Con el deseo que nuestro amigo
Luis Javier Valero
se recupere pronto
1.- La política pertenece al reino del mal: sus oficiantes sucumbieron a la tentación formulada por una lengua bífida que les prometió ser como dioses.
2.-La ley no es otra cosa que un ejército de hombres con garrotes que defienden al poderoso; y el político, técnico o rudo, jamás abandona su complicidad con el dinero y el protagonismo mediático.
3.-Quien ostenta el poder y esté dispuesto a conservarlo contra viento y marea, está incapacitado para hacer el bien.
Los políticos son los nuevos payasos del circo. Algo de trágico y perverso se advierte en sus oficios de bufonería: luchan encarnizadamente por alcanzar el puesto del domador.
4.-Acaso no desconozcan que el más reciente de los domadores fue devorado por las fieras, y aun así no abandonan sus esfuerzos por obtener el látigo.
Al poseerlo, son víctimas de su propio objeto de entretenimiento: embriagados por los rugidos encolerizados, los chasquidos, los gritos —poco antes de ser devorados —una embriaguez inexplicable los pierde.
5.-Nadie juega mejor al simulacro que los tahúres y los políticos. Sus máscaras son fieles a sus rostros. La transparencia del cristal debe ser absoluta y no empañarse ni siquiera con esa función —para ellos prescindible— de la respiración.
6.-La historia se arrepiente de sus certezas; su discurso se desploma: descree.
Este es el momento en que la historia se define por su caída y en el que a las ideologías, religiones y sistemas políticos, habrá que agregarles ese pequeño prefijo descuartizador, esa partícula privativa: des.
7.-Las grandes verdades se desdicen, se desdibujan, se descoyuntan, se deschavetan, y desconsuelan, desencantan, desesperan, desgracian, desmadran, desvirtúan, se desvanecen……
8.-La orgullosa falocracia se ha derrumbado y con ella todas las verdades, los muros, los sistemas totalitarios, los imperios de la razón y el progreso. La civilización se ha hecho añicos.
9.-Teme a la palabra de la deidad en tumo: de ellas se vale el Mal. Su origen —terreno o divino— es intrascendente. Lo mismo es Jehová que Huichilopoxtli; el Big Brother que el Tirano. Alá que el Señor Presidente.
Los dioses imponen su idea y su fe, su religión y su partido.
Bajo sus miradas pastan sus rebaños; de sus manos comen los fanáticos que los colocaran en altares y los alzaran sobre pedestales.
Los dioses no toleran el albedrío. La libertad es la más peligrosa opción para responder al dilema que te imponen: o los adoras, o te sacrifican en su Santo Nombre.
10.-El hombre es el único animal que pare dioses.
11.-Las épocas de las convicciones han cedido su lugar a las de las conveniencias y esto ha transformado rotundamente las concepciones que los hombres tenían de sí mismos.
12.-La única virtud que posee la alternancia del poder reside en que cada seis años cambian las fotografías de las paredes. Su verdadero avance consiste en convertir a los políticos en productos desechables.
13.-Este es el tiempo en que las viejas certidumbres sobre las cuales se construyó la moderna civilización, comienzan a fracturarse, claudican y se derrumban.
La hora del revés ha llegado.
El progreso se convierte en un despiadado depredador ecológico, los más adelantados sistemas de comunicación aíslan a los hombres mientras que las ciencias lo fragmentan y lo autopsian en vivo, y la avanzada tecnología lo automatiza.
Los frutos de la modernización no satisfacen los deseos: el consumismo es un glotón tan insaciable como incapaz para colmar las verdaderas demandas humanas. La idea del progreso y de las utopías de la razón fracasaron, sobre todo, en el declarado objetivo — ahora ya sin importancia— de hacernos más felices.