.
Con todo, hubo que diseñar el modelo, hacer que funcionara; "Eso requiere mucha creatividad humana", matizó.
En el futuro, añadió, "la IA podría ganar en matices, pero los humanos seguirán teniendo un campo de posibilidades al que la inteligencia artificial no podría acceder".
Alerta global
El 11 de septiembre pasado, 25 laureados con la Medalla Fields alertaron sobre un posible "efecto destructivo" de la IA en la investigación en matemáticas.
En la red social Mastodon, Tao abogó por inteligencias artificiales al servicio de su disciplina, en vez de intentar sustituir a estos por la tecnología de vanguardia.
Para un modelo solamente importa el objetivo, escribió.
"La meta se alcanza; el problema se resuelve, pero faltan las enseñanzas, las nuevas perspectivas, las colaboraciones y la identificación de nuevos objetivos", añadió Tao.
Auffinger, por su parte, consideró que los matemáticos seguirán "teniendo un papel importante", incluso si la "IA pudiera responder a todas las preguntas".
"Porque no se trata de saber cómo ir del punto A al punto B, sino de formular las preguntas que van a ayudar a toda la sociedad", enfatizó.
La amenaza, más allá
El informático canadiense Yoshua Bengio, considerado uno de los fundadores de las inteligencias artificiales, dijo a la AFP que el ser humano está "perdiendo el control" de esta tecnología y que se necesitan adoptar medidas de seguridad similares a las tomadas con el armamento nuclear.
Los temores que despierta esta tecnología han arreciado en los últimos días después de que varios trabajadores de grandes desarrolladoras de modelos de IA han abandonado el sector por la amenaza contra la vida humana que supone el ritmo al que avanza la Inteligencia Artificial.
"Hay una razón por la que estas empresas dicen que esto va demasiado rápido, que estamos perdiendo el control", afirmó Bengio, quien ganó el Premio Turing de 2018, conocido como el Nobel de la informática, junto al "padrino de la IA", Geoffrey Hinton.
"Gente como yo lleva mucho tiempo esperando esto", declaró el profesor de 62 años, quien admitió que los debates sobre los peligros de la IA no han sido suficientemente rigurosos.
El mundo entró en convulsión cuando OpenAI reveló que un enjambre de agentes de IA (programas capaces de actuar por su cuenta) se había introducido sin autorización en la plataforma de código abierto Hugging Face en julio.
Esa acción autónoma es una de las principales amenazas, afirmó Bengio; ya en el futuro estos agentes pueden tener "la capacidad de sortear las barreras de ciberseguridad y entrar en cualquier empresa".
Bengio advirtió que la gente debe ser consciente de los riesgos que se avecinan.
Los agentes de IA podrían desarrollar "la capacidad de establecer una conexión individual y persuadir a los seres humanos para que actúen de formas que les convengan a ellos, pero que no sean necesariamente buenas para todos nosotros", afirmó.
"Puede ser que la IA ya ni siquiera necesite a los seres humanos para realizar tareas concretas en el mundo físico".
Un extremo podría ser la destrucción de la humanidad", advirtió, aunque sin alcanzar ese "extremo"; "el colapso del sistema bancario seguiría siendo algo muy, muy grave".