Entre el presupuesto para el próximo año 2027; los resultados de la prueba PISA; la economía que nunca termina de despegar, la inseguridad y las muchas discusiones políticas que cada semana ocupan la conversación pública, quizá hubo un dato que pasó un poco desapercibido y, sin embargo, puede ser uno de los más interesantes para entender lo que viene en México.
Mitofsky publicó a finales de agosto su encuesta sobre cómo se comportan los partidos rumbo al nuevo proceso electoral. No es una elección, no es un pronóstico y la propia casa encuestadora advierte que no debe tomarse como tal, es simplemente una fotografía de un momento, aunque algunas fotografías dicen bastante.
Y ésta tiene algo que debería hacer que más de un partido deje de sentirse cómodo.
Hoy Morena sigue siendo la fuerza política más importante del país, eso no está en discusión. Su preferencia pasó de 33.5 a 33.4 por ciento entre agosto de 2025 y agosto de 2026, es decir, prácticamente no se movió.
Pero tampoco es correcto decir que Morena está creciendo hasta 41.7 por ciento. Ese porcentaje corresponde a la suma de Morena, PVEM y PT. Morena por sí solo, sigue en 33.4 por ciento, como ya se indicó.
Y aquí empieza lo interesante.
Mientras Morena prácticamente permanece en el mismo lugar, el PAN pasó de 10.4 a 14.8 por ciento; el PRI de 7.3 a 10.4% y Movimiento Ciudadano de 7.8 a 9.8. Mitofsky coloca a estos tres partidos en un bloque que alcanzan el 35 por ciento, frente al 41.7 por ciento de Morena, PVEM y PT.
Claro que no podemos hacer trampa con los números. PAN, PRI y MC no son una alianza. Tampoco sabemos qué ocurrirá con las candidaturas, las coaliciones o las decisiones que cada partido tomará en los próximos meses, pero sí hay algo que el dato permite observar: la oposición, fragmentada, representa una fuerza electoral mucho mayor de la que podría suponerse si solamente miramos quién encabeza las encuestas.
Y hay otro dato todavía más revelador.
Hace un año, el 34.9 por ciento de los encuestados no declaraba preferencia por ningún partido; en agosto de este año, esa proporción cayó a 19.4 por ciento. Son 15.5 puntos menos, lo que significa que, el electorado se está definiendo un poco más.
Y quizá ahí esté una de las claves para el 2027.
Mientras los partidos comienzan a pensar en candidatos, alianzas, posiciones y estrategias electorales, una parte importante de los ciudadanos todavía está tomando nota de algo mucho más sencillo, y es, sobre cómo le está yendo en su vida.
Puede escuchar que la economía está estable, pero también puede sentir que el dinero alcanza menos. Puede escuchar que el Gobierno está construyendo un presupuesto responsable, pero también puede preguntarse por qué la deuda pública llegará a 55 por ciento del PIB. El propio proyecto de presupuesto reconoce ese nivel para 2027.
Puede escuchar que no habrá nuevos impuestos, pero también verá que Hacienda espera aumentar la recaudación tributaria en un 5.9 por ciento real el próximo año.
Puede escuchar que habrá bienestar, pero también puede preguntarse cuánto tiempo sostendrán un gasto público en el que solamente las pensiones y jubilaciones representan 1.84 billones de pesos.
Puede escuchar que México tiene oportunidades enormes por el “nearshoring”, pero sabe que una parte importante de nuestra economía depende de lo que ocurra al otro lado de la frontera.
Y puede escuchar las explicaciones sobre educación, pero después mirar los resultados de sus propios hijos.
Esa es la parte que muchas veces se pierde en la discusión política.
El Gobierno tiene una realidad; los partidos tienen otra y las encuestas tienen otra. Las familias tienen la suya.
El Gobierno hace sus cuentas suponiendo crecimiento; los partidos hacen sus cuentas suponiendo votos y los analistas hacen sus cuentas suponiendo escenarios.
Pero el ciudadano hace una cuenta mucho más sencilla: cuánto gana, cuánto gasta y cuánto le queda.
Por eso los resultados de Mitofsky merecen una lectura distinta.
No anuncian que Morena esté derrotado, no anuncian que la oposición vaya a ganar, ni siquiera permiten saber cómo llegará el electorado a junio de 2027. La propia encuesta advierte que no es un pronóstico.
Lo que sí muestran es que hay movimiento.
Morena conserva una posición privilegiada, pero su opinión positiva bajó de 56 a 49.4 por ciento y su rechazo aumentó de 24.6 a 36.1 por ciento. Mientras tanto, otros partidos mejoran su preferencia.
Eso debería ser suficiente para que nadie se confíe y particularmente en Chihuahua.
La semana pasada hablábamos de los riesgos que enfrenta el PAN si sus propios grupos terminan convirtiendo la competencia interna en una guerra. Hoy la encuesta nacional permite ampliar la mirada: ningún partido debería confundir una ventaja con una elección ganada.
Morena no debería interpretar su posición como un cheque en blanco. El PAN tampoco debería suponer que al gobernar Chihuahua capital ya la elección está resuelta. El PRI no puede olvidar su pasado. Movimiento Ciudadano no puede asumir que crecer en una encuesta equivale a tener estructura suficiente para ganar una elección y todos deberían recordar que entre una encuesta y una urna hay un mundo de distancia.
Pero quizá el mayor error sería pensar que el ciudadano votará únicamente por lo que los partidos quieran poner sobre la mesa.
El 2027 llegará después de un año en el que México tendrá que enfrentar una economía con poco margen, una deuda creciente, un entorno internacional complicado y una relación con Estados Unidos que pudiera afectar directamente nuestro crecimiento. El propio Gobierno reconoce entre los riesgos favorables la necesidad de un mayor dinamismo de la economía y la producción industrial estadounidense, precisamente porque eso incrementaría la demanda de manufacturas mexicanas, es decir, hasta las cuentas oficiales necesitan que algunas cosas salgan bien.
Y mientras tanto, la gente observa.
Observa cuánto cuesta vivir; observa si encuentra trabajo; observa la seguridad de su colonia; observa las escuelas; observa los servicios públicos y observa si las promesas se convierten en resultados.
Después vendrán los candidatos, los discursos, los espectaculares, las encuestas, las alianzas y las campañas.
Pero antes de que todo eso ocurra hay algo que los partidos deberían entender: el ciudadano no vive en las encuestas ni en los discursos, vive en la realidad.
Y quizá esa realidad sea mucho menos predecible de lo que algunos están suponiendo.
Por eso y después de mirar los números de Mitofsky, solamente queda decirlo nuevamente, pero ahora para todos: No hay nada para nadie, nada.