Contra todo pronóstico histórico, Texas se prepara para romper con más de tres décadas de hegemonía republicana en la gubernatura. En una jornada que marca un punto de inflexión para el estado de la estrella solitaria, el más grande de la nación vecina, la demócrata Gina Hinojosa logró arrebatarle el poder al veterano mandatario Greg Abbott, convirtiéndose en la primera mujer de su partido en ocupar el cargo desde 1991. Una mujer latina, de ascendencia mexicana, abogada, que se autodefine como una madre preocupada por la educación pública.
El triunfo de Hinojosa no fue casualidad, sino el resultado de saber capitalizar el profundo malestar ciudadano frente a la administración saliente. Su campaña conectó con las comunidades rurales hastiadas por la proliferación de centros de datos que lesionan los recursos naturales y canalizó el rechazo al férreo alineamiento de Abbott con las políticas de deportaciones masivas de la era Trump, además de algunos temas de corrupción en su administración. Asimismo, Hinojosa convirtió los derechos reproductivos de las mujeres en un estandarte moral y político, desafiando abiertamente las restrictivas leyes texanas sobre el aborto a través de un poderoso relato basado en sus propias vivencias personales.
Esta histórica victoria no llega sola; sella un profundo reacomodo en el tablero político de Texas, enmarcado también por el triunfo del ex maestro escolar y presbiteriano James Talarico en la contienda por el Senado, dibujando un horizonte político completamente renovado para el estado. Después de 38 años de tener en ese espacio un bastión conservador, casi la edad del mismo candidato, supo aliarse estratégicamente con quien será la nueva gobernadora y juntos empujaron esa importante victoria demócrata.
En la frontera local, la política de El Paso experimentó un momento clave, una jornada electoral de apenas un 41 por ciento de participación, pero marcada por los grandes debates nacionales sobre la economía, el gasto federal y la política migratoria. Por un lado, la representante demócrata Verónica Escobar consolidó su liderazgo al encaminarse a su quinto mandato en el Congreso, tras imponerse con un contundente 71 por ciento de los votos en el distrito 16 frente al republicano Adam Bauman. Agradecida con los voluntarios y votantes locales, Escobar reafirmó su compromiso de seguir trabajando por su comunidad, destacando logros previos como la gestión de fondos para proyectos comunitarios y la futura clínica de veteranos.
Por otro lado, la contienda por el extenso y disputado distrito 23, que conecta el Valle Bajo de El Paso con San Antonio, dejó una importante victoria para la demócrata Katy Padilla, quien logró superar al republicano Brandon Herrera y al independiente Ben Mendoza para ocupar el escaño que había quedado vacante. Con propuestas centradas en la asequibilidad, la protección de las familias y la reforma migratoria, Padilla se prepara para llevar la voz del sur y oeste de Texas al escenario federal.
Ambos triunfos definirán la representación de la región en la Cámara de Representantes a partir de enero de 2027. Los nuevos legisladores asumirán sus cargos en medio de retos cruciales para la zona fronteriza, desde la supervisión de obras de infraestructura clave hasta el debate constante sobre la seguridad y el desarrollo económico regional.
Por otra parte, se recuperó el Valle de Río Grande con la elección del cantante Bobby Pulido para el distrito 15, ganándole a la representante republicana Mónica de la Cruz, y es que los votantes hispanos que confiaron en el proyecto de Trump en 2024, se decepcionaron lo suficiente para regresar la ventaja demócrata, incluso en las comunidades rurales. Pulido se define como el demócrata conservador enfocado en la economía regional y el costo de vida, más allá de los planes de desarrollo globales o nacionales, se proyecta más en lo que le preocupa al texano del sur, la atención médica accesible y por supuesto el efecto de las políticas migratorias tanto en lo económico como en lo familiar y humanitario. Sin mostrarse apasionado por la agenda demócrata pudo ver este momento como una oportunidad para enfocarse en las problemáticas locales, hizo su campaña de un modo cercano a las familias, sobre todo hispanas.
Y cerramos con una de esas batallas políticas en las que el tablero parecía estar completamente en contra. En 2025, tras una profunda reestructuración cartográfica impulsada desde la presidencia de Donald Trump, el distrito 35 del Congreso de Texas había sido rediseñado de arriba a abajo. Lo que antes era un bastión demócrata indiscutible se transformó, sobre el papel, en un territorio favorable a los republicanos con ventaja de unos diez puntos porcentuales respecto a las presidenciales de 2024. Aquella jugada obligó incluso al anterior representante demócrata, Greg Casar, a buscar refugio político en el nuevo distrito 37, dejando el escaño vacante y listo para una disputa feroz. Pero las matemáticas sobre el mapa a veces no cuentan toda la historia. Este martes, desafiando los pronósticos Johnny García dio la sorpresa. El agente del sheriff del condado de Bexar logró imponerse en las urnas frente a su rival republicano, Carlos De La Cruz, un veterano de la Fuerza Aérea que portaba el peso del respaldo directo del presidente Trump.
Recorriendo las zonas que conectan San Antonio y sus localidades vecinas a lo largo de los condados de Bexar y sus alrededores, García consiguió sortear el diseño electoral que amenazaba con barrer a los demócratas de la zona, escribiendo un capítulo inesperado en la política texana.
A modo de corolario, habrá que replantearse en un futuro, temas importantes como el voto joven, de los peyorativamente llamados “No Sabo Kids”, ya que fue masiva la participación de jóvenes latinos de entre 18 y 29 años en estas elecciones de medio término, rompieron récords de voto anticipado en Texas.
Opinión
Viernes 06 Nov 2026, 06:30
Texas no se dejó. Una frontera sur demócrata
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Gabriela Cisneros