Dedicado con especial cariño a la memoria y a la familia de mi entrañable amiga y compañera de lucha en la creación de la Cultura del Agua en Chihuahua, la respetada y queridísima licenciada Yolanda Rodríguez Sáenz, quien, en su natal Jiménez, se distinguió como una mujer fuerte y entregada al servicio de las causas sociales y al apoyo de sus semejantes, como solo lo hacen quienes viven para servir. Vaya en su memoria este sentido recuerdo.

PROEMIO

«La gratitud es la memoria del corazón» es una frase que suelo mencionar en ocasiones como esta. Siempre recuerdo a quien me la enseñó: don Manuel Bernardo Aguirre, exgobernador de Chihuahua, quien, en mi opinión, fue un político excepcional que sirvió a su estado como pocos, dejando constancia de una obra pública que transformó a la entidad.

Lo recuerdo aquí con el cariño de quien reconoce lo que otros han realizado a lo largo de su vida. De igual manera, hoy rememoraré la figura de un hombre igualmente respetado por mí y por la comunidad: el querido profesor Antonio Becerra Gaytán, quien ingresará este próximo lunes 5 de octubre a la Rotonda de los Maestros Ilustres de Chihuahua, como parte de la ceremonia conmemorativa del Día Mundial de los Docentes, organizada anualmente por el Municipio de Chihuahua y la Sección 8 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

La incorporación del reconocido docente chihuahuense representa un homenaje a su trayectoria en el ámbito educativo y a su participación en distintos momentos de la vida social y política del estado, particularmente por su labor como formador de generaciones de estudiantes y su defensa de la educación pública.

Por este motivo, dejo de lado el tema que tenía planeado y comparto con ustedes el artículo que escribí en abril de 2023 en honor al Profe. Con el cariño de siempre, les comparto esta memoria de quien, con el reconocimiento que recibirá mañana, se convierte una vez más en parte de la historia de Chihuahua.

ME UNO AL REGOCIJO DE NUEVA CUENTA POR ELLO

La vida tiene un inicio y un final, pero lo verdaderamente importante es la huella que dejamos en ella. Sabiendo que no estaré en la ciudad para presenciar las presentaciones de dos libros que se realizarán esta semana con motivo del 90 aniversario del nacimiento de nuestro entrañable profesor Antonio Becerra Gaytán, me anticipo a desearle, desde aquí, muchas felicidades a este hombre que, en sus 90 años, cumplidos el pasado 19 de abril, nos ha dado una y muchas lecciones.

Aquí citaré algunas de ellas, agradeciendo a los autores de las semblanzas biográficas del Profe, como cariñosamente le llamamos.

EL NACIMIENTO

«Llegó la hora y el primer "retoño" de la familia Becerra Gaytán, sí, llegaba al mundo mi hermana Velia, después Alicia y, cuando las hojas del calendario anunciaban el 19 de abril de 1933, hice acto de presencia, tenía la fortuna de nacer. Fui un niño simpático, como todos los pequeños al nacer, a eso de las 9 de la mañana, en el domicilio con el número 1631. Fue en casa, pues antes los chamacos pobres nacíamos en las casas, atendidos por las queridas parteras, mujeres muy valiosas y con mucha filosofía. Toda la habitación se llenó de luz y de gritos, pues era la señal más evidente que anunciaba que ya había visto por primera vez la luz. Éramos pobres, sin llegar a la miseria, pero contentos de la vida, pues esta nos había llenado siempre de bendiciones. ¡Qué tiempos aquellos!...» (1)

Si es cierto, como pienso, que el origen marca el destino, la solidaridad del profesor Becerra con las causas de la justicia social ha dejado múltiples constancias a lo largo de su vida, de las cuales, seguramente, sus biógrafos darán cuenta.

Aquí quiero hablar un poco de su formación, cuando, según sus propias palabras, a principios de los años cuarenta, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, vivió una etapa que marcaría su existencia:

«Fue entonces que me llevaron e internaron en Tlaxcala con los hijos del ejército para que cursara el resto de mi primaria, concluyendo en 1946, ya cuando la guerra había tenido su fin. Aprendí muchas cosas sobre la milicia, valores, disciplina, honor, lealtad, orden, respeto y amor por la patria. Nunca falté al respeto a nadie, terminando como comandante de la escuela, una modalidad que se usaba para los chicos sobresalientes; me percibían como líder, experimentando a dirigir a mis compañeros hasta el año de 1949». (Ídem)

DESARROLLO Y LIDERAZGO

Educado en escuelas de corte militar, como correspondía a la labor de su padre, y gracias a su propio liderazgo, el Profe Becerra desarrolló cualidades que lo acompañarían a lo largo de su vida.

Quienes lo conocemos hemos recibido de su parte innumerables muestras de valor, solidaridad y aprecio que reconocemos profundamente. Las crónicas y los libros, en este caso dos, serán insuficientes para reseñar una vida de compromiso como la del profesor. Desde este espacio, sumo algunos aspectos de los que tengo evidencia directa a lo largo de los años.

Vi al profesor Becerra por primera vez en el verano de 1978, cuando vine invitado a Chihuahua por la maestra María Teresa Fernández Aldana, directora fundadora de la Escuela Libre de Psicología (ELPAC). En aquel entonces, yo trabajaba como un joven profesor de la UNAM y ella me invitó a impartir clases a dos alumnos de su naciente institución educativa. Recuerdo todavía, con tristeza, el nombre de uno de ellos, quien falleció prematuramente: Salvador Díaz Casas.

Aprendí a apreciarlo cuando conocí su historia de lucha y resistencia frente a los gobiernos del abuso y la rampante corrupción que ya imperaban durante los sexenios de Díaz Ordaz y, en el ámbito local, de Flores Sánchez y Giner.

Me ganó su respeto y cariño cuando tuve la oportunidad de tratarlo personalmente. Aquí haré una breve reseña de las razones por las que me sumo al regocijo de celebrar su vida.

COMPAÑERO SABIO Y HUMILDE

Lo he tratado en distintas facetas, incluso como político, cuando en 1991 era diputado estatal y yo promovía el foro Tarahumara: Realidad y Destino, que, entre otras cosas, impulsó una nueva visión de la Sierra Tarahumara, para dejar de considerarla únicamente un gran almacén de madera y abrir paso a la era del ecoturismo y el turismo de aventura.

Recuerdo su solidaridad con aquel ambientalista que, como él, luchaba en ese momento por frenar la tala indiscriminada. Lo recuerdo a mi lado, como testigo de calidad, frente al escritorio del entonces gobernador Fernando Baeza, buscando que se permitieran los sobrevuelos de los ambientalistas para monitorear los espacios boscosos sin ponerlos en riesgo.

Nota del autor: Siempre sentí y valoré su aprecio y apoyo, e incluso, en ocasiones, su preocupación por mis andanzas.

Gran parte de su trabajo contribuyó también a la creación de la Ley Ecológica. Mi agradecimiento y reconocimiento hacia él son mayúsculos, y una muestra explícita de ello fue solicitarle que tuviera la amabilidad de prologar mi libro Un saludo a Fidel (2003), que escribí después de aquel lamentable episodio conocido como «Comes y te vas».

Debo señalar un detalle de humildad del profesor que agradezco sobremanera. A pesar de haber recibido tantos honores y reconocimientos, tuvo la sencillez de decirme, en corto, que la experiencia que había adquirido gracias a mi cercana amistad con el comandante Fidel Castro debía considerarla como si me hubiera sacado la lotería política.

La reflexión y el paso de los años me han demostrado que, en mi sentir, ciertamente tenía razón. Debo confesar públicamente que la lealtad y la amistad, en ocasiones, nos quitan cosas, pero también nos regalan tesoros.

Algo que me confirmó las palabras del profesor Becerra ocurrió en aquellos años recientes, antes de la partida de este mundo del señor Luis H. Álvarez, entonces senador de la República, quien llamó a mi casa para transmitirme, por su conducto, el saludo personal que me enviaba el comandante Fidel Castro, a quien había saludado con motivo de una reunión interplanetaria en la isla.

TRASCENDENCIA Y LEGADO

Por todo ello, no puedo dejar de expresar mi gratitud a ese hombre singular, un verdadero varón en toda la extensión de la palabra, cuya solidaridad, ejemplo y lucha han acompañado a tantas personas a lo largo de su vida.

Me sumo a quienes tuvieron la fortuna de recibir sus enseñanzas, dentro y fuera del aula, y que hoy reconocen la trascendencia de su legado.

Va un abrazo, Profe Becerra, y bienvenido al noveno piso.

Hoy cierro esta colaboración diciéndole: ¡Hasta siempre, mi Profe!

La historia de su estado reconfirma, hoy, a través de la voz de sus maestros, que siempre lo sentimos nuestro.

Referencias

Homenaje a Antonio Becerra Gaytán: Maestro, Político y Luchador Social, Óscar Miramontes, publicado en el Diario de Chihuahua, 9 de octubre de 2022.

A dos luchadores, G. Arturo Limón D., publicado en el Diario de Chihuahua, 23 de abril de 2017.