La mayor traición que puede sufrir una sociedad es que quienes tienen la responsabilidad de protegerla pacten con quienes amenazan su tranquilidad y su libertad. También lo es utilizar las instituciones para el beneficio propio, el acoso a los adversarios o la acumulación de poder. Y hay otra forma de traición que no debemos normalizar: convertir las necesidades y las esperanzas de las personas en instrumentos de control político. Frente a estas prácticas, gobernantes y ciudadanos tenemos la responsabilidad de exigir instituciones que cumplan el propósito de servir a la sociedad, hacer valer la ley y proteger la dignidad humana.

Soy una convencida de que la política debe tener un corazón moral. Las decisiones públicas no pueden reducirse al cálculo de conveniencias ni a la disputa por el poder. Su legitimidad depende de aquello que defienden, de las personas a quienes sirven y de los principios que están dispuestas a sostener. Don Manuel Gómez Morín lo expresó con claridad: “si la política pierde entre nosotros su carácter de instrumento para humanizar un mundo inhumano, no vale la pena participar en la actividad política del partido o del puesto público”.

Esa convicción se encuentra en la base del humanismo político de Acción Nacional y, desde luego, también ha orientado nuestro trabajo en Chihuahua. Programas como MediChihuahua, NutriChihuahua y las acciones que desplegamos en la Sierra Tarahumara expresan una misma decisión: colocar a la persona, su dignidad y sus necesidades en el centro de la responsabilidad pública.

MediChihuahua ha permitido brindar más de 4.9 millones de atenciones médicas y atender a casi 900 mil personas, con servicios, estudios y medicamentos gratuitos para quienes carecen de otra cobertura de salud. En la lucha contra el cáncer, los centros estatales y regionales han ofrecido más de 97 mil sesiones de radioterapia. La reciente llegada de un nuevo acelerador lineal fortalece nuestra capacidad para ofrecer tratamientos más precisos y de calidad. Lo más importante es que, detrás de cada una de estas cifras, hay personas y familias que merecen encontrar en las instituciones una respuesta cuando más la necesitan.

Con NutriChihuahua y el trabajo en la Sierra Tarahumara, la misma convicción se traduce en atención a quienes enfrentan mayores carencias. Por un lado, hoy NutriChihuahua representa la esperanza de miles de personas para recibir alimento diario. Tan solo en Ciudad Juárez, más de 33 mil niños y jóvenes cuentan todos los días con desayuno en sus escuelas. Y claro, con la estrategia Juntos por la Sierra, hemos llegado a las comunidades más alejadas de nuestra zona serrana, para llevarles atención médica –en algunos casos por primera vez en su vida–, piso firme y electricidad, y así reconocer su dignidad como personas.

Esto es humanizar la política, y también es trabajar por la soberanía de nuestra nación. La soberanía reside en el pueblo, y nadie puede quitársela. Pero un pueblo que pasa hambre, que no tiene salud ni educación, no puede ejercerla con plena libertad: la necesidad decide por él. Por eso dignificar la vida de la gente no es solo justicia social, es devolverle al pueblo las condiciones para ser verdaderamente soberano.

Ese compromiso, desde luego, también exige enfrentar la inseguridad. No hay humanismo posible cuando las familias viven bajo amenaza, cuando el crimen pretende imponer su ley o cuando las comunidades quedan a merced de la violencia. Defender a Chihuahua significa proteger la vida, hacer valer el Estado de derecho y no pactar con quienes lastiman a nuestra gente.

Quizá es que, por todo esto, nuestra manera de gobernar incomoda. Hoy, Chihuahua enfrenta ofensivas políticas desde el poder central. Pero, con mucho orgullo y con mucho esfuerzo, la trayectoria de una servidora ha sido consistente: he defendido la seguridad, la legalidad y la tranquilidad de las familias. He mantenido intacto el compromiso con esta tierra norteña y con los principios de mi partido.

Conozco lo que significa enfrentar una persecución política. Precisamente por eso, nunca utilizaría el poder para perseguir a quien piensa distinto. Tampoco pactaría con el régimen para comprar una tranquilidad aparente ni consentiría que se atribuyera a una servidora un pacto de impunidad. Es inaceptable que las sospechas sustituyan a las pruebas y que la descalificación busque silenciar las voces disidentes.

México necesita valentía y ciudadanos que alcen la voz ante la injusticia, personas que busquen incansablemente la verdad, y sobre todo, que no renuncien a la esperanza. Porque el desánimo nos vuelve tolerantes frente a aquello que deberíamos combatir. Y no se trata de realizar actos de enorme impacto, que cambian la historia en un instante, más bien se trata de ejercer con heroísmo las pequeñas acciones del día a día. Como nos recuerda el papa León XIV, la civilización del amor se construye mediante “fidelidades pequeñas y tenaces” frente a la deshumanización. En Chihuahua hemos puesto esta idea en el corazón de nuestras acciones y programas; y confío en que somos muchos quienes estamos dispuestos a defenderla hasta el final.