Ciudad Juárez.- Chihuahua lleva años enfrentando una sequía que ha golpeado al campo, al ganado y a los productores. Menos agua significa menos pasto, animales más flacos y, en consecuencia, menor disponibilidad de leche. La lógica parece sencilla: si hay menos vacas produciendo leche, debería haber menos queso.

Pero no, el queso no ha faltado. Ahora bien, del total que consumimos, ¿qué cantidad será de leche fresca y que otra será de la importada en polvo?

Y más aún: ¿cómo le estamos haciendo para seguir produciendo tanto queso? Porque mientras el ganado resiente la falta de agua y alimento, por otro lado, sabemos que a Chihuahua entra leche en polvo proveniente del exterior, incluida leche estadounidense que llega por Ciudad Juárez y que es comercializada como materia prima para la industria láctea.

De hecho, en el estado, existen varias comercializadoras que importan y venden leche en polvo destinada a derivados como el queso y otros subproductos. Los registros muestran que cruza principalmente por el puente Zaragoza, en ocasiones varias toneladas al mismo tiempo.

También hay reportes de prensa con la queja de productores del estado, lamentando el incremento de importación de leche en polvo, que al final del día les perjudica.

Aquí no se está afirmando que el queso asadero o de cualquier tipo sea de leche en polvo total, parcialmente o nada. La pregunta es si parte de él lo es. Porque los números deberían cuadrar: vacas, producción de leche, litros necesarios para fabricar el queso e importaciones de leche en polvo.

Si la leche que producen nuestras vacas no alcanza para explicar todo el queso que estamos fabricando, entonces alguien tendrá que explicar de dónde sale la leche que falta.

En tiempos de sequía, la pregunta no es solamente cuántas vacas nos quedan. También es: ¿de dónde está saliendo la leche para tanto queso?

Tan solo en 2024 se importaron leches en polvo por valor de 240 millones de dólares al estado de Chihuahua, aunque lo supera la ciudad de México con 244 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Economía.

Si entre 2021 y 2024 se reportó alta mortandad de ganado en todas las regiones del estado por la escasez de agua, es lógico pensar que se produjo menos leche y por lo tanto hubo necesidad de importarla en polvo, principalmente de Estados Unidos.

Incluso puede haber una explicación más sencilla: un quesero puede comprar leche de varias regiones, traerla de otros estados, utilizar leche en polvo como ingrediente permitido en ciertos productos, o combinar diferentes insumos. La sequía no significa automáticamente que tenga que desaparecer el queso, requesón o los asaderos.

La tendencia de importación de leche en polvo es nacional, toda vez que en los primeros 3 meses del 2026 se importaron fuertes cantidades del alimento, por más de 450 millones de dólares. Estos datos, por cierto, rompen cualquier récord histórico y se explica en parte por la sequía.

En general, diversos portales con opiniones de especialistas indican que las diferencias nutricionales entre la leche fresca y la presentación en polvo son mínimas.

Sin embargo, resulta importante conocer que es lo que estamos consumiendo y ya no digamos en quesos, sino en las distintas presentaciones de leche que se ofrece como pasteurizada y lista para consumir.

También es destacable, el efecto de la sequía y de la competencia con otros países, en la vida diaria de los productores estatales y nacionales. El tema brinda muchas aristas que son importantes de abordar, pues se trata de un alimento básico.

En este 2026 por ejemplo, la FDA de EU, tuvo que retirar leche en polvo contaminada con salmonela y de ahí, también se sacaron de los anaqueles, bebidas tipo café frío de diversas marcas que se habían elaborado con ésta.

El retiro, se extendió por varias cadenas comerciales, ya que la leche de la marca California Dairies Inc., se había extendido a diversos productos enlatados.

Y no se trata de satanizar la leche en polvo ni de decir que todo queso elaborado con ella sea malo. La leche en polvo es un insumo utilizado legalmente por la industria alimentaria y puede cumplir perfectamente con las normas sanitarias.

Si Chihuahua enfrenta una sequía que ha reducido el hato y presiona la producción de leche, pero al mismo tiempo seguimos produciendo y consumiendo grandes cantidades de queso, la pregunta es obligada: ¿cuánto de esa materia prima sigue siendo leche fresca de nuestras vacas y cuánto viene de fuera, en polvo o de alguna otra forma?

Que el queso sea de leche fresca, de leche en polvo o de una combinación de ambas debería poder saberse. Porque en un estado donde presumimos nuestra tradición ganadera y nuestros quesos, lo mínimo es tener claro qué hay realmente detrás de cada kilo de queso o asadero que llega a nuestra mesa.